domingo, 5 de junio de 2016

Zenaidas, fuscicollis, collarinos y cornejas cenicientas.

¡Menudo mes de mayo de rarezas que hemos tenido en el delta del Llobregat!

Zenaida huilota, cornejas cenicientas, papamoscas collarino y correlimos de Bonaparte. Esta primavera está dejando sorpresas muy agradables, y si tuviera que decidir cuál ha sido la más interesante no lo tendría nada claro.

En primer lugar está la Zenaida huilota (Zenaida macroura), tórtola americana que se dejó ver durante unos días en el aparcamiento adyacente a la autovía de la reserva natural Remolar-Filipines. Fue identificada el 1 de mayo por Guillem Izquierdo, aunque creo que el 30 de abril ya había sido observada.

En cuanto llegó a mis oídos la noticia de su presencia, lo primero que pensé fue:

- Paso de ir a verla.

En efecto, mi primera conclusión fue la de que sin duda se trataría de un ave escapada de jaula.

Pero al final pudo la curiosidad (como siempre, a quién vamos a engañar), y tres días después, el 4 de mayo me desplacé con mi amiga Alba hasta el punto de la observación con la esperanza de tener suerte. Los primeros dos minutos fueron de cierta decepción y temor al no observar nada y contemplar el lugar donde supuestamente debía estar el ave: una lengua de asfalto de unos pocos metros de longitud, un callejón sin salida limitado por unas vallas a un lado y al fondo, y por la autovía al otro.

"¿Aquí se supone que hay un ave?", pensé. No lo parecía en absoluto. La zenaida no es pequeña como un gorrión o un mosquitero, y no había obstáculos que impidieran en principio echar un amplio y certero vistazo al lugar.

Craso error. Sin embargo, esa primera decepción causó que me tomara con mucha más alegría la repentina aparición del pájaro. Se asustó a nuestro paso y levantó el vuelo tan solo a unos pocos metros de distancia. Desapareció tras unos matojos y lo perdí de vista. ¿Era la zenaida? Tenía toda la pinta.

Volvimos unos metros atrás para buscar un mejor lugar desde donde escudriñar la zona por la cual había desaparecido, que no era otra que la autovía cargada de coches que pasaban a toda velocidad, en un tramo en el que está permitido ir a más de 100 km/h. Allí, bajo la valla protectora que recorre el arcen asomaba una cabecita.

Telescopio plantado, avistamiento confirmado. Y algunas fotos. La zenaida decidió cambiar de zona y se posó lejos de los coches, en un lugar mucho más tranquilo y mucho más adecuado para nuestras ansias vouyeristas. Ahí llegó la segunda tanda de fotos, y también la oportunidad de estudiar con más detenimiento al ejemplar: no llevaba anillas, volaba perfectamente, plumaje en estado óptimo... la cosa se ponía interesante. Ni permitía que las personas se acercaran, ni se asustaba demasiado, tal cual como reacciona en nuestras tierras la abundante tórtola turca.

¿Cabía la posibilidad de que fuera realmente un ave salvaje? No se puede descartar en absoluto, aunque probablemente llegara a bordo de un barco. Pero aunque el origen sea desconocido es mejor eso que la confirmación (mediante anillas por ejemplo) de que fuera un ave escapada del cautiverio.

Zenaida huilota (Zenaida macroura)





El 8 de mayo bimbé correlimos de Bonaparte (Calidris fuscicollis), actualmente denominado correlimos culiblanco (pero qué queréis que os diga, al menos esta vez dejad que le llame de Bonaparte, que me gusta mucho más; prometo llamarle culiblanco la próxima vez que lo vea).

Fue descubierto en la maresma de les Filipines por Xavier Aute y Lluís Gustamante a las 9 de la mañana del 8 de mayo. Era domingo, y a esas horas yo estaba desayunando en Badalona con Sílvia, mi novia. Recibí el chivatazo en el móvil. Antes de eso ya estaba planteándome dar un paseo por el delta del Llobregat, pero fue aquella información la que me empujó definitivamente.

A las 12:15 ya estaba bimbando el correlimos. Aunque la observación fue rápida, sencilla, y nada sorpresiva (cuando entré en el hide los ornitólogos que había dentro ya tenían localizada al ave), la importancia de la especie y lo bien que se portó frente a mi telescopio hizo que me sintiera realmente satisfecho.

La mañana comenzó a convertirse en mágica cuando aparecieron dos charrancitos, una golondrina dáurica, dos correlimos de Temminck, cuatro garcillas cangrejeras, tres canasteras y...  ¡cuatro fumareles comunes! A pesar de su nombre, es una especie muy rara en Catalunya. Hacía muchos años que no los veía y no los esperaba para nada, así que tuve uno de esos orgasmos ornitológicos que ocurren de vez en cuando.

Correlimos de Bonaparte (Calidris fuscicollis)







Fumarel común (Chlidonias niger)


Coincidí allí con Javier Valladares, y le conté mi intención de ir a echar un vistazo a la playa. Tal vez hubiera algo interesante en el mar. A Javier le gustó la idea y decidió acompañarme. Sabia decisión. Caminábamos junto a los pinos que acompañan el sendero de la playa cuando le comenté:

- Creo que ayer vieron un papamoscas collarino por la Jonquera.
- Ostras, ese bicho sí que debe molar...
- Y tanto... Mira, allí hay algo.

Un macho de papamoscas collarino se posó frente a nosotros. De espaldas. Nos mostró su collar completo. A continuación nos miró y decidió salir volando para alejarse cruzando la riera de Sant Climent.

Supongo que se nos quedó cara de bobalicones. A la incredulidad le siguió la felicidad total. Nos dimos un apretón de manos y varias palmadas en la espalda. Para Javier era bimbo. Para mí casi que también: sólo lo había visto una vez, años atrás, pero con unos prismáticos en mal estado y desenfocados. Fue un ejemplar que apareció frente a mí durante un segundo y que no dejó más recuerdo que el de una pequeña cosa negra y blanca borrosa que desapareció tan rápido como había aparecido. Todo lo contrario que éste.

Aún algo aturdidos por lo que acabábamos de ver, sin tiempo para recuperarnos del shock pudimos disfrutar de otro espectáculo ornitológico más, aunque ya no en tierra firme: frente a la playa seis paíños comunes deambulaban aquí y allá a no mucha distancia de la costa, permitiéndonos contemplar la franja blanca de sus alas y sus revoloteos sobre la superficie del agua. Les acompañaban ocho charrancitos, dos pardelas cenicientas, cuatro charranes patinegros y decenas de pardelas baleares. Nunca antes había visto tan bien los paíños como en esta ocasión. El día mágico terminaba de una manera maravillosa.

Se me tiraba el tiempo encima y decidí marcharme, pero Javier se quedó un rato más para intentar fotografiar al papamoscas collarino. Tal vez el ave volviera. En efecto, su fé fue recompensada y consiguió inmortalizarlo.

Papamoscas collarino (Ficedula albicollis), foto de Javier Valladares.


El broche final de este mayo lo han puesto dos cornejas cenicientas (Corvus cornix). Pero antes de hablar de ellas haré un pequeño inciso para mencionar al precioso fumarel aliblanco que se plantó frente a mí el día 10. Esta vez me acompañó mi amiga Alba, en una jornada mucho más tranquila que la anterior, y que "solo" me aportó esta nueva especie y un papamoscas gris balear (Muscicapa striata balearica), con un pecho totalmente blanco carente de listas. Además conseguí unas bonitas fotos de garceta común.

Fumarel aliblanco (Chlidonias leucopterus)

Garceta común (Egretta garzetta)

Volvamos a las cornejas cenicientas. Esta especie, rareza total en España, llevaba sin embargo siendo regular en Catalunya desde el año 2012 (siempre ejemplares solitarios). Pero a mí se me escapaba. A veces por los pelos, pero el caso es que no había conseguido observarla nunca en España (la bimbé en Finlandia hace tiempo). Finalmente este año ha caído, y de qué manera.

El 14 de mayo dos ejemplares fueron observados en la antigua desembocadura del río por varios ornitólogos (José García Moreno, Jordi Clavell, Raúl Bastida, Eio Ramon y otros). El 17 de mayo una de las aves fue vista en el casco urbano de El Prat de Llobregat (Marc Iranzo). El 21 de mayo Quique Carballal observó en el mismo punto los dos ejemplares juntos, recogiendo material para la construcción de un nido en unas coníferas cercanas.

Al día siguiente, el 22 de mayo, fui yo por fin a ver las cornejas. Llegué a media mañana, antes de las once. Aparqué nervioso en una de las calles cercanas y fui en su busca. Al principio el panorama era desolador: cientos de personas se agolpaban bajo las coníferas donde supuestamente debería estar el nido, pero no eran ornitólogos buscando aves. Era una competición de zumba. Con la música a todo volumen, grupos de chicas bailaban en un escenario alentadas por una speaker con micrófono. El público aplaudía y yo maldecía mi suerte.

Pero al parecer a las cornejas les importaba menos que a mí la diversión a la que se habían lanzado los humanos. Me sobrevolaron un par de veces. ¡Por fin! En un descampado cercano recogieron material para su nido, tal como hicieron la tarde anterior ante los ojos asombrados de Quique. Podría acabar siendo la primera reproducción de la especie en España.

Cornejas cenicientas (Corvus cornix)










Informé triunfante vía móvil a todo aquél que quisiera escucharme y me marché con una sonrisa de oreja a oreja a pasear un rato por el canal de la Bunyola, para ver si completaba aún más el día con otras observaciones. Y lo que pasó fue que me topé con lo que creo que es una culebra viperina (Natrix maura), aunque agradeceré cualquier ayuda en la identificación, ya que no soy ningún experto en serpientes.




Para finalizar, cabe añadir que el pasado martes día 31, el último día del mes, vi con Alba de nuevo a las cornejas, pero de una manera muy distinta. Habíamos dado un anodino paseo por el Remolar en el que lo más destacado fue un híbrido de garceta común y garceta dimorfa que llevaba tiempo viéndose por la zona. A éste nivel hemos llegado: algo tan interesante como este híbrido ha pasado un poco sin pena ni gloria por esta crónica...

Híbrido de garceta común y garceta dimorfa (Egretta garzetta x gularis)


Decidimos probar suerte en Can Dimoni. Pero antes de llegar allí, apenas medio kilómetro más al norte de la barrera de entrada a la reserva di un frenazo y detuve el coche junto a una rotonda. ¡Una corneja cenicienta buscaba alimento entre los hierbajos!

Aparcamos y tomé varias fotos, incrédulo otra vez ante el espectáculo. Esperaba verlas en el Prat, junto al nido, no allí.


Podría decir que fue el azar quién nos llevó un rato más tarde definitivamente al Prat de Llobregat, pero en realidad fue la sed y el hambre. De cerveza y de bravas, no de aves. Nos sentamos en la terraza de un bar mientras el segundo ejemplar de corneja revoloteaba por las cercanías, esta vez sí junto a las coníferas que albergaban el nido.

¿Ya no llevaban material? ¿No van a criar finalmente? ¿Sí lo harán y se turnan en la búsqueda de alimento?

Hoy 4 de junio aún siguen por el Baix Llobregat las cornejas. Habrá que ver cómo termina su historia.

domingo, 17 de abril de 2016

Curioso comportamiento: el rascón arborícola / Cormoranes moñudos en Sant Pol de mar

El 19 de octubre del año 2014, durante un paseo por la orilla del río Mogent, cerca de La Roca del Vallès (Barcelona), pude observar a un rascón (Rallus aquaticus) trepando algunos metros por un árbol inclinado sobre el agua, tal y como se puede apreciar en el vídeo siguiente:




El rascón, especie que normalmente se mueve por el suelo, iba picoteando insectos aquí y allá a medida que ascendía.

Tras pasar la mañana allí decidí cambiar de aires y me acerqué hasta Sant Pol de Mar, en busca del cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis). No falló, y pude observar un grupo de quince ejemplares.



lunes, 4 de abril de 2016

Sant Llorenç de la Muga y Danaus chrysippus

El fin de semana del 11 y 12 de octubre del 2014 lo pasamos Jaume, Dani y yo pajareando en Sant Llorenç de la Muga (un precioso pueblo situado en la comarca del Alt Empordà, Girona), gracias a la hospitalidad del primero, quien nos ofreció su casa para pernoctar y nos hizo de guía por unas tierras que él conocía y conoce muy bien.

Mientras que la tarde del sábado la pasamos charlando frente a una cerveza en la terraza de un bar, el domingo día 12 madrugamos (no mucho) y lo dedicamos a la observación de las aves y de la naturaleza, y a la contemplación y disfrute de los hermosos paisajes montañeses que se yerguen alejados de la llanura costera.

Se trataba de una zona que yo visitaba por primera vez, y caminé con los ojos bien abiertos y los oídos atentos a los cantos de las aves, los únicos sonidos perceptibles en aquellos bosques a aquella hora de la mañana.

Prados y nieblas en un suave día de otoño.


El río Muga, que da nombre al pueblo, lo acompaña a su paso. En él, explicaba Jaume, había visto en más de una ocasión pato mandarín (Aix galericulata). Nos habló también de una gran crecida que tuvo el río en el pasado, de como el nivel del agua alcanzó gran altura, amenazando las viviendas aledañas, y nos mostró una piedra que colocaron en su momento las gentes del lugar como marca para el recuerdo, como testigo perenne de lo cerca que estuvo el cauce del río de inundar parte del pueblo.

En Sant Llorenç de la Muga se han observado también nutrias, incluso en los canales de agua que cruzan sus callejuelas.

Debo confesar que me suelo olvidar de fotografiar los pueblos que visito. Al llegar a casa y descargar las fotos de la cámara me encuentro indefectiblemente con decenas de imágenes de aves y muy pocas de los lugares de los que luego me gusta hablar. Craso error por mi parte que debo corregir. En este caso fotografié una chimenea porque había posado en ella un estornino pinto.



Seguimos el río en su camino hacia el norte, hacia el cercano pantà de Boadella. El trayecto nos permitió detectar mirlo acuático, lúganos, mitos, herrerillos, carboneros, petirrojos, escribanos soteños, chochines, currucas, tarabillas... entre los grandotes nos topamos con los cuervos y las garzas reales, y en las cercanías ya del pantano, cormoranes grandes, ánades reales y la sorpresa de la mañana, dos ocas de Egipto (Alopochen aegyptiaca).

Dani y Jaume observan algo ya en la cola del pantano.


Oca de Egipto (Alopochen aegyptiaca)


Regresamos al pueblo, y puesto que nos había sobrado tiempo decidimos pasar las horas restantes del día  en los Aiguamolls de l'Empordà, a distancia asequible yendo en coche. Nos trasladamos pues hasta la zona conocida como el Matà y tomamos el camino de la playa.

Vimos algunas especies interesantes como abejero europeo, garceta grande, combatiente, alondra, collalba gris, martinete... pero lo más interesante fue observar en directo el fenómeno del cual ya teníamos constancia gracias a la información expuesta por el portal de naturaleza www.ornitho.cat: la invasión de la bella y rara mariposa tigre (Danaus chrysippus). Decenas de ejemplares pululaban por las hierbas y matojos que flanqueaban el sendero.





Los minutos finales de la tarde los pasamos en la zona de los Tres Ponts, un extenso carrizal situado al norte del pueblo de Castelló d'Empúries. Allí nos esperaba para ser filmado y fotografiado un precioso ejemplar de jabalí (Sus scrofa).



Termino con un vídeo del mismo jabalí.

martes, 22 de marzo de 2016

Curioso comportamiento de Motacilla alba

El 4 de octubre del 2014, dentro de la campaña de seguimiento de rapaces migratorias que realizamos en l'Espinal (Argentona, Barcelona) pudimos ser testigos de un curioso comportamiento por parte de un grupo de ocho lavanderas blancas (Motacilla alba).

Mi amigo Joan Grajera colocó una trampa para atrapar a un cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). La intención era capturarlo, colocarle una anilla y liberarlo. Para atraer al cernícalo se usa un ratón. Éste, para que quede protegido y no sufra daño alguno, es colocado en el interior de una jaulita con algo de comida.

En este caso el ratón era blanco, y por algún motivo que desconozco fue el centro de atención de las lavanderas durante algunos minutos.

Las fotos no son muy buenas debido a la distancia (unos cien metros), pero sirven de testimonio.

En la foto solo se aprecian siete de las ocho lavanderas.


Cernícalo vulgar, en lo alto del poste.



Motacillas aparte, la jornada se saldó con estas observaciones de aves rapaces en cuatro horas de observación (desde las 15:45 hasta las 19:45h.):

Milà reial - milano real - Milvus milvus: 1
Arpella vulgar - aguilucho lagunero - Circus aeruginosus: 1
Aligot comú - ratonero común - Buteo buteo: 4
Esparver - Gavilán - Accipiter nisus: 4
Xoriguer comú - cernícalo vulgar - Falco tinnunculus: 10
Falcó mostatxut - Alcotán - Falco subbuteo: 2
Falcó no id. - Halcón no id. - Falco sp.: 1

Termino con la foto de un Buteo muy oscuro que nos dejó con la mosca detrás de la oreja...




lunes, 7 de marzo de 2016

Manga de agua

El 28 de septiembre del 2014 me trasladé hasta el delta de l'Ebre en busca de un andarríos maculado (Actitis macularius) que se había observado el día anterior en la zona de El Serrallo. Quedé ya allí con mi gran amigo Jaume Castellà. Él llegó antes que yo y la fortuna le sonrió. A mí, sin embargo, se me escapó el ave (pude bimbarla ocho meses más tarde en el delta del Llobregat).

Es por ello que en esta entrada no voy a hablar del macularius (no porque lo bimbara Jaume y yo no, no penséis mal...). No tuve suerte con el andarríos pero como no podía ser de otra manera (septiembre y delta de l'Ebre) fue de nuevo una jornada memorable. Siempre me han apasionado las tormentas, así que debo decir que recordaré siempre aquel día por ser aquél en el que vi por primera vez una manga de agua. Más o menos frecuentes en el Mediterráneo, no por ello dejan de ser espectaculares. Y hasta entonces el destino no me había deparado su contemplación. Conseguí fotografiarla. Al poco desapareció y cayó un enorme chaparrón que me dejó empapado antes de darme tiempo a meterme en el coche, que me esperaba aparcado a unos cincuenta metros.

Puesto que vi una manga de agua tengo la necesidad de gritarlo al mundo y de ahí la entrada del blog. Y solo he tardado un año y medio en preparar este gritito.





Lo cierto es que podría extenderme también sobre las aves que amenizaron aquella jornada que comenzó de manera tan meteorológicamente adversa, pero me limitaré a dar un pequeño resumen para ponerme los dientes largos a mí mismo, hallándome como me hallo en este momento sentado frente a un ordenador en lugar de estar disfrutando de la vida salvaje.

Aquel día Jaume y yo detectamos un total de 75 especies diferentes, que se dice rápido, pero además... ¡qué especies!

Un macho de tercer año de aguilucho papialbo (Circus macrourus), un chorlito dorado siberiano (Pluvialis fulva), cuatro chorlitos carambolos (Charadrius morinellus), archibebe fino (Tringa stagnatilis) y otras muchas más... todas ellas hicieron nuestras delicias. Disfruté especialmente el archibebe fino, un ejemplar que se alimentaba en unos arrozales junto a la urbanización Els Eucaliptus, y me gustó tanto porque era la primera vez que lo veía en plumaje invernal;  un auténtico goce.

Archibebe fino - Siseta - Tringa stagnatilis






Gaviota picofina - gavina capblanca - Chroicocephalus genei, joven del año con plumaje de primer invierno.


Pechiazul - Cotxa blava - Luscinia svecica

lunes, 15 de febrero de 2016

El Parc de l'Espanya Industrial

Algún domingo de esos en los que no hay planes Sílvia y yo hemos improvisado un pequeño paseo por el Parc de l'Espanya Industrial, en mi ciudad de Barcelona. Queda cerca de mi casa y en invierno es un buen lugar para observar y fotografiar algunas gaviotas.

Este parque tiene un lago bastante grande y un poco alargado. Está limitado por algo de vegetación en el margen sureste y por unas gradas en el noroeste en las que la gente puede sentarse y  contemplar el agua. Ornitológicamente hablando no es ninguna maravilla, pero a veces las gaviotas se posan lo suficientemente cerca (ya sea para descansar o para buscar restos de comida) como para conseguir algunas fotos bastante aceptables.

Son dos las especies observables: la gaviota patiamarilla (Larus michahellis) y la gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), ambas comunes en la costa catalana especialmente en invierno.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), adulto en plumaje de invierno.




Qué paciencia tiene Neptuno...




El número de visitas que he realizado a este parque es pequeño sin embargo. Eso, y el hecho de que el número de aves suele ser bajo (algunas decenas), es la explicación probable de que hasta el momento no haya observado todavía ninguna gaviota anillada.

Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) 

 Ejemplar de segundo invierno.

Ejemplar de primer invierno.

Primer invierno.


El 22 de noviembre del 2015 filmé a este primer invierno de michaellis jugando con una pelota. La historia terminó cuando unos niños preadolescentes aparecieron corriendo y gritando: espantaron al ave y se hicieron con la pelota. A continuación se giraron y nos miraron directamente a Sílvia y a mí. En esos momentos no lo sabía pero tras leer el blog de Quique Carballal comprendí que había sido testigo del FHP (Ocells del Barcelonès i rodalies: la garceta y el FHP).



sábado, 26 de diciembre de 2015

Fantasmas en la noche

Es la noche del 27 al 28 de junio de este año 2015. Quique Carballal y yo hemos planeado una salida nocturna por las estepas de Lleida. El objetivo, observar una de las aves más extrañas de nuestra fauna: el chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis).

Existen dos especies de chotacabras en nuestro país, el pardo y el gris. Son aves nocturnas, de ojos y boca enormes, con cantos extraños: un zumbido interminable el del gris, unas explosiones rítmicas el del pardo, que suenan como "Potoc-potoc-potoc" o como "siboc-siboc-siboc", onomatopeya que da origen a su nombre en catalán: siboc.

Ambas especies son muy miméticas: una vez posadas en suelo es muy difícil descubrirlas si hay hojarasca alrededor. Tanto confían en su camuflaje que si una persona se aproxima son capaces de permanecer sin moverse hasta tenerla a una distancia realmente alarmante.

Quique y yo hemos pasado la tarde en el Estany d'Ivars, una zona húmeda de importancia internacional situada en la comarca del Pla d'Urgell, en Lleida. Buscábamos aves mientras esperábamos a que anocheciera y pudiéramos dedicarnos a la búsqueda del chotacabras.

Garza imperial - Agró roig  - Ardea purpurea


Es cierto que hemos visto allí numerosas aves acuáticas. Y no es menos cierto que al día siguiente recorreremos buena parte de las planicies lleidatanes para engordar una hermosa lista de las más variopintas especies. Pero en realidad esta jornada va a estar marcada por los fantasmas. Es la noche de los fantasmas en Lleida.

La sensación de desenvolverse en la oscuridad, de sentirse al tiempo un intruso pero también partícipe, de observar seres que se mueven al amparo de la noche, la oportunidad de escuchar al viento en su más pura expresión, sin motores ni ruidos de origen humano que lo contaminen... El regalo tremendo que es para el espíritu la contemplación de cosas maravillosas como son los planetas lejanos... Todo ello solo puede ocurrir en un mundo mágico poblado por fantasmas.

Por eso me salto la narración sobre las aves de Ivars. Teletransportémonos hasta unos terrenos de cultivo sumidos en el más absoluto silencio. Luces lejanas indican que hay más humanos en el mundo, pero al menos no por los alrededores. La búsqueda del chotacabras pardo es todo un éxito: este misterioso animal se muestra ante nosotros, tanto en vuelo como posado, en varias ocasiones a lo largo de la noche. Tiene un aspecto casi de otro mundo: una boca enorme, oculta bajo una gran cabeza, parece robada de algún animal distinto. Pero no es así, pertenece al chotacabras.

¿Dije que un absoluto silencio nos envolvía? Falso. Se oían grillos y alcaravanes. El alcaraván es un ave que recuerda un poco al correcaminos de los dibujos animados. Sus grandes ojos delatan sus costumbres nocturnas. Su canto es un sonido irremediablemente ligado a la noche de los secanos. Por doquier se escuchan sus estridentes gritos, y de vez en cuando aparece de la nada algún ejemplar, ora correteando frente a los focos del coche, ora deteniéndose y quedándose inmóvil, no se sabe si para observarnos y estudiarnos o si para pasar desapercibido. Puede que ambas cosas.

Sus movimientos, su velocidad, y sobre todo la falta de luz hacen casi imposible conseguir una foto nocturna decente de este animal. Pero Quique sí consiguió filmarlo.

Alcaraván - Torlit - Burhinus oedicnemus


Pero volvamos al chotacabras. Tumbado en el camino cual piedra abandonada, lo descubrimos con el coche muchos metros antes de llegar hasta él gracias al rojo reflejo de sus ojos. En efecto, antes de contemplar al ave puede apreciarse a distancia un rubí brillante destellando en la oscuridad. Es el momento de parar el coche y de iniciar la aproximación con lentitud.

No hay gran peligro de que el ave se vaya. Como he dicho antes, confía a ciegas en su mimetismo. Cree que no le hemos visto. Va a quedarse quieta por mucho que nos aproximemos... hasta que decida que quizá sí somos una amenaza.

Quique y yo descendemos del vehículo. Sin mediar palabra pero cruzando miradas nos apostamos cada uno a un lado del camino. El siboc está frente a nosotros, a unos veinte metros de distancia. El alcaraván aún grita a lo lejos. Algún mochuelo maúlla en campos aledaños. Se adivinan en el horizonte luces de una extraña civilización que aparece muy lejana en nuestros pensamientos. Como dos abnegados penitentes nos arrodillamos en el suelo y avanzamos lentamente así en dirección a nuestro objetivo.

Chotacabras pardo - Siboc - Caprimulgus ruficollis


Nos lastimamos las piernas con las piedras del suelo, pero así y todo no nos quejamos. Es difícil arrastrarse con una cámara fotográfica en la mano: intentas a un tiempo evitar hacer ruido y que la óptica no se golpee ni se ensucie. El chotacabras sigue allí. Quince metros, catorce... Diez metros. Ya no estamos a cuatro patas: nos tumbamos en el suelo y avanzamos arrastrándonos, como un felino aproximándose a su presa.





Increíblemente, a pesar de nuestra torpeza por intentar movernos con los codos (la cámara sigue en alto) no se asusta el fantasma. Llegamos hasta él. ¿Dónde está el límite? Lo fotografiamos y contemplamos su raro aspecto, lleno de belleza. Han pasado muchos minutos y estamos muy fatigados. Metros atrás el coche permanece con las puertas abiertas, la llave puesta y los focos encendidos para facilitarnos el trabajo. Por la cabeza trabajaría terriblemente la imaginación trayéndonos el miedo a los hombres, si no fuera porque nuestra concentración es absoluta: el chotacabras nos tiene hipnotizados.


Nos damos un descanso: decidimos sentarnos. Sigue allí. Nos convertimos en un curioso trío: tres seres, dos de una especie y el tercero de otra, sentados en círculo, debatiendo en silencio. Aunque el ave no conoce el tema de conversación: es él.

Pienso en una reunión nocturna de los indios de norteamérica alrededor de una hoguera, en comunión con la naturaleza de la que forman parte. No sé si fue así o si quizá he visto demasiadas películas. Nosotros no tenemos hoguera, pero sin duda Quique y yo nos sentimos privilegiados. Acabamos de establecer un enlace con la naturaleza. La magia de la noche lo ha permitido y ese ser mitológico que nos acompaña se convierte en nuestro tótem. Sin embargo, el chotacabras sigue sin conocer la admiración que sentimos por él.

Quique y el chotacabras.


Finalmente nuestro amigo se cansa de nosotros. Alza el vuelo y se pierde en la oscuridad. Miramos al suelo y es como si nunca hubiera estado allí. Pero la magia sigue. Los fantasmas existen, y aún tendremos oportunidad de contemplar unos cuantos más en nuestro periplo.




También hay lechuzas. Sus blancas y silenciosas alas son el terror de los ratones y topillos. Su espeluznante voz nos habría puesto la piel de gallina si fuéramos unos ignorantes y desconociéramos su procedencia. Quien ha oído gritar a la lechuza sabe de qué hablo. Sus gemidos y chirridos producen espanto a los profanos. Les recuerdan a almas perdidas, a muerte, a gritos de condenados. Pero no son nada de eso. Son solo la voz de una esplendida rapaz nocturna. El mito y la persecución ha acompañado a la lechuza común durante siglos. Injustamente se la acusaba, por ejemplo, de beberse el aceite de las iglesias. También se la ha ligado a supersticiones varias, incluida la brujería. Pero de todo ello este animal no tiene ninguna culpa.

Podemos acusarla de ser bella. Sus plumas especiales, como la de todas las rapaces nocturnas, permiten un vuelo silencioso. Los batidos insonoros de sus alas nos animan a sentir por ella la devoción que sentimos también por el chotacabras.

En las estepas de Lleida es aún relativamente sencillo observar lechuzas, pero han desaparecido de muchos lugares.

Tan bien acompañados como estamos, indico a Quique aún un nuevo invitado en la fiesta. Está muy lejos, pero para él las distancias no significan nada. Es el planeta Saturno. Danza en el cielo con su anillo para nosotros, a través de nuestros telescopios. Quique está tan agradecido como sorprendido. Se trata de un bimbo cósmico para él.

Puesto que he hablado de cosas tales como la teletransportación, el espacio, espíritus, tótems... me permitirá el lector que haga uso ahora del salto en el tiempo. En la tarde del día siguiente nos topamos con el rey de los fantasmas, pero éste descansa horas antes del atardecer. Así y todo, su magnificencia es patente incluso a plena luz del día.

Hace mucho calor. Nada que ver con la agradable temperatura de la noche anterior. Sudando, cansados, con fuerzas mermadas, detenemos el coche. Buscámos collalbas, pero cuando me giro prismáticos en mano lo que veo son unos enormes círculos naranjas. Pertenecen a la faz del búho real.

Búho real - Duc - Bubo bubo


Este superdepredador es el búho más grande que existe, y es el rey absoluto de la noche. Su voz potente, sus garras afiladas, aquellos enormes ojos color fuego, su ceño de enfado, su enorme porte, lo convierten en una de las joyas más preciadas de nuestra fauna. Decir que el búho real consigue que la jornada más insípida cobre sentido para cualquier naturalista de campo es quedarse corto. Es algo más. Es una de las especies más míticas para los ornitólogos. Nunca uno puede cansarse de contemplar a esta maravilla de la evolución.

Macho y hembra de búho real, fotos de Quique Carballal




Frente a la mirilla de nuestros telescopios el búho real se dedica a sus quehaceres: acicalándose las plumas, moviendo el buche, se prepara poco a poco para las horas frescas del día, las suyas, las de la noche. Cuando la luz caiga se alzará el terror entre los habitantes de los páramos. Él manda en la noche, y por eso es el rey de los fantasmas.


No puedo terminar esta entrada sin dejar de recomendar una vez más el blog de Quique. Él es un maestro, en muchos sentidos, incluido el literal. Y tanto divulga el amor a la naturaleza a sus alumnos en los colegios como a los adultos a través de internet:
http://ausalbarcelons.blogspot.com.es/

La culebrera (Circaetus gallicus) es otra de las aves de las que pudimos disfrutar aquel domingo.