martes, 28 de septiembre de 2021

La locura

Después de tener un día tan malo (a ratos bueno) como fue el domingo (tal vez lo explique en la siguiente entrada del blog), me ha ido de maravilla vivir una jornada como la de hoy.

Tras varias semanas quejándonos de que la migración ya no es lo que era, ya que no estábamos viendo tantas aves como otro años en el Pla de l'Espinal, nuestro punto habitual de observación de migración postnupcial a caballo entre el Maresme y el Vallès Oriental, resulta que hoy de manera totalmente inesperada la "cosa ha explotado".

Y es que, cuando esta mañana conducía hasta allí, no imaginaba yo lo que iba a pasar. Y digo esta mañana porque, cosa rara, escribo esto el mismo día en que se han producido las observaciones, el martes 28 de septiembre. Y he subido a l'Espinal en martes porque estoy de vacaciones.

Puesto que tan solo me acompañaba Nina, mi perra ornitóloga, y ningún humano compartía aquellos momentos iniciales de la jornada, decidí caminar un poco por los campos, muertos por el calor hace menos de un mes, revividos tras las últimas lluvias y mostrando cierto verdor.

Detecté algunas collalbas grises, totovías, mosquiteros musicales, tarabillas comunes y norteñas, etc. Visto que al parecer por fin se había animado algo más la migración, en mi afán de encontrar algunas especies más o de completar el conteo de las ya detectadas, decidí bordear algunos campos e incluso cruzarlos por donde jamás había pasado en más de diez años de observaciones en el lugar.

A las diez de la mañana atravesé los rastrojos bajo un sol que anunciaba calor para el resto de la jornada, y tras salvar un desnivel de un par de metros he mirado a la izquierda sin ver nada. A la derecha con mismo resultado. Y de nuevo a la izquierda para comprobar que una rapaz ascendía desde el suelo a unos diez metros de mí. No la había visto la primera vez.

Durante una décima de segundo pensé que era un ave muy blanca y pensé en un Buteo, pero rápidamente mi cerebro me sacó del error: aquello no era un ratonero. Temblando, alcé la cámara de fotos mientras comprendía que se trataba de una lechuza campestre (crecí con ese nombre, actualmente se denomina búho campestre).

Tan nervioso estaba que los resultados de mis primeros intentos de fotografiar al ave fueron, literalmente, espantosos. A las pruebas me remito.

Pero resulta que las aves me quieren, me tienen cariño. Los animales en general, diría yo. Y este búho se apiadó de mí y decidió que iba a dar unas pocas vueltas por el cielo para permitirme que lo retratara. No fui consciente de que había conseguido alguna imagen decente hasta que las revisé más tarde.

La lechuza campestre decidió que era suficiente. Si yo tenía foto, maravilloso. Si no la tenía, pues ajo y agua. Se precipitó hacia unos pinos y desapareció. Yo pensé que tal vez iba a pasar todo el día allí, escondida a la sombra de alguna espesa copa de una conífera.

Resultó que sí tenía alguna foto decente.

Me alejé de aquel punto para tranquilizar al ave, que probablemente me estuviera observando desde alguna rama. Y decidí también que ya tenía suficiente conteo de paseriformes como para sentarme un rato y dedicarme a escrutar el cielo en busca de rapaces. En realidad ya tenía suficiente porque la estrígida ya había desbordado el vaso de mi felicidad. Un orgasmo ornitólogico en toda regla. No tenía uno desde que vi el águila real desde casa, en Ripollet, la primavera pasada.

Exultante, comencé a enviar mensajes por el móvil a amigos y conocidos, y el primero en aparecer fue Miquel Bonet. Al cabo de unas horas apareció mi gran amigo Joan Grajera, apenas para saludarnos unos minutos y desaparecer de nuevo. Los quehaceres son los queahaceres.

No volvió a aparecer el búho, pero pudimos disfrutar de una gran jornada de migración con los siguientes totales:

Asio flammeus: 1

Falco tinnunculus: 79

Falco peregrinus: 1

Falco subbuteo: 6

Pernis apivorus: 1

Buteo buteo: 2

Aquila pennata: 2

Circus aeruginosus: 1

Accipiter nisus: 3

Accipiter gentilis: 3

Oenanthe oenanthe: 4

Lullula arborea: 4

Saxicola rubetra: 3

Saxicola rubicola: 2

Anthus trivialis: 1

Phylloscopus trochilus: 3

Loxia curvirostra: 1

Upupa epops: 1

Y otras muchas especies de aves más, hasta sobrepasar la cuarentena.

Cabe destacar el gran paso de cernícalos, con 79 ejemplares, 66 de los cuales pasaron entre las 14:15 y las 15:23, a una media aproximada de un ave por minuto.

La observación de esta lechuza campestre ha compensado los doce días de mediocridad que llevaba desde que inicié mis vacaciones en lo que a observación de aves se refiere. Tampoco es que hayan sido tan malos (¡el domingo vi unos cincuenta paíños comunes!), pero siendo la época que es, esperaba alguna buena sorpresa durante estos días. Finalmente ha llegado hoy, pasando de la ranciedad que reinaba en septiembre a la locura más absoluta con una cita tan inesperada como espectacular.

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