domingo, 5 de diciembre de 2010

Finlandia-Noruega 2007 (parte 18): final

12 de julio del año 2007 de nuestra era.

Odín está con nosotros.

El alba llegó, y los dioses nos fueron propicios. Largas fueron las carreteras de Finlandia, pero al final de nuestro trayecto pudimos alzar nuestros prismáticos al cielo. Porque a un auténtico ornitosectario no podía esperarle más que ese final. Vencer o morir. El honor por el bimbo conseguido nunca podrá ser mancillado por el error o la tardanza en la identificación.

Nos hallábamos los tres frente a nuestra pequeña tienda de campaña, recién levantados, contemplando a un ave que a diferencia de la jornada anterior esta vez sí se dejó fotografiar: el piquituerto lorito (Loxia pytyopsittacus). Cuenta la leyenda que tres son las aves de nombre peculiar que los guerreros de los prismáticos deben observar al menos una vez en su vida. Y estas son el piquituero lorito, el camachuelo trompetero y el chorlito carambolo. Largo habrá sido el recorrido para aquel que complete la trilogía graciosa. Y nuestro recorrido en tal hazaña había sido completado en la primera de sus partes si éste es dividido en tres.

Piquituerto lorito (Loxia pytyopsittacus)
Complacidos nuestros espiritus decidimos partir por fin hacia el sur. Así fue pues que Jordi condujo a Daniel y Cristina montados en el gran dragón rojo de cuatro ruedas hasta los lagos y ciénagas del Parque Nacional de Tiilikkajärvi. Fueron trescientos kilómetros recorridos con pesar por la proximidad del fin de nuestra expedición, pero también con jovialidad ante la posibilidad de descubrir más sorpresas en aquel nuevo lugar a visitar.


Llegamos por la tarde. Los reflejos de las aguas a la luz del sol bajo nos cautivaron. El astro se cernía en el horizonte llenando de dorados los bosques, y estos tenían su imagen gemela en los lagos pulidos como espejos. Nunca antes ojos humanos habían contemplado superficie más bella y delicada, y su recuerdo quedó grabado en nuestras retinas para regocijo de nuestra vejez.

Estos divertidos carteles informaban a los visitantes.En aquel lugar hallamos una presa construida por castores, pero no pudimos ver ni uno solo, y el agua acumulada nos impidió seguir por el camino que queríamos explorar. Así que tomamos otra dirección y recorrimos una larga lengua de tierra cubierta de altos árboles, que acababa muriendo en el centro de uno de los grandes lagos.

Ranas y sapos surgieron a nuestro paso, y nosotros saludamos a las criaturas del bosque.

They're taking the hobbits to Isengard!
Árboles ahogados por la presa de los castores.

Dani y Jordi contemplan un gran hormiguero.

El frío intenso hace brotar la bruma en la superficie de las aguas.

Reflejos al atardecer.
Ya de noche hallamos algunos anfibios, como este sapo.

Pero la oscuridad lo acabó llenando todo y tuvimos que regresar a refugiarnos bajo las alas de nuestro dragón. Montamos en él y nos fuimos en la noche para ganar más terreno hacia el sur, antes de que el nuevo y último día llegara. Ante nosotros, bajo las negrura corrían las liebres. Entre la poca luz celestial divisamos una chocha perdiz (Scolopax rusticola) que gritaba a las tinieblas. ¡Negrura! ¡Tinieblas! ¿Dóndo estuvistéis durante tantos días? Ya habíamos perdido la costumbre.

Daniel, el que guarda los libros, contempló a la becada. El ornitosectario dijo unas palabras, y fueran éstas: que se sentía agraciado pues nunca antes había contemplado semejante animal.

Reanudamos nuestra marcha, pero tuvimos que detenernos algunos cientos de kilómetros más adelante para dormir un poco. Pero al avanzar de nuevo decidimos hacer aún una última parada para disfrutar por última vez del mundo del norte. Era ya el nuevo día, pero también el último. Fue el 13 de julio del 2007, y esa fecha es recordada aún en nuestros tiempos, y lo será aún durante mil años más.

Escudriñamos el paisaje. Descubrimos algunos somormujos cuellirrojos (Podiceps grisegena) y unos charranes comunes (Sterna hirundo) junto a nuestra vía. Pero nuestra sed de mundo no estaba saciada y aún queríamos más. Nos desviamos unos kilómetros para realizar nuestro último paseo.

Somormujos cuellirrojos (Podiceps grisegena)


Llegamos a las orillas de un gran lago. Una pareja de águilas pescadoras (Pandion haliaetus) había construido su nido en lo alto de un gran árbol. Y en el camino que nos llevó hasta aquellas aguas nos entretuvo tanto rato una víbora que a punto estuvimos de perder más tiempo del que podíamos, lo cual habría tenido nefastas consecuencias: en Vantaa nos esperaba un gran dragón alado que debía llevarnos surcando los aires hasta las tierras ibéricas. Pero estos dragones alados no son gustosos de esperar, y sin duda habría partido sin nosotros de haber dedicado unos minutos más al bífido reptil.

Así las gastan los finlandeses.
Las gaviotas canas (Larus canus) nadaban en el lago.Águilas pescadoras (Pandion haliaetus)
Una víbora (Vipera veris) con cara de pocos amigos y una bonita pupila vertical.





¡La ornitosecta!


Montados en nuestro dragón rojo nos pusimos de nuevo en marcha por última vez. ¡Pero no! Porque a los pocos metros Jordi señaló a unas aguas a la derecha. Junto a una orilla no muy lejana flotaban dos cisnes cantores (Cygnus cygnus). Allí sacarían adelante su nidada, en plataformas acuáticas hechas de barro, de plantas, y de muchas ramas y otros curiosos materiales. Su visión fue el último regalo que Finlandia nos ofreció.

Cristina, la que estudia el mundo, se sintió agraciada ante la visión de los cisnes. La ornitosectaria dijo unas palabras, y fueron éstas: que nunca antes había contemplado semejante animal, y que el bimbo se había forjado en ella.

Los dioses complacidos nos habían otorgado unos gloriosos minutos finales en las sagradas tierras que los vieron nacer.

Con el corazón encogido nos marchamos. Llegamos puntuales al punto final de nuestro viaje. Nos despedimos del dragón rojizo que nos había llevado a hombros durante 4000 kilómetros, y saludamos al gran dragón de plata que debía transportarnos bajo el cobijo de sus alas hasta tierras muy lejanas, allá hacia el sur, donde ningún arrendajo de funestos augurios puso pie jamás.

Jordi, el que guía dragones, ha dicho unas palabras, y son éstas: que en la historia de la ornitosecta está contenida la historia de un viaje por las tierras del norte, y que se siente agraciado por ello.

Hail, tierras del norte. Los que jamás os olvidarán os saludan en su partida y os llevan en el corazón, ardientes como los carbones de las hogueras de los sami en una noche de talvi en enero.

Mar de nubes.Un poco de frío en el exterior: -57ºC.
Nuestro querido planeta.

1 comentario:

  1. Que pasada de fotos!!!, me alegro de que os fuera tan bien, aunque no sabia yo que mi hermano supiera llevar dragones y menol los rojos que son los más difíciles de llevar :-P

    ResponderEliminar