sábado, 9 de septiembre de 2017

Papa

Como siempre, me ha costado un poco trepar pero ya estoy arriba. Mis piernas y brazos aún algo cortos no son muy útiles para llegar a las ramas más lejanas, pero mi ligero peso y la agilidad de mi cuerpo son ideales para encaramarse a lo más alto del castaño. Se trata de un árbol fuerte cercano a la casa de la bruja, en lo alto de la montaña de los castaños.

Los niños no debemos acercarnos a la casa de la bruja, nos recuerdan de vez en cuando los mayores. Es peligrosa. Vivió una bruja allí y tal vez aún lo haga. Quién sabe lo que podría hacerle a los niños que traspasan los muros de su vivienda. Sin embargo ningún mayor dijo nada de no trepar a los árboles cercanos.

Desde allí contemplo un paisaje familiar: el bosque... mi bosque. Mis árboles favoritos. Mi amiga la naturaleza. Ese mundo maravilloso que se abre ante mí y que aún debo descubrir casi por completo. Me intrigan los secretos de aquel paraje alejado de los hombres. El silencio me envuelve. Pero no es total, la brisa mece las brillantes hojas y las risueñas aves cantan por ahí cerca.

Me acomodo en el árbol, seco y áspero. El sol del verano tardío calienta mi rostro. Estoy a gusto. Siempre lo estoy cuando vago solo por el bosque. Abrazo la rama y contemplo el paisaje... por el rabillo del ojo percibo algo. Un pajarillo se ha posado cerca de mí y me mira. O más bien me estudia. Yo quedo fascinado. Tiene el pecho amarillo y las plumas de su espalda son azuladas. Una cara blanca aparece surcada por lo que parece un pequeño antifaz negro. Que combinación de colores más bonita.

Yo, por supuesto, no lo sé todavía, pero acabo de vivir un momento mágico en mi vida que se me va a quedar grabado en la mente para siempre. Seguro que los años han distorsionado algo el recuerdo, pero no lo suficiente.

Tiempo después, tal vez años (lo que le pareció a mi yo de la infancia), tal vez meses (lo que seguramente fue), hojeando un libro de ciencias naturales en casa descubro algo impresionante.

- ¡Herrerillo común!

Ahí está. Mirándome otra vez, ahora desde las páginas de un libro. No hay duda. Aquel dibujo hacía honor al ave que me miraba desde la ramita de un castaño. "Vaya herrerillo grande hay aquí posado", pensaría el párido cuando topó conmigo. El que yo veía ahora en las páginas del libro parecía pensar lo mismo. La distribución de colores era justo la de aquel duendecillo que vi en el bosque, aquel pícaro animalito que me miraba con sus ojitos relucientes, brillantes como perlas negras, y tuve una revelación. Una auténtica revelación. ¡Era posible identificar a los animales gracias a los libros! Para mi total gozo, ¡alguien se había tomado la molestia de estudiarlos y plasmarlos en sus páginas!

Mi vida cambió. Más adelante descubrí que había libros aún más especializados. E incluso algunos que recomendaban como estudiar a los animales en su entorno: parecía adecuado hacerse con unos prismáticos y tomar notas. Se empezó a forjar el naturalista de campo que quizá todos los niños lleven dentro.

Pasó el tiempo y allí mismo, en las montañas de la Serra del Corredor, a unos kilómetros del pueblo de Vallgorguina, descubrí al garrulo arrendajo, al escandaloso pito real, al asustadizo mirlo y a muchos otros más habitantes de la floresta.

Pasábamos los fines de semana y el verano en una masía situada en medio del bosque. Al principio fue Can Saleras, desde mi nacimiento en 1972 hasta que cumplí tal vez cuatro o cinco años. No teníamos luz eléctrica (usábamos quinqués de aceite y linternas), ni gas (se cocinaba con leña o con bombonas de butano) ni teléfono. El agua procedía directamente de una mina cercana.

A esa corta edad me trasladaron a Can Burget, la casa vecina situada unos cien metros más abajo, y allí terminé de pasar mi infancia siguiendo la misma fórmula: fines de semana y el verano. No estoy seguro de hasta qué época estuve allí, pero probablemente cumplí allí los once o doce años.



Descubrí en aquel bosque la diferencia entre sonidos agudos y graves. Un libro decía que el canto del cárabo era agudo, y yo andaba como loco por ver búhos del tipo que fuera. Había oído en muchas ocasiones unos gritos agudos en árboles, sin llegar nunca a identificar al emisor. Lo curioso es que siempre se oían de día. Una tarde me puse a trabajar en serio. Caminé de la manera más sigilosa posible para aproximarme a un ave que insistía con su canto en un árbol cercano. La oía casi delante de mí. Pero por mucho que miré no vi nada más que una paloma torcaz que alzó el vuelo. Tal vez asustada por mí, tal vez asustada por el cárabo, animal éste que se camufla muy bien entre las ramas de los árboles.

Esperé en silencio. El cárabo cantó algo más lejos. ¡Se había movido! Repetí la operación con toda la paciencia de la que un naturalista es capaz. El resultado fue que volví a espantar a una paloma torcaz. Algo se retorció en mi cerebro. El método científico no dejaba  muchos cabos sin atar. Al parecer, lo que yo tomaba por un cárabo era una paloma torcaz. Pero mi guía de aves decía que la torcaz tenía un canto grave no agudo. ¿Estaba, entonces, mi creencia de lo que era agudo y grave, trastocada? Así era. Gracias a unas grabaciones que adquirí años después (el Walkbird, dos cintas de cassete con los cantos de las aves de Europa) corroboré lo que ya sabía para entonces: el canto de la paloma torcaz es grave.

¿Cuántos naturalistas y ornitólogos compartimos infancias semejantes? Supongo que muchos.

Nunca agradeceré lo suficiente a mi padre, miembro de los Montañeros de Aragón, que me llevara de pequeño al paraíso, que me diera semejante oportunidad: la de crecer en lo que para mí era el mejor mundo que pude haber tenido para vivir mi infancia. Y que me diera libertad absoluta de movimientos, desde que desayunaba por la mañana hasta la cena por la noche. El bosque era mío, y las escurridizas lagartijas, que dejaban caer su cola cuando intentaba capturarlas... las espectaculares salamandras bicolores, el perezoso sapo que aparecía todas las noches bajo la ventana...

-¿Cómo se llamaba?-preguntaba mi padre.
Cipriano- decía yo a veces, -Mariano-, decía otras, e invariablemente mi padre contestaba siempre de manera afirmativa.
- Ah, sí, Mariano...

Agresivas mantis religiosas, esquivos saltamontes, que salían disparados como si una minúscula catapulta los hubiera usado como munición, hermosas mariquitas de color rojo sangre y punteadas con tinta negra, pacientes caracoles, cuya lentitud les impedía escapar a la mirada y al acoso de un niño impertinente... aquel ejército de seres, todos ellos y muchos más se convirtieron en mis confidentes y mis amigos.

Todo empezó gracias a él. Mi padre amó las montañas. Mi padre, que se emocionaba como un niño cuando respiraba el aire puro de las mañanas... que recogía leña, que presumía de lo buenas que estaban las tostadas hechas sobre las brasas de la hoguera. Que iba a buscar troncos a la leñera para alimentar aquel mismo fuego cuando anochecía y la oscuridad me aterrorizaba. Que me reñía por leer con una pequeña luz hasta tan tarde... Que se asustó y corrió mucho, muchísimo, cuando le dije que un niño había caído en la balsa y se podía ahogar... Mi padre, que era humano y cometía errores y aciertos. Al final resultó que tenía tantos miedos como yo. Y que no era inmortal.



Mi madre, la amante de los animales hizo el resto. No hay palabras suficientes para describir ni la influencia maravillosa que tuvieron ambos sobre mí ni lo agradecido que estoy a los dos por la vida que me han dado.

Buen hombre, has ido tras tu mujer. Se fue poco antes que tú y no has querido vivir sin ella.

Descansa en paz papa, descansa en paz caballero. Gracias por haberme convertido en lo que soy. Yo estoy orgulloso de ti. Te quiero. Os quiero.

lunes, 15 de mayo de 2017

Un pequeño estudio de la migración post-nupcial en la ciudad de Barcelona

Como se ha visto en entradas anteriores durante septiembre, octubre y noviembre del 2016 dediqué varias jornadas a la observación de las aves que sobrevuelan Barcelona en su viaje hacia el sur durante la migración otoñal, viaje que les ha de llevar hasta zonas más meridionales de la península ibérica y en la mayoría de los casos hasta África.

En años anteriores también realicé este seguimiento pero el esfuerzo fue bastante inferior, aunque con resultados interesantes también.

Esto es una recopilación de todas esas observaciones, prestando especial atención al pasado año 2016, en el que el esfuerzo fue más serio (no mucho más... pero al menos lo intenté). Dediqué un total de 47,5 horas al conteo de las aves, repartidas de la siguiente manera:

Septiembre: 31 horas
Octubre: 5 horas
Noviembre:  11,5 horas

Debido a esta mala distribución del tiempo no se pueden sacar grandes conclusiones sobre la migración de las rapaces en Barcelona. Tampoco ayuda la distinta distribución de los horarios, con diferentes franjas que variaron entre las 7.30 (la hora de inicio más temprana) y las 17.50 (la hora de finalización más tardía). Pero en cualquier caso no cabe duda de que existe, año tras año, un paso interesante sobre la ciudad.

Pernis apivorus - aligot vesper - abejero europeo, rodeado de vencejos reales (Apus melba)




NÚMEROS TOTALES DE RAPACES EN MIGRACIÓN (SEPTIEMBRE-OCTUBRE-NOVIEMBRE DEL 2016):

Pernis apivorus: 64
Circus aeruginosus: 12
Falco tinnunculus: 11
Aquila pennata: 7
Accipiter nisus: 5
Pandion haliaetus: 3
Buteo buteo: 1
Circaetus gallicus: 1
Falco eleonorae: 1
Falco columbarius: 1
Accipiter gentilis: 1
Rapaz sin identificar: 2

Total: 109

A pesar de no ser un número excesivamente elevado, no debemos olvidar el reducido número de horas dedicadas a la observación y las pocas fechas en octubre y noviembre. Ello no ha impedido sin embargo registrar 11 especies diferentes de aves rapaces sobrevolando una gran urbe como es la ciudad de Barcelona (se puede agregar una duodécima especie, pero fuera del listado de la migración: los halcones peregrinos locales, presentes en muchas de las jornadas).

Falco peregrinus - falcó peregrí - halcón peregrino




NÚMEROS TOTALES DE AVES NO RAPACES EN MIGRACIÓN (SEPTIEMBRE-OCTUBRE-NOVIEMBRE DEL 2016):

Hirundo rustica: >2078
Sturnus vulgaris: >1432
Phalacrocorax carbo: 94
Merops apiaster: 50
Turdus philomelos: 31
Ardea cinerea: 21
Delichon urbicum: >20
Carduelis spinus: 17
Riparia riparia: >12
Columba palumbus: 8
Anthus pratentis: 8
Motacilla cinerea: 6
Motacilla alba: 5
Fringilla coelebs: 5
Ficedula hypoleuca: 2
Upupa epops: 1
Alauda arvensis: 1
Carduelis carduelis: 1

Total: 3792


El punto rojo en el mapa mostrado a continuación indica el lugar de observación (fuente: Google Maps). Al noroeste queda la sierra de Collserola. Al sureste el puerto de Barcelona. La inmensa mayoría de aves (rapaces y no rapaces) entraron por el noreste y abandonaron la ciudad por el suroeste, siguiendo una ruta paralela a la costa central catalana.




A continuación comentaré cada especie por separado. He añadido un poco de información de años anteriores, pero el esfuerzo fue mínimo dentro del mismo periodo (septiembre a noviembre): unas pocas fechas en el 2015 y el 2014, y aún menos en el 2013 y el 2012 (apenas unas horas). Además la muestra queda algo desfigurada por lo ocurrido el 23 de septiembre del 2014, maravilloso día en el que hubo un paso espectacular y que dejó estos números en apenas unas horas:

Phalacrocorax carbo: 5
Ciconia nigra: 1
Ciconia ciconia: 1
Pernis apivorus: 249
Circaetus gallicus: 3
Circus aeruginosus 13
Circus sp.: 1
Pandion haliaetus: 1
Falco sp.: 16
Falco tinnunculus: 39
Falco subbuteo: 4
Falco eleonorae: 4
Falco peregrinus: 9

Sigue siendo hasta el momento la mejor jornada de migración que he tenido en este lugar.

Falco subbuteo - falcó mostatxut - alcotán




COMENTARIOS POR ESPECIES ORDENADAS POR NÚMERO DE EJEMPLARES (DE MÁS A MENOS):

Pernis apivorus - Aligot vesper - Abejero europeo:
La rapaz más abundante. Del total de 64 ejemplares, 63 fueron observados en septiembre (primeras 2 aves el día 17) y 1 en noviembre (el día 3). Pero su ausencia en octubre es debida con seguridad a las pocas horas dedicadas al censo. Lo mismo ocurre con otras especies. El día con más ejemplares fue el 22 de septiembre (25). Observados 35 en el 2015 y 302 en el 2014 (la mayoría aquel famoso 23 de septiembre mencionado más arriba).






Circus aeruginosus - arpella vulgar - aguilucho lagunero:
Un total de 12 ejemplares, todos observados en septiembre. Fue la primera rapaz observada durante la migración, el día 4, cuando pasaron 2 ejemplares. El último lagunero pasó el día 26. El máximo de ejemplares en una jornada fue de 4 (días 17 y 25). Se vieron 21 en el 2015 y 14 en el 2014.





Falco tinnunculus - xoriguer comú - cernícalo vulgar:
De los 11 ejemplares observados de esta especie 10 se vieron en septiembre (primera fecha el día 6, con 1 ave) y 1 en octubre (día 4). Esta es la única especie (junto con Falco peregrinus, que sin embargo no apareció en migración) nidificante en la zona, y por lo tanto susceptible de confusión entre ejemplares locales y ejemplares en paso. Se puso especial atención en la correcta separación de los dos grupos, y los 11 ejemplares censados son sin duda migrantes. En el 2015 se contabilizaron 10 ejemplares y 40 en el 2014.



Aquila pennata - àguila calçada - águila calzada:
Los 7 ejemplares de esta especie pasaron todos el mismo día, el 3 de octubre, con la particularidad de que todos realizaban migración inversa: se movían en dirección noreste, probablemente para bajar por Italia. La falta de más citas se debe con seguridad a las pocas horas dedicadas en ese mes. Además, el 3 de octubre solo pude subir a la azotea una hora y media, desde las 14:55 hasta las 16:25. Es muy probable que a lo largo de la jornada más calzadas cruzaran sobre la ciudad. Anteriormente, solo un ejemplar en el 2014.

Accipiter nisus - esparver vulgar - gavilán común:
Tan solo 5 ejemplares. El primero apareció el 25 de septiembre. El 2 de noviembre apareció un ejemplar y dos al día siguiente. El último se observó el 14 de noviembre. Se vio uno en el 2015 y cinco en el 2014.



Pandion haliaetus - àguila pescadora - águila pescadora:
Se observaron tres ejemplares: uno el 4 de septiembre y dos el 17 del mismo mes. En el año 2015 pasó un ejemplar y cuatro en el 2014. Una de las aves más espectaculares y también más regulares, y por lo tanto muy esperada siempre.




Buteo buteo - aligot comú - busardo ratonero:
Un único ejemplar el 8 de noviembre contra los cinco que se observaron en el 2015. De haber dedicado más horas en noviembre tal vez hubiera aumentado el número de citas. Ese único ejemplar, tal como se aprecia en la foto, es un poco especial: plumaje adulto con ausencia de banda terminal en la cola... aún le estoy dando vueltas.



Circaetus gallicus - àguila marcenca - culebrera europea:
Un ejemplar el 3 de octubre. Uno también en el 2015 y cuatro en el 2014. Otra ave impresionante regular sobre la ciudad. En la foto, una culebrera siguiendo a un abejero.



Falco eleonorae - falcó de la reina - halcón de Eleonora:
Una de las sorpresas más agradable de la migración. Un ejemplar el 13 de septiembre. Ninguno en el 2015 y cuatro en el 2014.



Falco columbarius - esmerla - esmerejón:
Uno de los dos "estrenos" de la temporada. El ave observada el 2 de noviembre fue la primera de su especie desde la azotea. Ningún ejemplar en años anteriores. Han sido por tanto cuatro las especies de halcones observadas durante el 2016: cernícalo vulgar, halcón peregrino (éste como residente, no en migración), halcón de Eleonora y esmerejón. Ha fallado el alcotán, que sí se observó en el 2015 (un ejemplar) y en el 2014 (seis ejemplares).

Accipiter gentilis - astor - azor:
El otro "estreno". Un ave el 24 de noviembre, ningún ejemplar en años anteriores. Es ésta una especie totalmente inesperada: de por sí ya es un ave poco frecuente en migración. Teniendo en cuenta las pocas horas dedicadas a la observación en noviembre considero una auténtica suerte la cita.

lunes, 8 de mayo de 2017

Mama

El sol cae con dureza. Noto como se quema mi nuca, pero no me muevo.

Un vencejo, de luto, negro, sobrevuela los pinos cercanos, como un triste ángel anunciador. Pero en realidad no trae mensajes de dolor, si no de dulzura y placidez. Mensajes de alegría. El vencejo me dice que va a estar bien acompañada. Que él y los carboneros, los herrerillos, los pinzones, las golondrinas, los ruiseñores, entre los que se encuentra el primero que he oído este año, pocos minutos antes... el vencejo me dice que todos ellos la cuidarán. Pero yo sé que no va a ser así: ella va a cuidar de ellos. Siempre se ha ocupado de todos, incluso de un mundo que no se la merecía.

El sol calienta las rosas de las coronas. Reposan en el suelo junto a su lugar de descanso. Yo me doy la vuelta y contemplo el bosque. Está bien, es un lugar bonito y tranquilo.

Ya eres polvo de estrellas.



Un vencejo en el cielo
en el bosque un ruiseñor
una madre, una princesa
estrella de dulce velo
el vencejo anunciador.


Te quiero.

Descansa.

viernes, 21 de abril de 2017

¡Grullas en mi cama!

14 de agosto del 2016

Sílvia y yo estamos charlando sentados en casa. Me levanto para ir a la mesa, que está tras el sofá, y voy hablando mientras camino pero me interrumpo para lanzar un grito espantoso. He oído un 'crack' y he notado un dolor terrible en el pie.

Sílvia me mira con cara de asustada. Yo también estoy asustado, más que ella: miro hacia abajo y contemplo el dedo meñique de mi pie derecho. En lugar de lucir paralelo a sus cuatro hermanitos mira hacia Cuenca en un bonito ángulo de casi noventa grados. Las chancletas que llevo puestas no me han salvado en el choque contra la esquina del sofá.

El alarido habrá espantado a miles de aves en un radio de kilómetros. Alguna sería bimbo, seguro.

- Creo que me lo he roto... -le digo a Sílvia.

Ella mira por encima del sofá, asomada con sus bonitas manos apoyadas sobre él, como si estuviera en un balcón. Sus ojos incrédulos miran desorbitados mi pie.

Instintivamente, sin darme cuenta de lo que estoy haciendo mi mano desciende hasta el dedo roto y lo coloca en su sitio con un empujoncito.

"¡Clac!" -se oye.
-Ah, pues no, no estaba roto...

Tras decir esa tontería me desplomo en el sofá junto a Sílvia, pálido por el dolor.

Ella corre a buscar hielo y me mima mientras sigo diciendo idioteces sobre no se qué de un pie y de un dedo.

El dolor se pasa poco a poco, hasta el punto de que parece que todo vuelve a la normalidad.

Ocho días después, tras una semana de trabajo y un fin de semana viendo buitres, águilas perdiceras y alimoches en las montañas cercanas a Horta de Sant Joan decido ir al médico porque me duele el pie.

- Tiene usted un dedo roto -me dice un médico mientras contempla la radiografía de mi pequeñín. En efecto, la base del meñique se rompió cuando éste besó al sofá.

Lo que es la genética... tengo ascendentes maños y vascos. ¿Me va a impedir a mí una fractura pequeñita trabajar una semana y patear montañas? ¡Ahibalahostia pues!

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6 de noviembre del 2016

Han pasado tres meses y mi dedo está totalmente recuperado.

Nos hemos despertado hace poco, deben ser las ocho o las nueve de la mañana. Ambos remoloneamos en la cama. La pereza empieza a desvanecerse, aunque lo hace de manera, como... como... como si la pereza tuviera pereza.

Es un domingo que se promete agradable. Sílvia bosteza y se estira. Bromea conmigo. Alarga sus brazos sobre la cama y tira de la correa que cuelga junto a la ventana. La persiana sube y nos permite ver un día soleado en el mundo de al lado, el que existe más allá del dormitorio. Hablamos de la posibilidad de ver alguna grulla en migración hacia el sur. O más bien de que la vea ella, porque yo sin gafas no veo un pijo.

Llevo días hablándole de las grullas a Sílvia. Aún no he visto ni una este otoño. Ella sabe que podemos ver una en cualquier momento desde cualquier lugar. Con voz alegre (siempre se despierta de buen humor, como yo) me anuncia que un pajarillo está cruzando el cielo. Hay pocas esperanzas de que sea una grulla porque siempre vemos a las gaviotas patiamarillas sobrevolando Badalona.

Incluso sin lentes -las recupero, estaban sobre la mesilla de noche- he visto cierta lentitud en el desplazamiento de esa mancha borrosa que me pone en alerta. Podría ser desde un moscardón hasta un Airbus A380. Miro con mis gafas y me quedo helado. O más bien encendido como un volcán en erupción. ¡Parece una grulla!

Salgo corriendo... descalzo.

Voy a buscar los prismáticos que están en la sala de estar. Corro y corro, y vuelvo corriendo y corriendo. Miro por la ventana del dormitorio mientras a Sílvia casi se le sale el corazón por la boca pensando en mi dedo meñique. No ha abierto boca, me contempla en silencio mientras probablemente piensa si soy tonto, o inteligente y calculador y sabía dónde estaban exactamente todas las patas de la cama y los marcos de las puertas... y las patas del sofá en que descansaban los prismáticos, tan duramente despertados de su descanso nocturno.

O tal vez solo sintió alivio al verme sano y salvo gritando con alegría "¡es una grulla!", y con todos los dedos de los pies enteros.

Finalmente fue el único ejemplar que vimos en todo el otoño, pero se llevó el premio a una de las aves del año. ¿Cuántos ornitólogos pueden decir que han visto grullas desde su cama?

Sin embargo, hubo algo mejor que la grulla aquel día. Me giré y vi a Sílvia. Me sentí afortunado. Y feliz, muy feliz de compartir un momento mágico más con ella, como otros tantos. Feliz de que sus enormes ojos marrones contemplaran al loco de los prismáticos y de que aquella sonrisa que tanto me gusta estuviera pintada en su cara de niña traviesa.



viernes, 17 de marzo de 2017

Curioso acoso de gaviota patiamarilla a garza real

Anteayer 15 de marzo contemplé un comportamiento que no había visto nunca hasta ahora.

Me hallaba en el balcón de mi casa ejerciendo "mis labores". Como todo buen ornitólogo de vez en cuando alzaba la vista al cielo. En uno de esos vistazos vi pasar sobre mi cabeza una garza real (Ardea cinerea) perseguida por una gaviota patiamarilla (Larus michahellis) adulta.

No es que volasen en la misma dirección, realmente la gaviota perseguía a la garza. Ésta realizó un par de giros para intentar esquivar a su acosadora, y eso llevó a ambas a desaparecer tras un edificio cercano.

Tal vez la gaviota tenía únicamente intenciones hostiles por asuntos territoriales (quizá la garza se había detenido en algún tejado cercano, aunque no lo creo) o tal vez realmente intentaba cazar a la ardeida, cosa que encuentro harto insólita teniendo en cuenta el tamaño de ambas. Sí es frecuente en Barcelona, sin embargo, ver a las gaviotas en actitud depredadora activa hacia las palomas, a las que persiguen y dan caza derribándolas con el pico (puesto que no tienen garras como las rapaces). Una vez herida el ave, ya en el suelo, dan rienda suelta a sus ansias de saciar su voraz apetito.

Fuera un acto de depredación o un simple mosqueo de la "pati", en cualquier caso fue impresionante ver a aquellos dos titanes del cielo sobrevolar las azoteas de la ciudad de Barcelona en actitud cazador/presa.

No hay foto del momento puesto que la observación apenas duró unos segundos, tiempo insuficiente para ir en busca de la cámara. Sin embargo a continuación expongo un par de imágenes de ambas especies. La gaviota está fotografiada en una salida por mar. La garza la retraté este domingo pasado, día 12 de marzo, en el Parc Fluvial del Besòs.

Larus michahellis - gavià argentat - gaviota patiamarilla


Ardea cinerea - bernat pescaire - garza real

miércoles, 15 de marzo de 2017

Félix Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro.

"Félix Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro".

Ése es el título de la biografía de Félix escrita por Benigno Varillas. Ayer día 14 de marzo se cumplieron 37 años del fallecimiento del genial divulgador, gran visionario, casi profeta y, guste o no, padre del conservacionismo en España.

Justo ayer también terminé de leer su biografía, un día muy adecuado para ello. En la misma fecha terminan para mí ambas historias, la de su vida en la Tierra y la de su vida en el papel. No voy a extenderme mucho sobre el contenido de esta obra porque, a pesar de lo que acabo de escribir en este mismo párrafo, Benigno Varillas me ha mostrado que Félix sigue muy vivo hoy día.

Y es por ello que tan solo quería recomendar muy encarecidamente los últimos capítulos del libro. Son hojas que hablan del presente de la humanidad, del siglo XXI y de los siglos venideros (hasta el 2.000.000 d.C.). Este libro me ha reafirmado en ciertos pensamientos de esperanza que planean por mi mente desde hace tiempo y me ha mostrado una visión de Félix que me ha sorprendido tanto como lo hizo al autor, tal como confiesa en las primeras páginas.

Para descubrir detalles sobre la vida del doctor Rodríguez de la Fuente animo a leer, por supuesto, también el resto de la biografía. No tiene desperdicio.



Recomendado para: toda la humanidad.
No recomendado para: todos aquellos que solo busquen detalles sobre su muerte.

El copyright del libro hace referencia a Benigno Varillas Suárez, a la editorial La Esfera de los Libros y a la malograda Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.

"Félix Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro"
Benigno Varillas Suárez, 2010
Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, 2010
La Esfera de los Libros, S.L., 2010
www.muruna.com
www.esferalibros.com
ISBN: 978-84-9734-949-9


lunes, 27 de febrero de 2017

Crónicas migratorias: 9, 14 y 24 de noviembre

Los días 9, 14 y 24 de noviembre fueron los últimos que dediqué a la migración. Esas fechas me proporcionaron algunas observaciones que ahora paso a detallar.

El primer día dediqué dos horas en las cuales solo detecté en migración un bisbita común (Anthus pratensis). El fuerte viento de componente noroeste me hizo pensar en la posibilidad de que apareciera algún buitre arrastrado desde las tierras del interior, como ya había ocurrido en otras ocasiones. Pero no hubo suerte.

Sin embargo, amante como soy del viento, disfruté de los soplos de Eolo. Había muchos ruidos, golpeteos en los edificios y gran cantidad de objetos por el cielo: hojas de árbol, papeles, trozos de plástico, alguno de ellos de gran tamaño. Sobre toda esta algarabía llegaban de vez en cuando arrastradas por el viento las campanadas de la cercana parroquia de Maria Mitjancera.

Pero como ya he dicho, de pájaros poca cosa, y de buitres ya ni hablemos.

El día 14 observé un gavilán, otro bisbita más y 34 cormoranes grandes en también dos horas. El último día, el 24, tan solo estuve una hora, aunque fue bastante intensa: un halcón peregrino cazó una presa (posiblemente alguna paloma) y empezó a desplumarla. La lejanía me impidió conseguir fotos de calidad, pero con el teléfono móvil apoyado en el telescopio y forzando el zoom conseguí una imagen testimonial. Para terminar disfruté de una especie que me dejó boquiabierto. Por primera vez desde mi azotea vi nada más y nada menos que un azor (Accipiter gentilis) que estuvo un rato patrullando sobre una calle cercana. Un maravilloso colofón final en forma de un ave maravillosa.

El halcón peregrino se dio un buen atracón. En la imagen se pueden ver las plumas que caen arrancadas de su presa.


Phalacrocorax carbo, corb marí gros, cormorán grande
1

Algunos estorninos se posaron cerca.



Terminada, pues, la campaña migratoria, expondré en una próxima entrada del blog un extenso resumen de todos los datos colectados en estos tres meses.

jueves, 16 de febrero de 2017

Crónicas migratorias: 4 y 8 de noviembre

4 de noviembre: una hora y media dedicada a la observación, desde las 7.40 hasta las 9.10. Recordando la abubilla que había aparecido un mes antes a primera hora de la mañana decidí repetir un horario parecido, con la esperanza de sorprender a las primeras aves migrantes del día.

Pero eso implicó la ausencia de rapaces planeadoras, no sólo debido a las fechas ya inadecuadas, si no tal vez también a la falta de corrientes térmicas.

Disfruté sin embargo de cormoranes y estorninos, de un lúgano, de un zorzal y del que a la postre iba a ser último vencejo real de la temporada. Aquel único ejemplar apareció poco antes de las 9 de la mañana. Me sobrevoló durante unos segundos hasta que se marchó, tal vez ya con destino a África. Despedí con ese último emisario a esta especie hasta el año 2017.

Phalacrocorax carbo - corb marí gros - cormorán grande: 4
Turdus philomelos - tord comú - zorzal común: 1
Carduelis spinus - lluer - lúgano: 1
Sturnus vulgaris - estornell vulgar - estornino pinto: mínimo de 295 aves en distintos frentes migratorios.

En este día conseguí un buen listado de aves, tan destacable por haberse realizado desde la azotea de un edificio situado en plena ciudad que he decidido detallarlo aquí al completo, cosa que no suelo hacer.

En total fueron 21 especies diferentes:

Phoenicurus ochruros - cotxa fumada - colirrojo tizón
Myiopsittas monachus - cotorreta de pit gris - cotorra gris argentina
Turdus merula - merla - mirlo común
Bubulcus ibis - esplugabous - garcilla bueyera
Sylvia melanocephala - tallarol de cap negre - curruca cabecinegra
Columba livia - colom roquer - paloma bravía
Larus michahellis - gavià argentat - gaviota patiamarilla
Pica pica - garsa - urraca
Streptopelia decaocto - tòrtora turca - tórtola turca
Turdus philomelos - tord comú - zorzal común
Erithacus rubecula - pit-roig - petirrojo
Serinus serinus - gafarró - verdecillo
Aratinga mitrata - aratinga mitrada - aratinga mitrada
Passer domesticus - pardal comú - gorrión común
Carduelis chloris - verdum - verderón común
Sturnus vulgaris - estornell vulgar - estornino pinto
Phylloscopus collybita - mosquiter comú - mosquitero común
Columba palumbus - tudó - paloma torcaz
Phalacrocorax carbo - corb marí gros - cormorán grande
Apus melba - ballester - vencejo real
Carduelis spinus - lluer - lúgano


Larus michahellis - gavià argentat - gaviota patiamarilla



El día 8 también tuvo una gran variedad de aves, aderezadas además por la presencia, esta vez sí, de aves de presa: los peregrinos locales, como es habitual, y un ratonero que me trajo recuerdos del pasado.

Falco peregrinus - falcó pelegrí - halcón peregrino


Hace unos cuantos años estaba yo en el balcón de mi casa, contemplando el cielo. Era otoño, y me hallaba sumido en tristes pensamientos de añoranza: había terminado la campaña migratoria en el Maresme y faltaba casi un año entero para volver a disfrutar de mis queridas rapaces en paso.

Haciendo codos, apoyado en la barandilla, me preguntaba yo por qué no pasaban las aves por la ciudad. ¿Por qué tenía que desplazarme hasta las lomas cercanas, hasta las colinas y montañas circundantes? No solía disponer ni de mucho tiempo ni de mucho dinero para gasolina: cualquier gasto suponía un esfuerzo.

Sobre mí cercleaban las omnipresentes gaviotas. Eran de la especie patiamarilla, la michahellis, nuestras queridas "patis". Se cruzaban unas con otras en suaves planeos que me recordaban a las rapaces.

Alas bien estiradas, sin aletear, dejaban que las corrientes lo hicieran todo. Directamente desde el norte vino otra gaviota y se aproximó al grupo principal. Se unió a la bandada y compartió con ellas el baile de los aires. Pero resultó que no era gaviota. ¡Era un ratonero!

Aquel Buteo me golpeó. ¿Sería posible que hubiera una ruta migratoria sobre la ciudad? En años posteriores comprobé que así era, y que simplemente no había prestado hasta el momento la debida atención.

El ratonero observado el 8 de noviembre hizo una entrada parecida a la de aquel ejemplar alejado en el tiempo. Llegó en línea recta y, esta vez sin gaviotas, remontó en una térmica situada sobre mí. Cuando ambos nos cansamos, él de exhibirse y yo de sostener los prismáticos, retomó su rumbo y se alejó hacia el suroeste.

Buteo buteo - aligot comú - busardo ratonero/ratonero común: en otras fotos parecía mostrar el pecho bastante estriado. Eso y la ausencia de banda terminal en la cola me hizo pensar en un joven. Pero la banda tan marcada del borde de fuga del ala y las plumas de vuelo parecen indicar que se trata de un adulto. En estos momentos estamos estudiando el resto de fotos para sacar conclusiones.


Vino a celebrar conmigo la observación del ratonero un simpático colirrojo. El avecilla me contemplaba con cierto interés, hasta que continuó con su búsqueda de insectos entre las grietas de los muros.

Phoenicurus ochruros - cotxa fumada - colirrojo tizón










viernes, 13 de enero de 2017

Crónicas migratorias: 2 y 3 de noviembre

Damos un salto de tres semanas et... voilà! Nos plantamos en el día 2 de noviembre. Ya fuera por compromisos, ya fuera porque el grueso de la migración ya había pasado, lo cierto es que durante octubre apenas subí a la azotea.

El objetivo de noviembre era hallar alguna grulla (Grus grus) para intentar romper la historia: nunca la he observado desde mi casa.

Sin embargo el día 2 -en una única hora de observación- fue otro la estrella: nada más y nada menos que un esmerejón que pasó como una exhalación en dirección sur. Pasó tan rápido que no solo no pude disfrutarlo apenas, si no que además me provocó una reacción tardía, hasta que pensé... ¡un esmerejón!

Primera cita para mí en Barcelona ciudad y por supuesto también primera cita desde mi casa.

A ambas rapaces las acompañaron en el listado 42 cormoranes grandes, repartidos en tres grupos: 2, 10 y 30 ejemplares.

Phalacrocorax carbo - corb marí gros - cormorán grande 




En cuanto a los paseriformes conté 2 lavanderas blancas, 1 zorzal común, 1 bisbita común, 5 pinzones vulgares y un auténtico festival de estorninos pintos en paso, con una estimación de 1137 ejemplares.

Accipiter nisus - esparver - gavilán: 1
Falco columbarius - esmerla - esmerejón: 1
Phalacrocorax carbo - corb marí gros - cormorán grande: 42
Motacilla alba - cuereta blanca - lavandera blanca: 2
Turdus philomelos - tord comú - zorzal común: 1
Sturnus vulgaris - estornell vulgar - estornino pinto: 1137
Anthus pratensis - titella - bisbita común: 1
Fringilla coelebs - pinsà comú - pinzón vulgar: 5


Al día siguiente, 3 de noviembre, subí de nuevo a la azotea y pude quedarme dos horas. A diferencia del día anterior no había paso de estorninos. Pude ver algunos ejemplares pero más que en migración parecían estar ya asentados. Disfruté de dos gavilanes más y de un abejero europeo, que a la postre resultó ser el último del año, ya que esta especie no apareció en las posteriores visitas realizadas durante aquel mismo mes.

En una jornada más floja que la anterior pude sin embargo añadir dos especies que no habían aparecido hasta la fecha: el jilguero y la alondra común.

Accipiter nisus - esparver - gavilán: 2
Pernis apivorus - aligot vesper - abejero europeo: 1
Phalacrocorax carbo - corb marí gros - cormorán grande: 2
Anthus pratensis - titella - bisbita común: 3
Alauda arvensis - alosa vulgar - alondra común: 1
Carduelis spinus - lluer - lúgano: 1
Carduelis carduelis - cadernera - jilguero: 1

Y por supuesto algún que otro globo.

Accipiter nisus - esparver -gavilán


sábado, 7 de enero de 2017

Crónicas migratorias: 4 y 12 de octubre

Martes, 4 de octubre del 2016. Dediqué hora y media a la observación de aves, desde las 8.00 hasta las 9.30. Después fui a trabajar.

Tan solo un cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) en migración entre las rapaces, pero algunas sorpresas entre los paseriformes:

Oreneta vulgar, golondrina común, Hirundo rustica: 50
Cuereta torrentera, lavandera cascadeña, Motacilla cinerea: 1
Tord comú, zorzal común, Turdus philomelos: 7
Lluer, lúgano, Carduelis spinus: 15
Puput, abubilla, Upupa epops: 1

Fue esa abubilla la que me aportó el momento mágico del día. Esta espectacular ave se presentó ante mis ojos apenas llegué a la azotea. Miré hacia el noreste y entre la bella luz matinal vi su vuelo amariposado. Venía directa hacia mí, sorteando edificios. Pasó sobre mi cabeza y continuó hacia el suroeste. Migración en estado puro. Una auténtica maravilla alada en medio de la ciudad.

Esa primera luz de la mañana me permitió también conseguir esta hermosa imagen de una gaviota patiamarilla (Larus michahellis).



No volví a la azotea hasta el miércoles de la siguiente semana, el día 12 de octubre. El paso de rapaces fue nulo en dos horas de observación. Entre los paseriformes conté:

Oreneta vulgar, golondrina común, Hirundo rustica: 4
Cuereta blanca, lavandera blanca, Motacilla alba: 3
Tord comú, zorzal común, Turdus philomelos: 22

Por otro lado estuve bien acompañado por mis amigos habituales:

Verdum, verderón común, Carduelis chloris


Tudó, paloma torcaz, Columba palumbus


Garsa, urraca, Pica pica


Mi perra que no me quitaba ojo...


El senyor bernat, garza real, Ardea cinerea


Y no podían faltar los globos...


¿Qué clase de brujería es ésta? ¿Un 16 y luego los números por separado? ¡Es una señal! Seguro que Matrix me está diciendo algo. O tal vez simplemente se ha vuelto a estropear.