viernes, 6 de diciembre de 2013

Carrera por el Big Year

Hace unos días aparecieron en el Turó de l'Home (una montaña de 1706 metros de altitud situada a unos cincuenta kilómetros de Barcelona) unas aves ciertamente interesantes: escribanos nivales (Plectrophenax nivalis), gorriones alpinos (Montifringilla nivalis) y acentores alpinos (Prunella collaris). Las tres son bastante raras por estos lares, especialmente la primera. Comparten el gusto por los ambientes muy fríos, ocupando las más altas cimas de Europa o la tundra ártica.

 A mediados del verano mi amigo Jaume Castellà y yo mantuvimos una charla sobre el Big Year. Curiosamente, descubrimos que ambos llevábamos exactamente el mismo número de aves a aquellas alturas del año. Puesto que nuestras posibilidades de ganar eran nulas (ya hay por ahí quién nos supera en un centenar), decidimos echarle sal al asunto y realizar un duelo particular. Nos apostamos una comida en un buen restaurante.

Resulta que tanto él como yo ya habíamos visto gorriones alpinos en los primeros meses de este año. Pero las otras dos especies nos faltaban en nuestra lista.

Jaume me mandó un mensaje el jueves, día 20 de noviembre. Había subido al Turó de l'Home. Encontró las avecillas y con ellas dejó su marcador en un total de 262 especies diferentes. Yo llevaba hasta ayer 257 en total, y no podía permitir que Jaume se me escapara de cinco. Así que al día siguiente, el viernes 21 de noviembre, me levanté a las 5.30 de la mañana. Era día laborable y tenía que trabajar. ¿Me daría tiempo a subir al Turó de l'Home, ver las aves, y regresar a tiempo? Era una locura tal vez... pero debía alcanzar a Jaume. ¿Lo conseguiría?

Allí arriba hay aves...



Lo que sí que conseguí nada más aparcar el coche cerca de la cima fue helarme. Iba equipado con ropa de abrigo, bufanda, gorro de lana, guantes, y mi largo pelo desmelenado para protegerme las orejas. Pero un viento helado muy fuerte que me frenaba y apenas me dejaba avanzar me recordó que me hallaba efectivamente en el piso nival, más allá de los bosques, un ambiente que me trasladó en el tiempo a la tundra de Varanger, la cual tuve el privilegio de poder visitar en el año 2007.





Hubo suerte con las aves. No había gente, y subí en soledad total hasta la mismísima cima. Allí me esperaban las tres especies, reunidas en un acto bondadoso consistente en hacerme perder el menor tiempo posible.

Pero ahí se reveló el auténtico objetivo de mi visita: en realidad no me importaba alcanzar o no a Jaume, si no disfrutar de la belleza de estos regordetes animalitos. Tuve que quedarme un largo rato disfrutando del paisaje y de la compañía de las avecillas. Era superior a mis fuerzas.

Escribano nival (Plectrophenax nivalis)




Acentor alpino (Prunella collaris)
 

Gorrión alpino (Montifringilla nivalis)

 


Un servidor


Dos especies a sumar a mi lista, 259 en total. A tres de Jaume. Al final llegué una hora tarde a trabajar, pero mereció la pena.

domingo, 17 de noviembre de 2013

El cielo en llamas

El 5 de octubre de este año 2013 que empieza a encarrilar su fin, mi buena amiga Alba me arrancó del sopor de la tarde ofreciéndome su compañía para dar un paseo por la cercana sierra de Collserola.

Acepté sin dudarlo. Acompañados de Uma, su graciosa perrita teckel, recorrimos los escasos centenares de metros de pista forestal que conducen hasta el Turó de la Magarola, con el canto de los ruiseñores del Japón como único telón de fondo.

Coronamos la cima del pequeño monte tras una leve ascensión y lo que allí vimos fue algo inesperado: se había incendiado el cielo. Unos titanes ardían en silencio, y yo me sentí muy pequeño. De entre las llamas aparecieron halcones de Eleonora, como seres fantasmagóricos inmunes al fuego.











Yo no sabía como apagar aquel incendio, y tampoco lo deseaba. Pero al cabo de unos minutos el mundo dejo de arder y los titanes quedaron convertidos en cenizas petrificadas. Bajo estos gigantes de piedra la ciudad intentaba pasar desapercibida, quizá sintiéndose tan vulnerable como yo.




Se trató sin duda de una de las más bellas puestas de sol que he podido contemplar, y fue un honor poderla compartir en tan grata compañía.

martes, 10 de septiembre de 2013

Día perfecto en el Delta de l'Ebre

Cuando recibí en mi móvil un mensaje de mi amigo Quique Carballal, me quedé bastante sorprendido.

Primero porque era pasada la medianoche del sábado 7 al domingo 8 de septiembre. Hace tan solo un par de días por lo tanto. En segundo lugar me sorprendí porque no entendí su pregunta.

- ¿Estarás por la tarde, Jordi?

No comprendí a qué se refería. ¿Si estaría en mi casa? Suponía que la tarde del domingo estaría en casa, pero no entendía qué tenía eso de interesante, habiendo aves por el mundo. Mi respuesta no fue tampoco la más normal.

- Fulva.

Cualquiera podría pensar que nos comunicábamos en clave. Pero no era así. Sin embargo jugaremos un poco más a los espías y reproduciremos el diálogo (casi) íntegro, convenientemente traducido del català al español:

Q: - ¿Estarás por la tarde, Jordi?
J: - Fulva
Q: - Síiii
J: - ¿Y Tryngites?
Q: - **********
J: - **********
Q: - A ver si lo he entendido (después de 1200km conduciendo con un par de Agapornis como acompañantes estoy un poco espeso): ¿cuándo propones ir al Delta?
J: - Mañana. Jajaja. ***********
Q: - ¡Ostras tú! ¿A qué hora?
J: - ¿Crees que los bichos aguantarán hasta el miércoles? Yo necesito descansar también pero me preocupa que se vayan. Estoy agotado. Jajaja.
Q: - Jajaja. ¡Mira tú! Reventemos.
J: - Jajaja
Q: - ¿A las 7?
J: - ¡Bostiiick!

Era casi  la una de la madrugada. Tras unos intentos infructuosos de convencer a alguna persona más para que nos acompañaran (Alba y Daniela, unas vecinas) apagué la luz a eso de la una y media de la madrugada. Podía dormir casi cinco horas, y me propuse hacerlo de un tirón, ¡y vaya si lo conseguí! Bueno, con permiso de la sed, que me hizo levantarme ante de las tres. Y del frío, ya que me desperté temblando un poco antes de las cuatro. Pero esto quedó compensando cuando me desperté más tarde sudando bajo la manta con la que me había cubierto poco antes. Eran casi las cinco.

A las seis me levanté y me arrastré hacia la cafetera. Le murmuré unos buenos días (que sonaron algo así como "nnooos dasss") y comencé los preparativos.

Pero debería poner a todo el mundo en antecedentes: hacía unos días que habían aparecido en el Delta de l'Ebre varias especies harto interesantes, entre las cuales un chorlito dorado siberiano (Pluvialis fulva) y dos correlimos canelos (Tryngites subruficollis). Quique, por supuesto, estaba al día en cuanto a novedades ornitológicas se refiere. En el diálogo anterior mencionar al fulva fue suficiente para que todo cobrara sentido. Al menos para nosotros.

A las diez y media de la mañana llegamos a la finca DACSA, en el hemidelta sur. Iba a ser el principio de una jornada perfecta: allí nos esperaban dos chorlitos carambolos (Charadrius morinellus), un correlimos pectoral (Calidris melanotos) y un correlimos canelo (Tryngites subruficollis), junto a cientos de otros limícolas: combatientes, correlimos de Temminck y menudos, avefrías, chorlitejos...

Chorlito carambolo (Charadrius morinellus)



 Correlimos pectoral (Calidris melanotos)


Correlimos canelo (Tryngites subruficollis)



Pudimos recrearnos en su observación a placer durante algunas horas, pero hacia las dos de la tarde el rugido de nuestros estómagos reclamó nuestra atención y decidimos ir al Poblenou del Delta en busca de un bar. Esto nos permitiría echar un vistazo a las salinas de la Tancada, para buscar alguna pagaza piquirroja (Sterna caspia).

Abubilla (Upupa epops)



Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides)



No hubo suerte en el trayecto de ida, pero sí en el de vuelta. Mi bocadillo de tortilla francesa regado con cerveza y café fue digerido mientras unas pocas caspia descansaban bajo el todavía ardiente sol de septiembre, flanqueadas por perezosos flamencos y algunos otros charranes.

Correlimos menudo (Calidris minuta)


Garceta común (Egretta garzetta)


Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula)


El sol se ocultó repentinamente. El causante era un gigantesco cumulonimbo que surgió de la nada a gran velocidad. Se aproximaba bamboleando su gran panza negra, amenazante, y decidimos trasladarnos de vuelta a la finca DACSA, con la esperanza de detectar las especies que aún nos faltaban antes de que la lluvia descargara.




Pero no llegamos a tiempo. Cayó agua, aunque menos de la que esperábamos. No nos quedó más remedio sin embargo que esperar a que el aguacero cesara para reanudar nuestra búsqueda de los ilustres desaparecidos: el chorlito dorado siberiano y una lavandera cetrina (Motacilla citreola) detectada también el día anterior.

El primero fue detectado por Josep Tantull y señora, a quién hemos de agradecerles la ayuda prestada, que valió para Quique lograra su deseado bimbo (el segundo del día para mí, el primero fue el correlimos canelo). La lavandera apareció como remate final a una jornada histórica en la historia de la ornitosecta: su reclamo, su vuelo, las poses con las que nos obsequió mientras la fotografiaba... no podía acabar el día de otra manera.


Chorlito dorado siberiano (Pluvialis fulva)


Lavandera cetrina (Motacilla citreola)


Además el fin de semana había sido muy productivo de cara al Big Year, pudiendo añadir diez especies más a mi lista particular:

- Halcón de Eleonora, Falco eleonorae, durante la jornada Pernis del sábado cerca de Argentona, Maresme.
- Chorlito carambolo, Charadrius morinellus, segunda observación de mi vida y primera posado, la anterior fue en vuelo. De él. No mío. Yo no suelo volar los domingos. Aunque tampoco recuerdo en qué día cayó la primera observación. Creo que... Eh... Mmm, sigamos.
- Correlimos pectoral, Calidris melanotos, segunda observación de mi vida.
- Correlimos menudo, Calidris minuta
- Correlimos de Temminck, Calidris temminckii
- Correlimos canelo, Tryngites subruficollis, ¡bimbo!
- Pagaza piquirroja, Sterna caspia
- Chorlito dorado comun, Pluvialis apricaria
- Chorlito dorado siberiano, Pluvialis fulva, ¡bimbo!
- Lavandera cetrina, Motacilla citreola, segunda observación de mi vida.

La única pega fue que no estuvieran con nosotros todos nuestros amigos ornitosectarios para poder compartir con ellos todas estas observaciones. Pero seguro que serán partícipes más adelante de otras grandes jornadas ornitólogicas.

sábado, 3 de agosto de 2013

Una visita especial

"Una visita especial"

Aquest va ser el títol de les redaccions que els alumnes de la classe de cinquè de l'Escola "El Bosc" van escriure com a deures... Deures de què? Deures sobre la xerrada que els hi vaig fer sobre la fauna catalana.

El 14 de juny d'aquest any 2013 vaig anar al seu col·legi per fer una petita conferència centrada als animals salvatges de Catalunya i els ambients que ocupen.

Va ser una experiència molt agradable i enriquidora, i haig de dir que estic molt agraït a tots els nens i nenes de la classe pel gran interès que van mostrar en tot moment, prenent apunts i fent preguntes molt interessants. No sé qui va aprendre més, si ells o jo.

Tinc agraïments també pel professorat i el personal de l'escola. Van facilitar la meva feina i van posar a la meva disposició no només recursos i instal·lacions, si no també paciència i comprensió.

Però sobretot vull agrair al meu nebot Jordi, també present a la xerrada, que sigui tan bon nen, tan bon company d'aventures i tan bon ornitòleg. Petons i abraçades, estimat  nebot.





"Una visita especial"

Éste fue el título de las redacciones que los alumnos de la clase de quinto de la escuela "El Bosc" escribieron como deberes... ¿Deberes de qué? Deberes sobre la charla que les di sobre la fauna catalana.

El  14 de junio de este año 2013 fui a su colegio para dar una pequeña conferencia centrada en los animales salvajes de Catalunya y los ambientes que ocupan.

Fue una experiencia muy agradable y enriquecedora, y debo decir que estoy muy agradecido a todos los niños y niñas de la clase por el gran interés que mostraron en todo momento, tomando apuntes y haciendo preguntas muy interesantes. No sé quién aprendió más, si ellos o yo.

Tengo agradecimientos también para el profesorado y el personal de la escuela. Facilitaron mi trabajo y pusieron a mi disposición no sólo recursos e instalaciones, si no también paciencia y comprensión.

Pero sobre todo quiero agradecer a mi sobrino Jordi, también presente en la charla, que sea tan buen niño, tan buen compañero de aventuras y tan buen ornitólogo. Besos y abrazos, querido sobrino.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Larry

L'Eduard Batista és un ornitòleg i professor de l'escola Lestonnac de Barcelona que em va concedir l'honor de poder observar i fotografiar un gavià argentat que fa mesos que es passejava pels voltants del col·legi.

Hi vaig anar el dia 2 de maig (dijous i dia de classe) i haig d'estar molt agraït a l'Eduard, als seus alumnes i a tot el personal de l'escola ja que gràcies a ells la visita va acabar en èxit total, gràcies a la seva amabilitat, ajuda i comprensió.

Des de la tardor passada l'ocell ha fet les delícies de tothom. Batejat com a Larry pels nens i nenes de l'escola, aquest exemplar de gavià argentat (Larus argentatus) els visita a diari després de l'hora del pati per mirar d'aprofitar les engrunes que han caigut dels seus entrepans.

El gavià és força valent i confiat i s'apropa fins les finestres de l'aula, on des de dins tots poden gaudir del seu aspecte elegant i del seu caminar majestuós.

Altres ocells que vaig poder detectar pels voltants i que completen la llista d'aquell matí són la gralla (Corvus monedula), el bernat pescaire (Ardea cinerea), el gavià de potes grogues (Larus michahellis), l'oreneta vulgar (Hirundo rustica), el pardal comú (Passer domesticus), la tórtora turca (Streptopelia decaocto) i el colom (Columba livia).

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Eduard Batista es un ornitólogo y profesor de la escuela Lestonnac de Barcelona que me concedió el honor de poder observar y fotografiar una gaviota argéntea que hacía meses que se paseaba por el colegio y sus cercanías.

Fui un 2 de mayo (jueves y día de clase) y debo estar muy agradecido a Eduard, a sus alumnos y a todo el personal de la escuela ya que gracias a ellos la visita acabó en éxito total, gracias a su amabilidad, ayuda y comprensión.

Desde el otoño pasado el ave ha hecho las delicias de todos. Bautizado como Larry por los niños y niñas de la escuela, este ejemplar de gaviota argéntea (Larus argentatus) les visita a diario después de la hora del patio para intentar aprovechar las migas que han caído de sus bocadillos..

La gaviota es bastante valiente y confiada y se acerca hasta las ventanas del aula, y desde su interior todos pueden disfrutar de su aspecto elegante y caminar majestuoso.

Otras aves que puede detectar por las cercanías y que completan la lista de aquella mañana son la grajilla (Corvus monedula), la garza real (Ardea cinerea), la gaviota patiamarilla (Larus michahellis), la golondrina común (Hirundo rustica), el gorrión común (Passer domesticus), la tórtola turca (Streptopelia decaocto) y la paloma (Columba livia).

 




sábado, 4 de mayo de 2013

Maratón ornitológica 2013

Dentro de pocas horas la Ornitosecta iniciará su andadura en una nueva edición de la maratón ornitolólogica de la Sociedad Española de Ornitología (S.E.O.).

Se trata de una competición por equipos. Gana el equipo que identifique más especies de aves en veinticuatro horas (desde las 00.00 horas de esta noche hasta las 24.00 horas de mañana).

El nuestro está formado por Quique Carballal, Jaume Castellà y un servidor, Jordi Sala. Tenemos la baja de última hora de Daniel González por conjuntivitis. Recupérate compañero.

¡Suerte a todos los participantes!

(y por supuesto todas las observaciones cuentan para el Big Year)  ;)



sábado, 20 de abril de 2013

Colirrojo diademado (Phoenicurus moussieri)

En marzo de este año 2013 apareció en Constantí (Tarragona) un colirrojo diademado (Phoenicurus moussieri) que como ornitosectario no pude dejar escapar. Es ésta una pequeña ave del norte de África, y es rareza en Europa.

El día 24 de ese mes me acerqué hasta allí con algunos amigos con la esperanza de observarlo. Y aunque nos llevó más de cuatro horas de espera, al final lo conseguimos. El pequeño fantasma rojo apareció, mucho más discreto de lo que yo esperaba, teniendo en cuenta su colorido, y durante dos minutos hizo nuestras delicias.






Cuatro horas de espera, dos minutos de recompensa... A veces me pregunto hasta qué punto merece la pena el esfuerzo. Aunque en realidad sólo me lo pregunto durante unos segundos, y ni siquiera lo hago en serio. Total, aves siempre hay. El aperitivo de aquel avistamiento estuvo compuesto por más de treinta especies distintas, entre las cuales me agradaron en especial algunas como la siempre espectacular águila culebrera (Circaetus gallicus), los primeros aviones del año (Delichon urbicum) o el mítico mochuelo (Athene noctua).

lunes, 1 de abril de 2013

Salamanca 2002: un curioso viaje por España (3ª parte y última). Apocalipsis del fin del mundo.

Bien, el trabajo estaba bastante acabado. Es decir, ya habíamos amortizado el viaje en cuanto a diversión y en cuanto a aves.

Pero estando tan relativamente cerca Monfragüe no nos costaba nada conducir hasta allí para buscar águila imperial y elanio azul.

Dicho y hecho, el 15 de agosto del 2002, tercer día de nuestro viaje, tras recoger todos los bártulos y desayunar de manera conveniente pusimos rumbo a Extremadura para intentar redondear la ya de por sí nutrida lista ornitológica. Antes de eso sin embargo hicimos una parada al sur de Salamanca, y dimos un pequeño paseo hasta la hermita de Miranda, en busca de más aves esteparias. Un macho de aguilucho cenizo, un mochuelo y dos jóvenes y un adulto de alcaudón meridional, entre otras cosas, fueron el interesante balance de la corta visita.

A las doce del mediodía estábamos en Monfragüe. Instalamos nuestra tienda en el cámping del mismo nombre. Buscamos un punto que nos pareció bueno, junto a una valla de la periferia. Más allá había unos campos con hiérbajos y algunos árboles, un lugar en el cual presumiblemente a primera hora de la mañana del día siguiente podríamos ver algunas aves.

Volvimos al coche para realizar la visita al parque. Durante la jornada, bajo un calor extremo, pudimos avistar varias cigüeñas negras, buitres leonados, alimoches, águilas culebreras y calzadas, milanos negros y reales, golondrinas dáuricas, un azor y un halcón peregrino, y otras muchas aves más (aunque no hubo suerte con el búho real).

Estuvimos en el Salto del Gitano, un mirador que parece creado para que los ornitólogos puedan disfrutar de los  buitres. Allí el río Tajo está flanqueado por altos acantilados que las rapaces aprovechan para nidificar.

Salto del Gitano


 Este aspecto teníamos en el 2002


A continuación expongo una fotografía de buitre negro. Obsérvese la poca calidad de la imagen. Junto con ésta, las fotos de águila culebrera y de golondrina dáurica que se ilustran más abajo están tomadas todavía con una cámara réflex, con el típico carrete de treinta y seis, lo normal aún en España en el año 2002. Aún no había llegado el boom de las cámaras digitales. Así y todo Carlos poseía una que pudo adquirir en un viaje anterior que realizó a Japón. Con esa cámara se tomaron el resto de fotos que acompañan esta entrada del blog.

Buitre negro (Aegypius monachus)



Visitamos también  el Puente del Cardenal, allí donde el río Tiétar se une al Tajo. Las aguas lucían verdes dotando al paisaje de una belleza espectacular. Desde aquel punto pudimos contemplar cigüeñas negras posadas en una pequeña isla, golondrinas dáuricas descansando en los árboles cercanos, y un zorro que exploraba la orilla del río en busca de algo que llevarse al estómago.

 Puente del Cardenal, construido en el siglo XV.


Confluencia de los ríos Tiétar y Tajo.


 Golondrinas dáuricas (Hirundo daurica)



Exploramos también las dehesas cercanas, pero con menos fortuna. Por desgracia buena parte del paisaje mostraba un aspecto semidesértico, con amplias zonas totalmente desforestadas y aterrazadas. En ellas se movían al descubierto sin embargo algunos ciervos, preguntándose tal vez dónde diablos se habría metido el bosque.

Recuerdo que lo pasamos muy mal con la temperatura. No llevábamos termómetro, pero posiblemente superó los cuarenta grados. Puesto que nos centramos en la búsqueda de aves, no fuimos conscientes de la sed que teníamos hasta que dimos por terminada la exploración y decidimos regresar al cámping. Al llegar nos fuimos directos a una máquina expendedora de refrescos y compramos un par de latas de Coca-cola. Creo que nunca, ni antes ni después, me había entrado tan bien en el cuerpo aquel líquido helado. Y creo que Carlos opina igual.

Hacia las nueve de la noche dimos por cerrada la jornada ornitológica. Cenamos y cuando llegó la noche nos fuimos a descansar. Poco imaginábamos que no lo íbamos a conseguir plenamente.

A cierta hora de la madrugada algo nos despertó. Al principio no supe que era, y Carlos tampoco. ¿Luces? ¿Ruido? Ruido. Mucho ruido. Un sonido extraño y ascendente, que al principio aún medio dormidos nos sorprendió, pero que en cuestión de segundos nos alarmó. El ruido se convirtió en estruendo, y una luz apareció tras la tela de la tienda. Ambos salimos corriendo al exterior, totalmente desorientados.

No había nadie de pie cerca de nosotros, nadie parecía alarmado. Ningún alma del cámping había abandonado su confortable lecho ante la aparición. Estábamos solos, y al parecer todo el mundo seguía durmiendo plácidamente. Eso no importaba ya. Frente a nosotros se alzaba el monstruo. ¿Era un avión estrellándose? ¿O era el fin del mundo, el apocalipsis final, que había llegado? Una jungla de luces sin sentido y tremendas explosiones nos rodeaba por doquier, no existía la noche, solo caos y destrucción. El ruido no se detenía. Era constante y tremendo, indomable, y no daba tregua. Parecía que mis oídos iban a explotar, puede que después de que lo hicieran mi cabeza o mi corazón.

Pero nuestra vista empezó a centrarse. Ahí había algo. Ahí había un orden. Nuestras mentes embotadas se sacudieron el aturdimiento y descubrieron algo. Los ruidos y las luces parecían provenir realmente de un único lado, no nos rodeaban por todas partes. En efecto, los destellos procedían de más allá de la valla del cámping, y además se movían con velocidad en un único sentido. Concretamente de izquierda a derecha. Finalmente lo vimos.

- ¡Un tren! -gritó una voz.

- ¡Un puto tren! -respondió otra.

Eran las nuestras. Nuestras voces indignadas, aliviadas por un lado ante la revelación, pero alteradas todavía por el enorme susto.  ¿De dónde demonios había salido aquel engendro de metal? Cuando plantamos la tienda el día anterior no vimos nada. Solo campos y árboles. ¿Habían construido las vías a medida que se acercaba el tren? Aún pensaba en aquella estupidez cuando ya el convoy se perdía en la lejanía, llevándose con él los truenos de la tormenta mecánica.

Todo se calmó. Incluidos, aunque nos parecía increíble, nuestro corazones desbocados. Regresamos a la tienda todavía alucinados y reconciliamos el sueño sin problemas hasta la mañana siguiente. Estábamos impacientes por poder contemplar el lugar a plena luz del día. Comprobar si había allí una vía o solo campo. Tal vez unos hombres silenciosos estaban retirando ya las vías tras el paso del tren mientras, lejos ya de aquí, otros iban colocándolas frente a la locomotora...

La mañana llegó. El día era hemoso. Nos desperezamos y contemplamos unos bonitos rabilargos que se alimentaban en los campos cercanos. También había raíles. Por increíble que parezca, no los habíamos visto el día anterior. Pero allí estaban. Comprendimos también entonces por qué aquel lado del cámping no estaba tan saturado de tiendas como el resto.

La lección del día es ésta: no durmáis junto a las vías de un tren. El ruido puede resultar ligeramente molesto.

Pero toca hablar de aves. A la movida noche le siguió un calmado día. Las indicaciones  de los entendidos del lugar nos llevaron a la carretera que descendía desde Monfragüe hasta el pueblo de Torrejón el Rubio y que enfilaba hacia Cáceres. Allí, nos dijeron, veríamos águilas imperiales con facilidad. Y así fue. Un precioso adulto cicleaba frente a nosotros, con la pausa suficiente como para que pudiéramos enfocarlo con el telescopio, observarlo a placer y maravillarnos con el blanco del borde de ataque de sus alas. Otros ejemplares descansaban en posaderos a mucha más distancia, y se vislumbraban lo que parecían enormes nidos. Pero por razones de seguridad no entraré en detalles descriptivos ni de ubicación: el águila imperial (Aquila adalberti), tiene el triste honor de ser la rapaz más amenazada del planeta, con solo unos pocos cientos de ejemplares en la península ibérica. Los únicos que quedan.

Le tocaba el turno al elanio azul (Elanus caeruleus). Iniciamos su búsqueda pero no hubo suerte en aquella ocasión. Exploramos los campos con insistencia pero no se dignó aparecer. Avanzamos bastantes kilómetros en dirección a Cáceres, hasta que nos vimos rodeados únicamente por paisajes cerealistas. En todo ese tramo no se mostró la bella rapaz, y tuvimos que conformarnos con una hermosa culebrera posada junto a la carretera, que no era poca cosa.

Águila culebrera (Circaetus gallicus)


No lo sabía entonces, pero un par de años después disfruté del elanio azul en unas circunstancias mucho más envidiables, las que yo llamo "del bimbo perfecto": primera contemplación en la vida, aparición inesperada, identificación indudable, fotografía, y a la postre lo más importante, el disfrute de la observación del ave. Ocurrió en la comarca del Maresme en plena migración otoñal, pero eso es otra historia.

La que nos concierne ahora terminó con un regreso a Barcelona aquel mismo día. Recorrimos el país con nuestro coche con la sensación de haber aprovechado bien el tiempo y de haber cumplido las expectativas. No entraré en detalles porque no ocurrió nada más a destacar en aquella jornada. Aunque ya era difícil que pasara durante el camino de retorno algo que eclipsara ni siquiera parcialmente el que sin duda fue uno de los viajes más fructíferos y divertidos que he vivido, y de los que recuerdo con más cariño.

jueves, 17 de enero de 2013

La gran familia: Pirineo 2013

El día 13 de enero de este hermoso año 2013 hice algo diferente. Por primera vez en toda mi vida fui acompañado al campo por mis dos hermanas (Nieves y Cristina), mis dos cuñados (Ángel y Jordi) y mis cuatro sobrinos (Adrián, Rubén, Jordi y la pequeña Laia). Nunca habíamos salido todos juntos, y de hecho hacía unos treinta años que no habíamos realizado ni siquiera una pequeña salida los tres hermanos.

Éramos, por lo tanto, en total nueve personas. Un número demasiado alto para contemplar aves con tranquilidad. Pero parece ser que los quebrantahuesos no piensan igual. Habíamos decidido acercarnos al Pirineo (a cierto punto del Ripollés pero no voy a entrar en detalles por motivos de seguridad) para tocar un poco de nieve, y nada más aparcar los coches me topé con la inesperada e impresionante sorpresa de que cuatro enormes aves nos sobrevolaban bajas y se perseguían a ras de suelo, ajenas a nuestra presencia.

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)




Quizá tal vez solo mi sobrino Jordi (un pequeño ornitólogo de diez años y un fanático de las rapaces) fuera consciente de lo increíble del avistamiento.

Recuperado del shock inicial, me dispuse a guiar a mis queridos compañeros de excursión por unos prados alpinos tristemente descubiertos de nieve, en una época en la que el cambio climático parece hacerse cada vez más evidente.

El peligroso hielo se cruzaba en nuestro camino de vez en cuando.


No fue un día para disfrutar de la ornitología, si no de la familia. Pero si consideramos como un día no muy bueno aquel en el que vemos cuatro quebrantahuesos juntos (más un bando posterior de treinta y cinco chovas piquirrojas), podemos hacernos una idea de las espectativas que suelo llevar cuando salgo al campo. Digamos que no fue una jornada excelente, si no simplemente buenísima.




Tras un paseo de unas pocas horas en las que pudimos disfrutar también de la observación de algunos rebecos decidimos buscar un sitio para comer. El lugar escogido no pudo ser más acertado: un petirrojo hizo las delicias de la familia bajando a recoger las migas de pan que le lanzábamos.

Rebecos (Rupicapra pyrenaica)


Petirrojo (Erithacus rubecula)


A nivel personal pude añadir también a mi lista algunos lúganos, un escribano montesino y un mirlo acuático.

Un par de días después pude coincidir de nuevo con mi sobrino Jordi. Le pregunté si se lo pasó bien en el Pirineo. Me contestó que sí pero que fue un poco decepcionante que nos fallara el águila real...

Foto de familia.