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Viaje al Atlántico: Canarias y Salvajes, parte 7

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11 de septiembre del 2010: Los miembros de la expedición nos despertamos en el Mojo Picón. Pusimos rumbo hacia la Selvagem pequeña, y recorrimos las pocas millas que separaban las dos islas en poco tiempo, en grata compañía  de pardelas cenicientas, petreles de Bulwer y de las primeras pardelas chicas ( Puffinus assimilis ) que veíamos en nuestro viaje. "¡Yo controlo, yo controlo!", dije antes de que nos estrelláramos.    Adiós Salvaje Grande. Hola Salvaje Pequeña. Fondeamos cerca de una playa, y con nuestra pequeña lancha tomamos tierra. Los dos guardas del lugar nos acompañaron en nuestro recorrido mientras nos mostraban las delicias y maravillas que el pequeño archipiélago nos reservaba. El hogar de los dos guardas de la isla. Los guardas han de ser tan autosuficientes como puedan porque apenas reciben visitas. La energía solar es imprescindible. En caso de tormenta han de subir al punto más alto de la isla (el faro) y cru...

Viaje al Atlántico: Canarias y Salvajes, parte 6

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La noche fue muy larga. Dani agonizaba en su litera. Yo intenté acostarme. Resistí un rato y finalmente me levanté para vomitar. Decidí pasar de pie en cubierta todo el tiempo que pudiera aguantar. Así que salí a la noche atlántica y gocé de las espectaculares estrellas fugaces, convirtiéndome así en vigía. Tras horas de paseo nocturno vislumbré en la lejanía el faro de Salvajes. Di el aviso a Arturo, el patrón, y éste lo confirmó. Tiempo después, con noche aún cerrada, el barco anclaba en las cercanías de Salvaje Grande y yo me estiraba en mi litera para intentar descansar un rato. Con las máquinas detenidas, la mansedumbre del camarote fue una bendición para mi cuerpo agotado tras días de desgaste. Dani yacía en la litera de arriba. Estaba preocupado por él. No se movía ni producía ningún tipo de ruido. Pensé que no debía alarmarme, pero lo hice... un poco. Hasta que al cabo de un rato le oí gruñir por la nariz. Yo también respiré. Y por supuesto, me dormí. El día amaneció con el p...