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Brasil 2017, segunda parte: São Miguel das Missões

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Yo aún seguía excitado por la visión del sabiá laranjeira  cuando bajé a desayunar a la planta baja del hotel Ibis de Porto Alegre, donde nos alojábamos. Allí ya me esperaban Sílvia, Pili, Óscar y Henrique. El buffet que nos ofrecía el hotel era toda una declaración de intenciones de los desayunos de aquellas latitudes: básicamente muchas frutas (¡qué papaya hay en Brasil!) y zumos. Henrique era brasileño pero hablaba un español muy correcto. Le pregunté por un curioso zumo de color verde. Me sugirió que lo probara. Dijo que era natural y bastante nutritivo. - La gente lo toma aquí como bebida para tener energía  -apuntó con su acento portugués. Recordé el rodizio de carnes de la noche anterior, en el restaurante gaucho. Al entrar en él (una enorme nave de madera con un gigantesco comedor) no sabía lo que me esperaba. Nos sentamos a una mesa, de madera también, y un amable joven apareció y clavó en ella y frente a mi cara una enorme espada que llevaba ensartados vari...

Brasil 2017: el viaje ornitológico que no era ornitológico.

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Enero de 2017. Sílvia y yo nos habíamos reunido con Pili en su casa. Estábamos a punto de pagar los billetes para volar a Brasil. Tras mucho mirar y remirar la pantalla del ordenador llegamos a la conclusión de que todo parecía estar en orden. - Y... ¡aceptar! -dijo Pili mientras pulsaba el ratón. Sílvia y ella se pusieron a bailar en la medida que les permitía el pequeño tamaño de la habitación. - ¡Nos vamos a Brasil! ¡!Nos vamos a Brasil! -cantaban. Le llegó un correo electrónico a Pili. Seguramente era la confirmación de la reserva del vuelo. - ¡Cómo que el pago de mi tarjeta no ha sido aceptado! ¿Por qué? -exclamó incrédula e indignada. Aunque aún tardamos unos días en solucionar el tema, al final todo quedó en un pequeño susto: efectivamente, íbamos a ir a Brasil. Un vuelo largo... Habíamos comprado los billetes con antelación porque nos salía más barato. Ahora comenzaba una pequeña planificación del viaje, que incluía vacunas y algunos papeleos. Íbamos a visit...

Un conte de màgia

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El 14 de novembre del 2015 vaig pujar al meu estimat Espinal per censar ocells migratoris. Però quan vaig arribar el lloc no existia. Havia desaparegut sota un mantell de màgia. Vaig caminar uns metres, però més enllà només semblava haver-hi un abisme. El món que jo coneixia no hi era. El vaig buscar sense gaire ganes de trobar-lo mentre petits follets es vanaven de la seva invisibilitat i cantaven entre les branques. On sou? Mostreu-vos! El bosc ja no era bosc, si no un exèrcit de terribles éssers que lluny d'espantar-me m'acolliren i donaren protecció. Dins les ombres relluïen pedres precioses. El cel es va obrir. Allà estava el món! De sobte els corbs marins em van saludar des de dalt. Vaig mirar cal al sol, el mag suprem, el faedor de vida, però aquell dia estava malalt; patia de xarampió.

Bausen: zorros y aves

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Es ya una tradición que cada 24 de septiembre, festividad de la Mercè en Barcelona, salga al campo a ver aves. En el año 2015 decidí dedicar el día al que a la postre iba a ser mi último intento de ver urogallo en Bausen (Vall d'Aran). Había hecho intentonas otros años, siempre con resultados negativos. Y no voy a jugar con el misterio. En esta ocasión tampoco hubo suerte, aunque el día no defraudó. Tras dormir unas pocas horas partí de Barcelona muy pronto, hacia las 3 de la madrugada, lejos aún el alba. Y tardé casi cuatro horas en llegar porque los últimos cincuenta kilómetros hasta Vielha los recorrí con bastante lentitud para intentar evitar atropellos de los abundantes mamíferos de la zona: zorros básicamente, pero me robó el corazón un tejón que decidió cruzar ante los faros de mi coche caminando torpemente y con aire bonachón. Pude frenar y esquivar al animal, que se llevaría un susto de muerte, al igual que yo. Sin reducir (ni aumentar) el paso siguió trotando a la mi...

¿Qué tienen en común Stephen Hawking y Belén Rueda?

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Esto es un desastre. Hace tanto tiempo que realicé esta salida que apenas recuerdo los detalles. Y en estos momentos no encuentro una libreta, la libreta, en la cual tenía mis apuntes. Pero es normal que no la encuentre. El almacén de mi tienda es una leonera: tengo aquí las cosas de mis padres y las mías, además de todos los trastos que ya habitaban antes estas cuatro paredes. No me queda más remedio que llamar a Alba y preguntarle qué recuerda de aquel día. Porque a lo mejor la libretita acaba apareciendo... pero a lo mejor no. " Ayúdanos, Alba Wan Kenobi, eres nuestra última esperanza ", pienso mientras marco su número de teléfono. Con la poca información que tengo continúo el trabajo. Mi amiga Alba lleva años aficionándose a la ornitología. Poquito a poquito, lentamente, se engancha más y más, como de hecho también hacemos los que llevamos más tiempo metidos en el ajo, que con el paso de los años (debido a ello en realidad) nos enganchamos cada vez más. Una de ...