miércoles, 24 de marzo de 2010

Murcia 2010: esteparias

Nos despertamos bien temprano, antes de la salida del sol.

Gracias a un guarda que pasó por allí descubrimos que el lugar en el que nos encontrábamos era precisamente la misma ZEPA que buscábamos.

Así que ateridos de frío pero animados ante la perspectiva de otra jornada inolvidable nos pusimos en marcha.

Lo primero que pudimos comprobar es que no solo los mochuelos (activos aún con los primeros rayos de sol) abundaban en aquellos llanos: vimos muchos conejos y perdices, e incluso una liebre. Pero aunque oímos de vez en cuando a nuestra ansiada ortega no dábamos con ella. En cambio sí pudimos disfrutar casi de inmediato de la primera grata sorpresa del día: una collalba negra (Oenanthe leucura) posaba para nosotros sobre el tejado de una pequeña cabaña.

Un corto paseo en dirección oeste dio resultados infructuosos en lo que a las Pterocles se refiere. Dimos media vuelta mientras continuábamos explorando los campos y caminos que aparecían frente a nosotros.

Cristina Prieto al fondo, yo camino hacia ella.

Pasamos de nuevo junto a nuestro coche y fuimos en esta ocasión en dirección este, para ver si teníamos mejor suerte. Escudriñábamos unos campos con los prismáticos cuando vi que algo avanzaba discretamente por el suelo a varias decenas de metros de donde nos hallábamos. Allí estaba, allí la teníamos por fin. La ortega (Pterocles orientalis). Una de las aves más amenazadas de la avifauna ibérica, en buena parte debido a la destrucción de su habitat. Frente a nosotros un macho y una hembra caminaban tranquilamente desapareciendo de vez en cuando tras los montoncitos de tierra, u ocultos por las ramas de los pequeños árboles cultivados allí.

Las siguientes tres imágenes tienen poca calidad, pero son para nosotros un grato testimonio de una de las aves más difíciles de observar en Europa, la ortega (Pterocles orientalis).

Por desgracia las zonas esteparias se van reduciendo con el paso de los años, hasta el punto de que hoy en día quedan ya pocas hectáreas que tengan un estado de conservación adecuado para acoger a estas especies tan bellas como interesantes. La ZEPA de Yecla es una auténtica joya que merece la pena conservar y proteger de las amenazas que penden sobre todas las zonas esteparias ibéricas.

Estaba yo asombrado por la belleza del lugar y de nuestra fortuna con la ortega, cuando un extraño canto me llamó la atención. Rebusqué entre el archivo de mi memoria y recordé que lo que estaba escuchando a varias decenas de metros de altitud por encima de nuestras cabezas era la otra ave que buscábamos con ansiedad, la ganga (Pterocles alchata).

Di la voz de alarma a mis compañeros y alzamos la mirada, y en efecto ahí estaba, un único ejemplar dirigiéndose hacia el este, muy alto. Pero realizó un rápido descenso y desapareció a unos cientos de metros de nosotros.

Nos aproximamos a dónde creíamos que hallaríamos al ave, y ni nuestro buen ojo ni nuestra orientación nos defraudaron. En los campos en los que sospechábamos que se había posado descansaba un bellísimo macho de ganga. Los tres nos sentimos admirados ante la hermosura de aquel animal, mucho más bonito en directo de lo que nuestra guía de aves nos había mostrado.



Macho de ganga (Pterocles alchata) junto a dos calandrias (Melanocorypha calandra).
Ganga (Pterocles alchata)
Tras un buen rato de disfrutar de él decidimos ponernos definitivamente en marcha y abandonar la ZEPA de Yecla, con muy buen sabor de boca y con ganas de volver algún día para poder seguir disfrutando de las maravillas de lugar.

Íbamos a pasar las horas de la tarde en el Parque Natural del embalse de El Hondo, en Alicante. Nos trasladamos hasta allí con el coche y pudimos disfrutar de un gran variedad de aves, como águila pescadora (Pandion haliaetus), águila calzada (Aquila pennata), alcaudón meridional (Lanius meridionalis), garceta grande (Ardea alba), aguilucho pálido (Circus cyaneus), chorlito dorado (Pluvialis apricaria), avefría (Vanellus vanellus), avión roquero (Ptyonoprogne rupestris), pechiazul (Luscinia svecica) y otras muchas más, incluida un águila moteada (Aquila clanga), aunque ésta se hallaba tan lejos que prácticamente fue como si no la hubiéramos visto (habría sido "bimbo", pero ni Cristina ni Adrián ni yo quisimos aceptar el avistamiento como tal).

Parque Natural de El Hondo.

Aquella tarde en El Hondo fue una primera toma de contacto de cara a una posible visita futura de más duración, quizá en el próximo invierno. El parque nos ofreció su tarjeta de presentación en forma de festival faunístico en tan solo unas pocas horas. Sin embargo no cabe duda de que las estrellas indiscutibles de estos dos días de expedición fueron las aves esteparias del norte de Murcia y el martín gigante norteamericano de El Albujón.

sábado, 13 de marzo de 2010

Homenaje a Félix

Como no podía ser de otra manera, la ornitosecta se une a este gran homenaje que todos los amantes de la naturaleza estamos realizando este año al que fue nuestro gran mentor, ídolo, guía, nuestro ejemplo a seguir.

Aquél que revolucionó la sociedad española en la década de los setenta con "El Hombre y la Tierra", la mejor serie de televisión que se ha producido en este país, serie por la cual no pasan los años.

El 14 de marzo de 1980 nos dejó este gran naturalista. Se cumplen treinta años de la dramática muerte de Félix Rodríguez de la Fuente.

Sirvan estas líneas para rendirle un humilde tributo. Sin embargo, esto no es más que un blog. Cuando realmente honoramos a Félix es cuando salimos al campo y disfrutamos del sobrecogedor planeo del águila real, de los graznidos de los córvidos, de las correrías de los jabalíes, cuando aumentamos nuestros conocimientos gracias a las lecturas de sus publicaciones, o cuando vemos sus documentales. Cada vez que luchamos por la protección de un área amenazada, por la conservación de una especie animal o vegetal cuya existencia peligra, o por los derechos de las tribus indígenas. En cada una de esas ocasiones también le homenajeamos.

Es justo reconocerle a Félix lo que se merece. Sin su labor posiblemente no podríamos disfrutar del planeo de ese águila que he mencionado más arriba.

Cada vez que se me pasa por la cabeza la idea de que llevamos treinta años sin él algo siniestro me atraviesa el corazón. Qué enorme pérdida. Cuanto nos hemos quedado por conocer, por contemplar a través de las cámaras que él dirigía. Pero también es grande el legado que nos dejó. Y no solo en forma de publicaciones, programas de televisión o de radio. El legado más grande que dejó Félix son las hordas de naturalistas de campo que creó.


Mucha gente me pregunta de dónde vino mi afición por la naturaleza y los animales en general, y por las aves en particular. La respuesta es bien sencilla: desde mi más tierna infancia tuve la suerte de que se conjuntaran dos grandes influencias en mi vida. Por un lado estaba Félix en la televisión, instruyéndome, asombrándome con las maravillas del mundo animal. Por el otro se hallaba la sierra del Corredor, sus bosques. Este parque natural se halla cerca del pueblo de Vallgorguina, a unos cincuenta kilómetros de Barcelona. Y en aquellos bosques pasaba yo los fines de semana y las vacaciones de verano, siendo testigo en directo y en primera fila de aquello que mi ídolo mi mostraba a través de la pequeña pantalla.

No imaginaba yo que en los años venideros iba yo a disfrutar en directo de buena parte de la fauna que él me había mostrado en televisión y que se me había vetado de niño al no hallarse presente en la sierra del Corredor: muflones, quebrantahuesos, águilas reales, ciervos, y muchos otros animales fueron desfilando frente a mis ojos a medida que fui creciendo y pude visitar otros lugares de la geografía ibérica. Tengo la espina clavada todavía de los grandes carnívoros de la península: el lobo, el lince y el oso. Pero me siento un privilegiado por haber presenciado las peleas de los machos de muflón, la migración de las rapaces en otoño, las carreras de los jabalíes acompañados de sus jabatos, los vuelos de las águilas culebreras transportando serpientes a su nido, el gran espectáculo del búho real marcando su territorio al anochecer... y de infinidad de cosas más que jamás podrían resumirse en unas pocas líneas.

El más grande divulgador de la fauna que ha existido en este país (y uno de los más grandes a nivel mundial) no se merece menos que un rincón dedicado siempre a él en nuestras memorias, y sobre todo nuestro eterno agradecimiento.

Así que, Félix, no puedo dejar de darte las gracias una y otra vez, por haber existido y por haberte dedicado a lo que decidiste dedicarte.

No quisiera olvidar a Alberto Mariano Huéscar ni a Teodoro Roa, que también murieron (junto con el piloto Warren Dodson) en aquel accidente de avioneta. Las vidas de tres naturalistas se vieron truncadas en el momento más inesperado por amor a la naturaleza, por defender la fauna y la flora de nuestra Tierra.

Cristina Prieto, ornitosectaria, compañera de andanzas, coordinadora de la plataforma "Salvemos los buitres", gran amiga mía, enorme naturalista de campo y mejor persona no ha querido perder la oportunidad de dedicarle también unas líneas a su admirado Félix Rodríguez de la Fuente:

"Félix Rodríguez de la Fuente ha sido para mí más que un maestro, para mí ha sido (y continúa siendo) un héroe. Sus programas sobre animales, indígenas y aventuras en las lejanas selvas de Latinoamerica cautivaron mi mente cuando era niña. Sinceramente, le debo gran parte de lo que soy a Félix. Sin darme cuenta sus narraciones e imágenes estaban "modelando" mi futura vida de naturalista y conservacionista. No te olvido maestro, te veo en cada águila y en cada lobo, en cada río y en cada bosque, te veo en la gente que lucha y en la gente que sufre la destrucción de nuestra Madre Tierra. Un abrazo, estés donde estés."

Daniel González Martín, ornitosectario, compañero de campo desde hace ya veinte años, naturalista también, bibliotecario y casi ya biólogo realiza unas reflexiones sobre su persona y obra:

"A mi ara no m’agrada massa veure els documentals de Félix Rodríguez de la Fuente. Em passa amb moltes coses que abans mirava amb molt d’interès, quan era més petit, i que ara no em criden ni de llarg la mateixa atenció. Gairebé em passa al contrari. Molts programes i sèries que abans mirava ara em produeixen més vergonya que una altra cosa (a excepció de “Ulisses 31” ). Recordo els documentals de Félix Rodríguez de la Fuente molt sensacionalistes. Cada cop accepto de menys bon grat segons quins enfocaments, i lamento que sigui difícil trobar documental amb un guió mesurat.
Però em resulta molt fàcil lloar i trobar a faltar alhora el tipus de divulgador que va ser Félix Rodríguez de la Fuente. Per molts motius. Va fer una tasca divulgadora fantàstica. Molts companys de biologia reconeixien ser-hi allà esperonats per l'interès per la fauna que ens va transmetre. A més, conec a molts naturalistes no directament lligats al món acadèmic que són autèntics naturalistes. És a dir, que no només miren ocells amb la finalitat de marcar com a vista aquella espècie, fan la foto i marxen. Aquests naturalistes dels que parlo ara van a mirar tot animaló que puguin trobar-se.
Una altra situació que penso no es dóna ara com abans és l’existència de divulgadors propers. Les noves tecnologies ens connecten d’una manera ràpida i senzilla amb tot el món. Ara podem visionar documentals d’arreu. Ens arriben grans produccions anglosaxones de molta qualitat, (tot i que de vegades tan o més sensacionalistes), però tenim pocs divulgadors de la nostra fauna. Tenim divulgadors sobretot mediambientals, que parlen de l’entorn natural de vegades des d’un enfocament de salut i qualitat de vida. No vull insinuar que això no tingui la seva importància. Però amb en Félix Rodríguez de la Fuente els animals eren els protagonistes, i ho eren els d’una regió faunísticament parlant molt important: La península Ibèrica, que coneixem millor i estimem més gràcies a ell."
La ornitosecta ha hablado.

Nunca firmo las entradas del blog, pero para mí es un honor hacerlo en este caso.

Larga vida entre las águilas al Cetrero Mayor del Reino.


Jordi Sala