lunes, 27 de diciembre de 2010

No hubo final feliz.

Me acabo de enterar hace pocos minutos de que el piquero patirrojo (Sula sula) capturado en l'Estartit (véase entrada anterior) no superó el proceso de recuperación post-operatorio y murió el pasado día 23 de diciembre.

Es un muy triste final para un ave que pocas semanas antes se zambullía libre en el Mediterráneo. Pude verle lanzándose desde gran altura para perforar la superficie de las aguas y hacerse con su presa. Pude contemplarle mientras preparaba su plumaje antes de emprender el vuelo matutino, cuando descansaba posado en una embarcación del puerto.

Pero este piquero ya no volará más. Pobre animal.

sábado, 25 de diciembre de 2010

La triste historia del piquero patirrojo

Sula sula: no es el título de una nueva canción del verano. Es el nombre científico del piquero patirrojo, un ave marina tropical no presente en Europa... hasta ahora.

En agosto de este año 2010 un único ejemplar fue avistado en Málaga.

Cuatro meses después, en diciembre, otro ejemplar (¡tal vez el mismo!) fue detectado frente a la costa brava catalana, y el ave decidió afincarse en el puerto de l'Estartit. Gracias a internet la noticia corrió como la pólvora y decenas de ornitólogos de varios países se acercaron hasta allí para conseguir el "bimbo" del año.

La ornitosecta no fue una excepción. Me enteré de la presencia del ave el día 7 de diciembre por la tarde. No hizo falta más. Un par de llamadas, algunos mails... Al día siguiente, el miércoles 8, Cristina, Dani, el joven Adrián y un servidor nos poníamos en marcha para buscar a la megarareza.

Llegamos a l'Estartit hacia las diez de la mañana, y como suele ser habitual en estos casos, llegamos, vimos y vencimos.

Piquero patirrojo (Sula sula)




Ornitólogos babeando con el avistamiento.

Tras disfrutar del Sula durante un buen rato nos fuimos a celebrarlo a un bar cercano. Y a la media hora, con el estómago algo más lleno regresamos de nuevo al punto de observación para seguir gozando del ave.

Ornitosecta, despertacata!

Pero resultó que justo en esos momentos se había marchado a pescar a las Illes Medes. Así que tuvimos que caminar unos cien metros para llegar a un mirador que daba directamente al mar. Tras el agotador paseo plantamos los "catas" y ¡bingo! ¡Un Sula sula pescando!

Vista de las Illes Medes.

Resumiré la jornada añadiendo que nos pusimos "moraos" de piquero, y que una vez satisfechas nuestras ansias bimberas en cuanto a rarezas se refieren, nos desplazamos hasta la cercanísima sierra del Montgrí para que Dani y Adrián pudieran añadir a sus listas una de las aves más espectaculares de la fauna ibérica: el búho real (Bubo bubo). Para Dani este especie está maldita. En cambio Adrián aún es demasiado joven como para tener "especies malditas".

Sin embargo el búho no se dejó ver, aunque pudimos oírlo durante una hora larga.

Infructuosa espera del "duc".


Al día siguiente, jueves, continúe siguiendo vía internet las peripecias del piquero, y descubrí asombrado que había desaparecido. Partió volando pasadas las nueve de la mañana para no volver más.

Pero contra todo pronóstico dos semanas después llegaron nuevas y tristes noticias. El ave había regresado al mismo puerto de l'Estartit pero en mal estado: tenía un anzuelo clavado en el interior de la boca. Para intentar salvarle la vida se decidió su captura y traslado al Centre de Recuperació de Fauna Salvatge, situado en Torreferrussa, donde se descubrió que tenía dos anzuelos más en el estómago.

Operaron al ave y en estos momentos, ya a finales de mes, se encuentra recuperándose de manera satisfactoria. Pero aún queda por hacer algo más difícil de lo que parece: devolverlo a la libertad y que el animal consiga sobrevivir. Necesita pescar para alimentarse, y no está muy claro que consiga regresar a la vida salvaje sin problemas tras pasar tantos días en cautiverio, sin un plumaje en óptimas condiciones y con una cicatriz en el cuerpo.

Pero un equipo de profesionales está trabajando para que las cosas salgan bien, y la esperanza es siempre grande.

La gente es más o menos conocedora de algunos de los problemas que tienen las especies marinas para sobrevivir: tortugas que mueren asfixiadas al tragarse bolsas de plástico creyendo que son medusas, delfines y otras especies de animales que mueren atrapados en redes de pesca que no estaban destinadas a ellos, destrucción de la costa, manchas de petróleo, recursos agotados... los anzuelos perdidos son sólo un enemigo más a intentar esquivar por los habitantes del medio marino.

Sirva este pequeño relato de las andanzas del piquero de l'Estartit para recordarnos esos problemas, y así al menos su sufrimiento habrá aportado algo más que consternación a todos los ornitólogos que lo hemos visto libre, volando, pescando. Sé que este blog lo lee muy poquita gente, pero nunca está de más aportar otro granito de arena.

Veremos cómo termina esta curiosa historia del piquero de patas rojas. La narración de sus andanzas es también la narración de los problemas de la vida marina. Por desgracia, aunque el ave sobreviva no estaremos seguros de que sea una historia con final feliz mientras sigan pendiendo tantas amenazas sobre el mar.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Finlandia-Noruega 2007 (parte 18): final

12 de julio del año 2007 de nuestra era.

Odín está con nosotros.

El alba llegó, y los dioses nos fueron propicios. Largas fueron las carreteras de Finlandia, pero al final de nuestro trayecto pudimos alzar nuestros prismáticos al cielo. Porque a un auténtico ornitosectario no podía esperarle más que ese final. Vencer o morir. El honor por el bimbo conseguido nunca podrá ser mancillado por el error o la tardanza en la identificación.

Nos hallábamos los tres frente a nuestra pequeña tienda de campaña, recién levantados, contemplando a un ave que a diferencia de la jornada anterior esta vez sí se dejó fotografiar: el piquituerto lorito (Loxia pytyopsittacus). Cuenta la leyenda que tres son las aves de nombre peculiar que los guerreros de los prismáticos deben observar al menos una vez en su vida. Y estas son el piquituero lorito, el camachuelo trompetero y el chorlito carambolo. Largo habrá sido el recorrido para aquel que complete la trilogía graciosa. Y nuestro recorrido en tal hazaña había sido completado en la primera de sus partes si éste es dividido en tres.

Piquituerto lorito (Loxia pytyopsittacus)
Complacidos nuestros espiritus decidimos partir por fin hacia el sur. Así fue pues que Jordi condujo a Daniel y Cristina montados en el gran dragón rojo de cuatro ruedas hasta los lagos y ciénagas del Parque Nacional de Tiilikkajärvi. Fueron trescientos kilómetros recorridos con pesar por la proximidad del fin de nuestra expedición, pero también con jovialidad ante la posibilidad de descubrir más sorpresas en aquel nuevo lugar a visitar.


Llegamos por la tarde. Los reflejos de las aguas a la luz del sol bajo nos cautivaron. El astro se cernía en el horizonte llenando de dorados los bosques, y estos tenían su imagen gemela en los lagos pulidos como espejos. Nunca antes ojos humanos habían contemplado superficie más bella y delicada, y su recuerdo quedó grabado en nuestras retinas para regocijo de nuestra vejez.

Estos divertidos carteles informaban a los visitantes.En aquel lugar hallamos una presa construida por castores, pero no pudimos ver ni uno solo, y el agua acumulada nos impidió seguir por el camino que queríamos explorar. Así que tomamos otra dirección y recorrimos una larga lengua de tierra cubierta de altos árboles, que acababa muriendo en el centro de uno de los grandes lagos.

Ranas y sapos surgieron a nuestro paso, y nosotros saludamos a las criaturas del bosque.

They're taking the hobbits to Isengard!
Árboles ahogados por la presa de los castores.

Dani y Jordi contemplan un gran hormiguero.

El frío intenso hace brotar la bruma en la superficie de las aguas.

Reflejos al atardecer.
Ya de noche hallamos algunos anfibios, como este sapo.

Pero la oscuridad lo acabó llenando todo y tuvimos que regresar a refugiarnos bajo las alas de nuestro dragón. Montamos en él y nos fuimos en la noche para ganar más terreno hacia el sur, antes de que el nuevo y último día llegara. Ante nosotros, bajo las negrura corrían las liebres. Entre la poca luz celestial divisamos una chocha perdiz (Scolopax rusticola) que gritaba a las tinieblas. ¡Negrura! ¡Tinieblas! ¿Dóndo estuvistéis durante tantos días? Ya habíamos perdido la costumbre.

Daniel, el que guarda los libros, contempló a la becada. El ornitosectario dijo unas palabras, y fueran éstas: que se sentía agraciado pues nunca antes había contemplado semejante animal.

Reanudamos nuestra marcha, pero tuvimos que detenernos algunos cientos de kilómetros más adelante para dormir un poco. Pero al avanzar de nuevo decidimos hacer aún una última parada para disfrutar por última vez del mundo del norte. Era ya el nuevo día, pero también el último. Fue el 13 de julio del 2007, y esa fecha es recordada aún en nuestros tiempos, y lo será aún durante mil años más.

Escudriñamos el paisaje. Descubrimos algunos somormujos cuellirrojos (Podiceps grisegena) y unos charranes comunes (Sterna hirundo) junto a nuestra vía. Pero nuestra sed de mundo no estaba saciada y aún queríamos más. Nos desviamos unos kilómetros para realizar nuestro último paseo.

Somormujos cuellirrojos (Podiceps grisegena)


Llegamos a las orillas de un gran lago. Una pareja de águilas pescadoras (Pandion haliaetus) había construido su nido en lo alto de un gran árbol. Y en el camino que nos llevó hasta aquellas aguas nos entretuvo tanto rato una víbora que a punto estuvimos de perder más tiempo del que podíamos, lo cual habría tenido nefastas consecuencias: en Vantaa nos esperaba un gran dragón alado que debía llevarnos surcando los aires hasta las tierras ibéricas. Pero estos dragones alados no son gustosos de esperar, y sin duda habría partido sin nosotros de haber dedicado unos minutos más al bífido reptil.

Así las gastan los finlandeses.
Las gaviotas canas (Larus canus) nadaban en el lago.Águilas pescadoras (Pandion haliaetus)
Una víbora (Vipera veris) con cara de pocos amigos y una bonita pupila vertical.





¡La ornitosecta!


Montados en nuestro dragón rojo nos pusimos de nuevo en marcha por última vez. ¡Pero no! Porque a los pocos metros Jordi señaló a unas aguas a la derecha. Junto a una orilla no muy lejana flotaban dos cisnes cantores (Cygnus cygnus). Allí sacarían adelante su nidada, en plataformas acuáticas hechas de barro, de plantas, y de muchas ramas y otros curiosos materiales. Su visión fue el último regalo que Finlandia nos ofreció.

Cristina, la que estudia el mundo, se sintió agraciada ante la visión de los cisnes. La ornitosectaria dijo unas palabras, y fueron éstas: que nunca antes había contemplado semejante animal, y que el bimbo se había forjado en ella.

Los dioses complacidos nos habían otorgado unos gloriosos minutos finales en las sagradas tierras que los vieron nacer.

Con el corazón encogido nos marchamos. Llegamos puntuales al punto final de nuestro viaje. Nos despedimos del dragón rojizo que nos había llevado a hombros durante 4000 kilómetros, y saludamos al gran dragón de plata que debía transportarnos bajo el cobijo de sus alas hasta tierras muy lejanas, allá hacia el sur, donde ningún arrendajo de funestos augurios puso pie jamás.

Jordi, el que guía dragones, ha dicho unas palabras, y son éstas: que en la historia de la ornitosecta está contenida la historia de un viaje por las tierras del norte, y que se siente agraciado por ello.

Hail, tierras del norte. Los que jamás os olvidarán os saludan en su partida y os llevan en el corazón, ardientes como los carbones de las hogueras de los sami en una noche de talvi en enero.

Mar de nubes.Un poco de frío en el exterior: -57ºC.
Nuestro querido planeta.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Finlandia-Noruega 2007 (parte 17): Kuusamo

Martes, 10 de julio del año 2007. Los días habían pasado a gran velocidad, intensos y repletos de momentos inolvidables.

Éramos conscientes de que el viaje se aproximaba a su fin. Sin embargo aún estábamos en Finlandia y Kuusuamo prometía grandes aventuras. Aunque lo cierto es que debo ser sincero: nos decepcionó, pero no me cabe duda de que los culpables fuimos nosotros. Un mal conocimiento de la zona nos privó de disfrutar más de maravillosas especies animales durante el día y medio que pasamos allí.

Así y todo, sabiendo que pudo haber sido mejor, no puedo quejarme en absoluto.

Desde el cámping en el que cual nos habíamos instalado partían algunos itinerarios a pie y decidimos recorrer los bosques cercanos. El lugar tenía muy buena pinta, pero no disponíamos de mucho tiempo, pues la tarde ya estaba muy avanzada. El paseo nos sirvió para tener una primera toma de contacto con aquella zona del Parque Nacional de Oulanta

La gran masa forestal de enormes abetos saturados de musgos y líquenes nos cautivó. Regados por innumerables arroyos, charcas y ciénagas, y poblados por millones de mosquitos, los bosques de Kuusuamo nos trasladaron a la antigüedad, cuando el hombre era uno más entre todos los habitantes del planeta. Depredador para unos, presa para otros. Pero aquella selva de coníferas también sugería la existencia en otros tiempos de compañeros de aventuras para los hombres: gnomos, brujas, magos, dragones, hadas, elfos y otros seres fantásticos se hacían creíbles entre las húmedas nieblas y los verdes árboles de Oulanta.

Sin embargo no fueron hadas ni elfos lo que vimos allí, si no apenas algunos ejemplares de nuestros amigos, los arrendajos funestos (Perisoreus infaustus).

De vuelta al cámping Dani y yo no podíamos dejar pasar la oportunidad de probar la sauna finlandesa, y así lo hicimos. Media hora achicharrándonos, y luego zambullida en las heladas aguas de un lago cercano. Una maravillosa sensación, mucho menos extrema de lo que pueda parecer: el contraste entre temperaturas se soporta con suma facilidad, siendo de lo más gratificante.

Dormimos los tres en nuestra tienda de campaña a la espera del nuevo día. Y el 11 de julio llegó. Era la antepenúltima jornada de nuestro periplo por tierras norteñas.

La jornada se inició con un gran bimbo en el mismo cámping: un piquituerto lorito (Loxia pytyopsittacus). Hubo un gran alborozo entre la ornitosecta. Después del éxtasis de Varanger parecía que Finlandia se resistía a ofrecernos algunas de sus joyas zoológicas, pero tal vez las cosas volvieran a su cauce.

Intentamos de nuevo el itinerario de la tarde anterior, esta vez con algo más de suerte: los grévoles (Bonasa bonasia) nos fascinaron. Una hembra y sus pollos se dejaron ver a placer (aunque esto fue gracias a nuestro extremo silencio y lentitud al movernos). El premio gordo se lo llevó Dani, que vio a un gran macho de urogallo (Tetrao urogallus) alzar el vuelo y alejarse. Yo iba unos metros más atrás y tan solo vi una gran sombra negra que armando un gran alboroto pasó tras los árboles, y que al momento identifiqué también como macho de urogallo.

Continuamos avanzando hasta completar el recorrido. El sendero trazaba un círculo atravesando los bosques y regresaba al punto de partida. Hacia medio camino lindaba con un lago en el que nadaban algunos porrones osculados (Bucephala clangula) y una serreta chica (Mergus albellus).

También hallamos una rana, no identificada.
Dani y Cristina cansados de tanto bimbar.Un hermoso rincón del parque nacional.
Puesto que ya habíamos concedido algunas horas de la tarde anterior y unas cuantas de aquella mañana a aquellas espesuras decidimos probar suerte en otro punto cercano en el cual se suponía había posibilidades de ver coliazul cejiblanco (Tarsiger cyanurus). Nos desplazamos hasta allí con el coche y ascendimos a pie unas laderas boscosas, pero no tuvimos suerte. Sin embargo unos preciosos camachuelos (Pyrrhula pyrrhula) nos alegraron la mañana con sus hermosos y brillantes colores. La vista tampoco carecía de encanto: grandes extensiones de bosques salpicadas de innumerables lagos se extendían a nuestros pies, y a lo lejos contemplábamos las tierras de lo que seguramente ya era la colindante Rusia.

Autoretrato de un servidor, Jordi. Ya aparecen las arrugas.

La tarde la dedicamos precisamente a explorar uno de aquellos lagos, aunque éste se hallaba en el lado contrario, a poniente. Con nuestro vehículo recorrimos la llanura que nos llevaba hasta una gran extensión de agua cercana a una carretera y rodeada asímismo de más bosques.

Los colimbos árticos (Gavia arctica) gritaban con estridencia y los alcotanes (Falco subbuteo) les sobrevolaban. Gaviones (Larus marinus), gaviotas canas (Larus canus), gaviotas reidoras (Larus ridibundus), porrones osculados (Bucephala clangula) y algunas otras especies completaban la avifauna del lugar.

La espectacular transparencia del agua nos dejaba atónitos.


Hembra de porrón osculado (Bucephala clangula).
Las tranquilas aguas del lago.
Quizá el único "pero" del día fueron las muchas horas perdidas conduciendo, tratando de encontrar los mejores lugares para observar aves (sin mucha fortuna, hay que admitirlo). Finalmente regresamos al cámping para cenar con tranquilidad y descansar. Al día siguiente abandonaríamos Kuusamo y viajaríamos hacia el sur: 800 km nos separaban de Helsinki y el aeropuerto de Vantaa. Nos quedaba una jornada y media para recorrerlos y en la medida de lo posible observar algunas aves más.

Conduciendo hacia el cámping nos topamos como todos los días con los renos finlandeses.




Reflejos en las aguas colindantes al cámping.
Nuestra espectacular cena.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Ayuda para identificar

We need your help! Today we have seen this bird in l'Espinal (Catalonia, Spain) and we don't know what species is! It was smaller than the honey buzzard (Pernis apivorus). It seems perhaps a strange black-shouldered kite (Elanus caeruleus), but we are not sure at all.

Necesitamos vuestra ayuda. Hoy domingo 26 de septiembre, en l'Espinal (cerca de Argentona, provincia de Barcelona) hemos visto una rapaz que viajaba junto a dos abejeros europeos (Pernis apivorus), pero que era sensiblemente menor que ellos y que no nos ha cuadrado con ninguna otra especie conocida. En todo caso su forma y tamaño se aproximan a la de un elanio (Elanus caeruleus), pero al parecer no así el plumaje.

domingo, 29 de agosto de 2010

Finlandia-Noruega 2007 (parte 16): Peurasuvanto y Petkula

Tras descansar unas horas en el coche iniciamos la jornada del 10 de julio y continuamos con nuestro periplo en dirección sureste. El día estaba nublado y presagiaba aguaceros.

Llegamos a Peurasuvanto, y allí nos detuvimos para contemplar un nido de águila pescadora (Pandion haliaetus). Empezaron a caer gotas en aquel momento. Los adultos descansaban en la gran plataforma de ramas, soportando la lluvia que caía con insistencia.



Ya habíamos pasado por Peurasuvanto a la ida, pero desconocíamos la existencia del nido. Un ornitólogo nos había "chivado" en Varanger la presencia de las aves. Las águilas se podían observar desde la misma terraza de un bar que era a un tiempo tienda de recuerdos, y en la cual hicimos algo de gasto, adquiriendo algunas camisetas, contribuyendo así un poco a mantener la economía local.

Nuestro siguiente punto de destino fue Petkula, situado un poco más al sur. Allí, en una zona inundada, teníamos planeado avistar correlimos falcinello (Limicola falcinellus), pero la lluvia caía en aquellos momentos con más fuerza que nunca, y a pesar de nuestros intentos tuvimos que desistir del paseo por la ciénaga y regresar al coche. Eran nefastas novedades: descargaba con ganas y no parecía que fuera a mejorar.

Con aire apesadumbrado abandonamos el lugar. Sabíamos que posiblemente había sido la última oportunidad de ver a aquella ave, y que por lo tanto nos iríamos de Finlandia sin poderla anotar en nuestros cuadernos de campo. El día lluvioso no ayudaba a mejorar el estado de ánimo, pero así y todo sabíamos que Kuusamo, el gran parque del este de Finlandia, nos aguardaba con más sorpresas. Dedicimos utilizar las horas de mal tiempo para avanzar kilómetros y llegar hasta allí.

Había bastante distancia de por medio, y en uno de los respiros que nos dio la lluvia nos detuvimos para estirar las piernas y fotografiar una de las cabañas típicas del pueblo lapón, una solida construcción de troncos que, previo encendido de una fogata en su interior, permitía a estas gentes sobrevivir durante el durísimo invierno ártico.


Sin embargo el mal tiempo no se daba muchos descansos y tuvimos que pasar prácticamente toda aquella jornada conduciendo. Varias horas después llegamos a Kuusamo. Un hermoso arcoiris fue la señal que nos indicó el final de las lluvias. El día se abrió ante nosotros en más de un sentido mientras nos instalábamos en el cámping que iba a ser nuestro centro de operaciones durante lo que quedaba de aquella jornada y la siguiente.