domingo, 17 de noviembre de 2013

El cielo en llamas

El 5 de octubre de este año 2013 que empieza a encarrilar su fin, mi buena amiga Alba me arrancó del sopor de la tarde ofreciéndome su compañía para dar un paseo por la cercana sierra de Collserola.

Acepté sin dudarlo. Acompañados de Uma, su graciosa perrita teckel, recorrimos los escasos centenares de metros de pista forestal que conducen hasta el Turó de la Magarola, con el canto de los ruiseñores del Japón como único telón de fondo.

Coronamos la cima del pequeño monte tras una leve ascensión y lo que allí vimos fue algo inesperado: se había incendiado el cielo. Unos titanes ardían en silencio, y yo me sentí muy pequeño. De entre las llamas aparecieron halcones de Eleonora, como seres fantasmagóricos inmunes al fuego.











Yo no sabía como apagar aquel incendio, y tampoco lo deseaba. Pero al cabo de unos minutos el mundo dejo de arder y los titanes quedaron convertidos en cenizas petrificadas. Bajo estos gigantes de piedra la ciudad intentaba pasar desapercibida, quizá sintiéndose tan vulnerable como yo.




Se trató sin duda de una de las más bellas puestas de sol que he podido contemplar, y fue un honor poderla compartir en tan grata compañía.