viernes, 12 de junio de 2009

Finlandia-Noruega 2007 (parte 3): de Lahti a Oulu

Yo no estaba en el coche en aquel momento, no mentalmente al menos. No recuerdo dónde me hallaba, pero lo cierto es que un ruído me devolvió a la realidad. El cuerpo me dolía. Estaba cansado. Abrí los ojos y frente a mí vi una tapicería. Me incorporé y choqué con el volante. Vaya, así que me hallaba en el Renault de Finlandia. Yo era el conductor y había dormido en el mismo asiento que ocupaba cuando aparqué el vehículo unas horas atrás en el párking de la carretera.
Un movimiento a mi izquierda me llamo la atención. Sobresaltado, contemplé como una mole enorme (¿un mastodonte?) se desplazaba muy cerca de nosotros. Abrí los ojos del todo. El colosal animal ocupaba gran parte de mi campo visual. Y por supuesto no era un animal.
Un gigantesco camión cargado de troncos intentaba maniobras imposibles para poder situarse tras nuestro coche sin tener que despertarnos para que lo moviéramos... Estaba conmovido... Aquel hombre prefería sudar haciendo malabarismos con un camión a tener que despertar a tres turistas mal aparcados. Qué gente tan increíble. ¿Existirán al fin y al cabo los elfos de Tolkien?

Arranqué el vehículo para sorpresa y confusión de mis adormilados compañeros y lo moví unos metros hacia delante, lo suficiente para dejar vía libre al trailer.

Era la mañana del 4 de julio de aquel año 2007. Desayunamos algo mientras disfrutábamos de la compañía de un cercano carbonero común (Parus major). Había que comprobar todas y cada una de las aves que viéramos, por comunes que pudieran parecer.

Nos pusimos en marcha y avanzamos bastante kilómetros, hasta que unas grullas que pastaban en unos campos junto a la carretera nos llamaron la atención. Eran las primeras que veíamos. Nos apeamos del coche y mientras las mirábamos decidimos estudiar un poco la zona. Unos cien metros más adelante se extendía un lago de dimensiones medianas. Enfocamos hacia allí los telescopios y... cayó otro bimbo -al menos para Cristina y para mí, creo que Dani ya lo había visto-. Algunos ejemplares de porrón osculado (Bucephala clangula) nadaban tranquilos, ajenos a nuestro vouyerismo pajaril.

Grulla común (Grus grus)
Porrón osculado (Bucephala clangula)

Volvimos al coche y continuamos con nuestro periplo hacia al norte. Al cabo de unas horas llegamos por fin al territorio de Oulu. Un gran bando de grullas en vuelo en formación de "V" nos dio la bienvenida.

Bando de grullas en vuelo

Gracias a las chuletas que llevábamos impresas conseguimos encontrar los importantes humedales cercanos al pueblo de Liminka. Pero una pequeña decepción llegó cuando comprobamos que el centro de información estaba cerrado. No pudimos averiguar por tanto el significado de las palabras "liminganlahden opastuskeskus" que se leían en la pared de una casita cercana.

No tuvimos más remedio que seguir tirando de chuleta impresa, así como de inspiración, de instinto, de intuición... y de nuestro macarrónico inglés para explorar la zona y descubrir algunas aves interesantes.

Un ornitólogo local nos informó de las nulas posibilidades de encontrar escribano aureolado (Emberiza aureola) en Oulu: hacía años que no se observaba ni un solo ejemplar. Fuera fiable la fuente o no, la noticia supuso una nueva pequeña decepción, y ya iban dos.

Hallamos un observatorio que daba a la bahía, y desde el cual pude bimbar mi tercera ave: cisne cantor (Cygnus cygnus). No recuerdo si Dani lo había visto ya en el pasado o no. Para Cristina también era una especie nueva, pero no quiso darlo como bimbo debido a la larga distancia: las aves estaban tan lejos que incluso con los telescopios se veían muy mal, pero así y todo la especie estaba identificada. La extensión de amarillo del pico no dejaba lugar a dudas.

Bahía de Liminka
Cristina y Dani en el observatorio.
Por la zona pudimos disfrutar también de una aguja colinegra (Limosa limosa) que iba acompañada de pollos y de un archibebe común (Tringa totanus) que se dejó fotografiar a placer. A pesar de todo, no dejaba de ser todo realmente un poco desalentador: pocas aves realmente interesantes, exceptuando los lejanísimos cisnes, o mejor dicho, pocas aves en general. Y por contra mucho calor. El sol caía a plomo y poco debía envidiar esa atmósfera a la de la península ibérica.

Archibebe común (Tringa totanus)
Aguja colinegra (Limosa limosa). Su pollo andaba cerca.

Las horas de la tarde las pasamos en otro observatorio -donde aprovechamos para comer algo-, una torre elevada situada más al oeste, más cerca del pueblo de Lumijoki. Desde aquel lugar pudimos ver algunas grullas posadas en las cercanías, así como charranes comunes, y otro bimbo más para el saco: pigargo (Haliaaetus albicilla). Algunos ejemplares hicieron nuestras delicias, primero volando a lo lejos, y finalmente posándose a algunos cientos de metros de nuestra ubicación. La corneja cenicienta había estado bien -y a nivel particular, también el zorzal real-, pero el pigargo era algo diferente. Se trataba ni más de menos que de bimbar un ave rapaz, una de las grandes además. Y casi todos los ornitólogos sentimos algo especial cuando tenemos a una rapaz delante. El pigargo compensaba los momentos de desánimo -pocos en cualquier caso- del mediodía.

Cristina y Dani. Camino del observatorio de la tarde.
Para ser un buen ornitosectario hay que alimentarse bien: Dani y Jordi preparando el apetitoso keittokinkku. Cuando hay hambre hasta las piedras saben a manjar exquisito. Dani ni lo sospechaba, pero aquí estuve a punto de arrancarle la lata de las manos a mordiscos.
Pigargo europeo (Haliaaetus albicilla)

Tras pasar unas horas disfrutando de ellos decidimos dar una vuelta por unos campos cercanos. Era medianoche y el sol se había puesto, pero había luz suficiente como para continuar buscando animales. Las aves descansaban, pero un corzo salió a nuestro paso y pudimos observarlo a placer durante un buen rato.

Corzo (Capreolus capreolus)

Pasear de "noche" con luz de "día" es toda una experiencia. Pero también es una trampa para nuestro organismo. Decidimos que había llegado la hora de descansar un poco. Teníamos plantada la tienda de campaña en un bosquecillo cercano, y allí nos tumbamos a dormir unas horas hasta que el cuerpo nos pidiera más fauna.

Las gentes del pueblo duermen. La Ornitosecta no.
Es de noche en Finlandia.

Otras aves que pudimos ver aquel día: tarabilla norteña (Saxicola rubetra), aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), ánade silbón (Anas penelope), porrón moñudo (Aythya fuligula), escribano cerillo (Emberiza citrinella), zorzal real (Turdus pilaris), papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), zarapito real (Numenius arquata), gaviota enana (Larus minutus), avefría (Vanellus vanellus), ánsar común (Anser anser) y algunas otras más. En cuanto a mamíferos, al mencionado corzo (Capreolus capreolus) hay que añadir una liebre (Lepus europaeus).

lunes, 8 de junio de 2009

Finlandia-Noruega 2007: el pollo no identificado

Durante la primera jornada -el día 3 de julio- encontramos muerto en una pista forestal un pollo de alguna especie de paseriforme. No supimos identificarlo, y aún hoy seguimos con la duda.

Aunque pensamos en la posibilidad de que se tratara de camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) la falta de una guía con imágenes de pollos nos impidió confirmarlo. Así que tomamos algunas fotos del pobre animal con la esperanza de que alguien le saque del anonimato.

Se agradecerían comentarios y opiniones varias.

miércoles, 3 de junio de 2009

Finlandia-Noruega 2007 (parte 2): de Vantaa a Lahti

El 3 de julio del 2007 pisamos por primera vez en nuestras vidas las tierras finlandesas.

El avión aterrizó en el aeropuerto de Vantaa a las 15.30 horas. Aquí pude comprobar in situ qué es realmente Europa. Todo limpio y reluciente, buenas indicaciones, personal suficiente y en sus puestos... No me recordaba mucho al lugar del cual yo procedía.

Un sol espectacular nos dio la bienvenida. Hacía calor y nada hacía pensar que nos encontrábamos unos cuantos miles de kilómetros más próximos al polo norte que apenas unas horas atrás.

Nuestro coche de alquiler esperaba. Una bella mujer finlandesa nos dio las llaves de nuestro Renault, una maravilla de máquina que iba a compartir con nosotros algunos miles de kilómetros. No tenía GPS, pero sí radio y CD, para poder escuchar nuestros discos de cantos de aves: quizá fueran necesarios para identificar alguna especie. La radio también fue importante, ya que aunque no entendíamos ni una palabra de finés, ¡sí podíamos escuchar toda el heavy metal que ponían!

Finlandia es el país del metal, como bien pudimos comprobar a lo largo de esos diez días. Emisoras de radio, revistas sobre música, hilos musicales en las maravillosas gasolineras de ese país... El paraíso para los amantes de esa música como yo.

Cargamos nuestros bártulos en el coche y arrancamos. La expedición ornitológica en sí daba comienzo -a pesar de que incluso antes de aterrizar el avión yo ya iba vigilando el suelo desde las ventanillas del avión... por si acaso-. Hacíamos apuestas sobre cual sería la primera especie que bimbaríamos, y especulaciones sobre cuáles aparecerían durante todo el viaje.

El primer bimbo fue la corneja cenicienta (Corvus cornix). La vimos desde el coche mientras conducíamos, y más tarde pudimos comprobar que se trataba de una especie realmente común y fácil de detectar. Recorríamos kilómetros y kilómetros de carretera en dirección norte, y las cornejas nos acompañaban. La emoción de estar en un país nuevo, la perspectiva de ver cosas que no habíamos visto nunca antes... todo nos animaba y una energía especial nos impulsaba. De haber sido superguerreros, habríamos pasado rápido al siguiente nivel de fuerza.

Corneja cenicienta (Corvus cornix)

Mapa en mano, tomamos una ruta más que nos llevara de manera más o menos directa hasta Oulu, a donde teníamos previsto llegar al día siguiente. Pero puesto que se podía conducir de noche, optamos por pasar la tarde por la zona del lago Päijänne, en lo que según el mapa sería una especie de parque natural. Un cartel indicaba que a tres kilómetros se hallaba Vähä-Kellosalmi, pero desconozco si se trataba de un pueblo o no.


Aunque no nos topamos con cientos de ansiadas especies nórdicas, sí pudimos disfrutar de algunas aves interesantes, nórdicas o no, como eran el somormujo cuellirrojo (Podiceps grisegena) -estos acompañados de sus pollos-, charrán común (Sterna hirundo), gaviota cana (Larus canus), avefría (Vanellus vanellus), curruca zarcera (Sylvia communis), pico picapinos (Dendrocopos major), y otro bimbo particular para mi y para Cristina -creo que Dani ya lo había visto-, el zorzal real (Turdus pilaris).

Zampullín cuellirrojo (Podiceps grisegena), adulto alimentando dos pollos.

Así que a nivel particular no estaba nada mal. En nuestra primera jornada había anotado dos bimbos en mi casillero particular. Pero claro está, queríamos más, esas dos especies no eran suficiente si tenemos en cuenta las maravillas que pueden observarse en aquellas latitudes.

Tras regresar al coche pusimos de nuevo rumbo norte.

A pesar de alternarnos en la conducción el cansancio pudo finalmente con nosotros y nuestros cuerpos exigieron una parada definitiva del vehículo aunque fuera por unas horas. El lugar escogido fue un pequeño claro destinado a tal fin, situado al lado mismo de la carretera. Allí detuvimos el coche y allí dormimos hasta el día siguiente. Pero antes de eso en mi retina quedó grabada para siempre una imagen de ensueño. Fue bastantes kilómetros antes de detenernos para dormir. Llevaba yo el volante en aquellos momentos. A lo largo de aquel primer día ya habíamos podido constatar que efectivamente Finlandia era la tierra de los mil lagos. Grandes masas de agua aparecían una tras otra a nuestro paso, brillantes, cristalinas, llanas y calmas. Con el paso de las horas el cielo se oscureció, y el día se marchó siguiendo al sol que desaparecía tras el horizonte. En el lado opuesto, como preludio de una perfecta noche de verano, apareció la luna llena. Aún baja en el cielo, se reflejó en las perfectas aguas de los lagos paralelos a la carretera, y esa doble luna que me miraba a través de la ventanilla derecha del coche me marcó como pocas cosas aquel día. Esa fue la imagen que se me quedó grabada y que recordaré siempre. Estábamos realmente en otro lugar del mundo, y la sensación era maravillosa.