viernes, 16 de septiembre de 2016

Tercera y cuarta jornada de censo de rapaces en migración en Barcelona

Sigo con el censo de aves en migración hacia el sur desde la azotea de casa.

El día 11 de septiembre estuve 3 horas y el día 13 tan solo 2.

Vamos con el día 11: estuve desde las 14:25 hasta las 17:25. Es decir, las horas centrales del día, con una temperatura de un millón de grados al sol. A la sombra se estaba bien gracias a la brisa.

El número de rapaces en migración fue... cero. Pero así y todo me lo pasé bien gracias al bonito paso de golondrinas comunes: mínimo de 941 ejemplares, todos en dirección SO (media de 313,66 aves por hora). También dos aviones comunes y dos zapadores.

Oreneta vulgar - golondrina común - Hirundo rustica: 941
Oreneta cuablanca - avión común - Delichon urbicum: 2
Oreneta de ribera - avión zapador - Riparia riparia: 2

El puntazo de la jornada llegó cuando un gorrión común me sobrevoló en dirección a otra azotea cercana. Al instante comencé a oír un sonido extraño, una especie de silbido suave, como una corriente de aire que se deslizara a bastante velocidad... era un cernícalo vulgar, un ejemplar local, que perseguía al gorrión con intenciones nada amistosas. Había realizado un picado bastante horizontal con las alas plegadas, y siguiendo la trayectoria del pequeñín pasó justo por encima de mi cabeza a gran velocidad, al tiempo que ondulaba un poco su vuelo para adaptarse a los pasos entre edificios. Qué sensación más maravillosa la de presenciar un espectáculo como aquél, de corta duración pero de salvaje intensidad.

Nada desdeñable fueron tampoco las palomas (Columba livia), especie a la que solemos prestar muy poca atención. Una bonita pareja decidió que yo no era una amenaza y me acompañaron un buen rato mientras me deleitaban con una demostración de amor ornítico, consistente en caricias, picotazos y besos varios.






El día 13... bueno, el día 13 fue un día muy aburrido. Solo estuve dos horas por motivos laborales, desde las 10:15 hasta las 12:15, pero no creo que me hubiera quedado mucho más aunque hubiera podido. Sin embargo tuve un gran colofón final en forma de halcón de Eleonora, ave que hizo que valiera la pena haber aguantado aquel rato bajo el sol.

Falcó de la reina - halcón de Eleonora - Falco eleonorae: 1  (fase clara)

Quisiera añadir que también vi un globo. No uno aeroestático, si no uno de juguete de los que usan los niños. Lo anoto como anécdota porque curiosamente en las cuatro jornadas que llevo de censo han aparecido siempre tarde o temprano globos, a veces con formas realmente curiosas. Es lo que tiene mirar al cielo en una ciudad.

Hasta que llegó el halcón me aburrí mucho, como demuestran las fotos siguientes.

El globo de rigor.

Sóc en Doraemon, i això és el casquet volador! Ah-ah-ah, tu sempre guaaaanyes... Do-ora..emon!

Ya he dicho que me aburría mucho.

martes, 13 de septiembre de 2016

Migración otoñal en l'Espinal

Tras un par de días contemplando el cielo desde mi azotea decidí cambiar de aires para iniciar el conteo desde l'Espinal.

El sábado pasado (día 10) subí hasta allí. Son unos terrenos situados en lo alto de una de las pequeñas montañas que forman la Serralada Costera Catalana. Se encuentra en las cercanías de Argentona, en la comarca del Maresme. Es también uno de los sitios más emblemáticos para los ornitosectarios. Llevamos años contemplando desde allí la migración postnupcial con resultados interesantes, ya sea por el número de ejemplares, ya sea por las especies que aparecen. Y digo "llevamos" porque mis amigos Dani, Joan, Quique y Jaume también suben a menudo, lo que nos da un poco más de cobertura temporal cuando no coincidimos. Joan fue quién nos descubrió hace años l'Espinal, y quién nos recomendó realizar los censos migratorios en aquel lugar.

En esta ocasión llegué a las doce del mediodía y me quedé hasta las siete de la tarde. Estas siete horas de observación dieron buenos resultados. Además la última hora pude compartirla con Dani, su mujer Marta y su hija, la pequeña Antía.

Estos son los resultados (solo aves migradoras, las locales se excluyen):

Águila pescadora - Pandion haliaetus: 2
Abejero europeo - Pernis apivorus: 1
Aguilucho lagunero - Circus aeruginosus: 28
Aguilucho cenizo - Circus pygargus: 1
Azor - Accipiter gentilis: 1
Gavilán - Accipiter nisus: 1
Cernícalo vulgar - Falco tinnunculus: 4
Alcotán - Falco subbuteo: 5
Halcón de Eleonora - Falco eleonorae: 2
Halcón sin identificar - Falco sp.: 1

En total 48 rapaces, lo que da una media de 6,86 aves por hora. No es Tarifa, pero nos lo pasamos muy bien, y la gran variedad de especies, las condiciones lumínicas cambiantes y las diferentes altitudes y distancias de vuelo constituyen todo un reto de identificación.

Abejero europeo - Pernis apivorus, hembra adulta

Aguilucho lagunero - Circus aeruginosus, macho adulto



Aguilucho lagunero - Circus aeruginosus, joven o hembra en primer plumaje de adulto

Águila pescadora - Pandion haliaetus, presunto macho





miércoles, 7 de septiembre de 2016

Segundo día de migración otoñal: cómo no ver aves viendo aves

Martes, día 6 de septiembre. Subo a la azotea de mi casa, en Barcelona. Voy a vigilar el paso de rapaces hacia el sur en su migración postnupcial. Comienzo a las 10.20.

Voy a explicar cómo es recomendable realizar la observación de aves en estos días de terrible calor.

Es necesario ir bien preparado para las altas temperaturas: hay que buscar la sombra, llevar agua, ropa ligera y sombrero, gafas de sol, etc. Además por supuesto, como vamos a ver plumíferos, hay que cargar con el telescopio, los prismáticos, la cámara de fotos, una silla plegable, libros...

Cuando tienes todo montado el siguiente paso consiste en tirarlo todo de una patada o lanzarlo al vacío y largarse a tomar una cerveza bien fresquita en la terraza de un bar. Porque después de estar tres horas cocinándome a la plancha en lo alto del edificio, marcharse con un triste cernícalo es bastante deprimente. O lo sería si mi cerebro no estuviera demasiado ocupado en revivir tras carbonizarse a casi cuarenta grados.

En efecto, la primera hora me propició un cernícalo migrador, y también algunos vencejos reales y un papamoscas cerrojillo que se alimentaba volando de antena en antena. Pero las dos últimas horas fueron un suplicio. Apenas alguna tórtola turca suicida por aquí o por allá. Ni siquiera las casi omnipresentes gaviotas patiamarillas.

Al final acabas bajando la mirada para relajar el cuello, dolorido de tanto mirar a un cielo deslumbrante, y descubres lo interesantes que son las manchas del suelo.

Pero como se suele decir, es lo que hay. Las aves aparecerán tarde o temprano, y por ello es necesario seguir mirando hacia arriba. Esto forma parte de la vida del ornitólogo: en ocasiones ves maravillas; otras en cambio te mueres de aburrimiento.

Cernícalo vulgar - Falco tinnunculus, la estrella del día entre las rapaces, porque no había otras.




domingo, 4 de septiembre de 2016

Comienza la migración otoñal

Ni estamos en otoño, ni empieza hoy la migración. De hecho ya hace días que es bastante patente. Hace ya varias semanas que algunas rapaces europeas se pusieron en marcha para llegar a África (o a la península ibérica). Pero hoy ha sido el primer día que he subido a la azotea para controlar el paso desde mi casa.

Solo he aguantado tres horas (desde las 11.10 hasta las 14.10) debido al terrible calor, el cual llevo bastante mal. La alta humedad hace bastante insoportable estar en lo alto de un edificio en medio de la ciudad de Barcelona, por muy bien que estuviera preparado (agua fresca, protección solar, sombrero, sentado a la sombra...).

Como era de esperar no ha habido mucho movimiento todavía, pero así y todo he podido estrenarme con buen pie: dos aguiluchos laguneros y un águila pescadora me han alegrado la primera hora de censo. A partir de ahí nada, excepto unas pocas valientes golondrinas a las que parecía no afectar la alta temperatura.

Estos son los totales de hoy:

Águila pescadora - Pandion halieatus: 1 hembra adulta
Aguilucho lagunero - Circus aeruginosus: 1 macho adulto y 1 hembra adulta. Viajaban juntos.
Lavandera cascadeña - Motacilla cinerea: 2
Golondrina común - Hirundo rustica: 7
Avión común - Delicho urbicum: 11+

Mi intención es hacer el máximo número posible de horas durante el mes de septiembre y octubre, pero esto podría requerir un gran sacrificio laboral por mi parte. Ya veremos...

Las imágenes, como suele ser habitual, no tienen mucha calidad: no tengo un buen equipo fotográfico e incluso a menudo tiro de móvil (apoyado a pulso en el telescopio). Sin embargo considero que las imágenes son interesantes:

Aguilucho lagunero, Circus aeruginosus, macho adulto.


Aguilucho lagunero, Circus aeruginosus, hembra adulta. La primera imagen no se sale de lo normal, pero la segunda me fascina por la anchura que toman sus alas en el momento del aleteo. Si solo dispusiéramos de esa foto podríamos tener problemas de identificación si no fuera por la longitud de la cola.


Águila pescadora, Pandion haliaetus, hembra adulta. Fijaros en la franja pectoral bien marcada, las marcas en las infracobertoras alares y la aparente ausencia de barrado en las plumas de vuelo.

domingo, 5 de junio de 2016

Zenaidas, fuscicollis, collarinos y cornejas cenicientas.

¡Menudo mes de mayo de rarezas que hemos tenido en el delta del Llobregat!

Zenaida huilota, cornejas cenicientas, papamoscas collarino y correlimos de Bonaparte. Esta primavera está dejando sorpresas muy agradables, y si tuviera que decidir cuál ha sido la más interesante no lo tendría nada claro.

En primer lugar está la Zenaida huilota (Zenaida macroura), tórtola americana que se dejó ver durante unos días en el aparcamiento adyacente a la autovía de la reserva natural Remolar-Filipines. Fue identificada el 1 de mayo por Guillem Izquierdo, aunque creo que el 30 de abril ya había sido observada.

En cuanto llegó a mis oídos la noticia de su presencia, lo primero que pensé fue:

- Paso de ir a verla.

En efecto, mi primera conclusión fue la de que sin duda se trataría de un ave escapada de jaula.

Pero al final pudo la curiosidad (como siempre, a quién vamos a engañar), y tres días después, el 4 de mayo me desplacé con mi amiga Alba hasta el punto de la observación con la esperanza de tener suerte. Los primeros dos minutos fueron de cierta decepción y temor al no observar nada y contemplar el lugar donde supuestamente debía estar el ave: una lengua de asfalto de unos pocos metros de longitud, un callejón sin salida limitado por unas vallas a un lado y al fondo, y por la autovía al otro.

"¿Aquí se supone que hay un ave?", pensé. No lo parecía en absoluto. La zenaida no es pequeña como un gorrión o un mosquitero, y no había obstáculos que impidieran en principio echar un amplio y certero vistazo al lugar.

Craso error. Sin embargo, esa primera decepción causó que me tomara con mucha más alegría la repentina aparición del pájaro. Se asustó a nuestro paso y levantó el vuelo tan solo a unos pocos metros de distancia. Desapareció tras unos matojos y lo perdí de vista. ¿Era la zenaida? Tenía toda la pinta.

Volvimos unos metros atrás para buscar un mejor lugar desde donde escudriñar la zona por la cual había desaparecido, que no era otra que la autovía cargada de coches que pasaban a toda velocidad, en un tramo en el que está permitido ir a más de 100 km/h. Allí, bajo la valla protectora que recorre el arcen asomaba una cabecita.

Telescopio plantado, avistamiento confirmado. Y algunas fotos. La zenaida decidió cambiar de zona y se posó lejos de los coches, en un lugar mucho más tranquilo y mucho más adecuado para nuestras ansias vouyeristas. Ahí llegó la segunda tanda de fotos, y también la oportunidad de estudiar con más detenimiento al ejemplar: no llevaba anillas, volaba perfectamente, plumaje en estado óptimo... la cosa se ponía interesante. Ni permitía que las personas se acercaran, ni se asustaba demasiado, tal cual como reacciona en nuestras tierras la abundante tórtola turca.

¿Cabía la posibilidad de que fuera realmente un ave salvaje? No se puede descartar en absoluto, aunque probablemente llegara a bordo de un barco. Pero aunque el origen sea desconocido es mejor eso que la confirmación (mediante anillas por ejemplo) de que fuera un ave escapada del cautiverio.

Zenaida huilota (Zenaida macroura)





El 8 de mayo bimbé correlimos de Bonaparte (Calidris fuscicollis), actualmente denominado correlimos culiblanco (pero qué queréis que os diga, al menos esta vez dejad que le llame de Bonaparte, que me gusta mucho más; prometo llamarle culiblanco la próxima vez que lo vea).

Fue descubierto en la maresma de les Filipines por Xavier Aute y Lluís Gustamante a las 9 de la mañana del 8 de mayo. Era domingo, y a esas horas yo estaba desayunando en Badalona con Sílvia, mi novia. Recibí el chivatazo en el móvil. Antes de eso ya estaba planteándome dar un paseo por el delta del Llobregat, pero fue aquella información la que me empujó definitivamente.

A las 12:15 ya estaba bimbando el correlimos. Aunque la observación fue rápida, sencilla, y nada sorpresiva (cuando entré en el hide los ornitólogos que había dentro ya tenían localizada al ave), la importancia de la especie y lo bien que se portó frente a mi telescopio hizo que me sintiera realmente satisfecho.

La mañana comenzó a convertirse en mágica cuando aparecieron dos charrancitos, una golondrina dáurica, dos correlimos de Temminck, cuatro garcillas cangrejeras, tres canasteras y...  ¡cuatro fumareles comunes! A pesar de su nombre, es una especie muy rara en Catalunya. Hacía muchos años que no los veía y no los esperaba para nada, así que tuve uno de esos orgasmos ornitológicos que ocurren de vez en cuando.

Correlimos de Bonaparte (Calidris fuscicollis)







Fumarel común (Chlidonias niger)


Coincidí allí con Javier Valladares, y le conté mi intención de ir a echar un vistazo a la playa. Tal vez hubiera algo interesante en el mar. A Javier le gustó la idea y decidió acompañarme. Sabia decisión. Caminábamos junto a los pinos que acompañan el sendero de la playa cuando le comenté:

- Creo que ayer vieron un papamoscas collarino por la Jonquera.
- Ostras, ese bicho sí que debe molar...
- Y tanto... Mira, allí hay algo.

Un macho de papamoscas collarino se posó frente a nosotros. De espaldas. Nos mostró su collar completo. A continuación nos miró y decidió salir volando para alejarse cruzando la riera de Sant Climent.

Supongo que se nos quedó cara de bobalicones. A la incredulidad le siguió la felicidad total. Nos dimos un apretón de manos y varias palmadas en la espalda. Para Javier era bimbo. Para mí casi que también: sólo lo había visto una vez, años atrás, pero con unos prismáticos en mal estado y desenfocados. Fue un ejemplar que apareció frente a mí durante un segundo y que no dejó más recuerdo que el de una pequeña cosa negra y blanca borrosa que desapareció tan rápido como había aparecido. Todo lo contrario que éste.

Aún algo aturdidos por lo que acabábamos de ver, sin tiempo para recuperarnos del shock pudimos disfrutar de otro espectáculo ornitológico más, aunque ya no en tierra firme: frente a la playa seis paíños comunes deambulaban aquí y allá a no mucha distancia de la costa, permitiéndonos contemplar la franja blanca de sus alas y sus revoloteos sobre la superficie del agua. Les acompañaban ocho charrancitos, dos pardelas cenicientas, cuatro charranes patinegros y decenas de pardelas baleares. Nunca antes había visto tan bien los paíños como en esta ocasión. El día mágico terminaba de una manera maravillosa.

Se me tiraba el tiempo encima y decidí marcharme, pero Javier se quedó un rato más para intentar fotografiar al papamoscas collarino. Tal vez el ave volviera. En efecto, su fé fue recompensada y consiguió inmortalizarlo.

Papamoscas collarino (Ficedula albicollis), foto de Javier Valladares.


El broche final de este mayo lo han puesto dos cornejas cenicientas (Corvus cornix). Pero antes de hablar de ellas haré un pequeño inciso para mencionar al precioso fumarel aliblanco que se plantó frente a mí el día 10. Esta vez me acompañó mi amiga Alba, en una jornada mucho más tranquila que la anterior, y que "solo" me aportó esta nueva especie y un papamoscas gris balear (Muscicapa striata balearica), con un pecho totalmente blanco carente de listas. Además conseguí unas bonitas fotos de garceta común.

Fumarel aliblanco (Chlidonias leucopterus)

Garceta común (Egretta garzetta)

Volvamos a las cornejas cenicientas. Esta especie, rareza total en España, llevaba sin embargo siendo regular en Catalunya desde el año 2012 (siempre ejemplares solitarios). Pero a mí se me escapaba. A veces por los pelos, pero el caso es que no había conseguido observarla nunca en España (la bimbé en Finlandia hace tiempo). Finalmente este año ha caído, y de qué manera.

El 14 de mayo dos ejemplares fueron observados en la antigua desembocadura del río por varios ornitólogos (José García Moreno, Jordi Clavell, Raúl Bastida, Eio Ramon y otros). El 17 de mayo una de las aves fue vista en el casco urbano de El Prat de Llobregat (Marc Iranzo). El 21 de mayo Quique Carballal observó en el mismo punto los dos ejemplares juntos, recogiendo material para la construcción de un nido en unas coníferas cercanas.

Al día siguiente, el 22 de mayo, fui yo por fin a ver las cornejas. Llegué a media mañana, antes de las once. Aparqué nervioso en una de las calles cercanas y fui en su busca. Al principio el panorama era desolador: cientos de personas se agolpaban bajo las coníferas donde supuestamente debería estar el nido, pero no eran ornitólogos buscando aves. Era una competición de zumba. Con la música a todo volumen, grupos de chicas bailaban en un escenario alentadas por una speaker con micrófono. El público aplaudía y yo maldecía mi suerte.

Pero al parecer a las cornejas les importaba menos que a mí la diversión a la que se habían lanzado los humanos. Me sobrevolaron un par de veces. ¡Por fin! En un descampado cercano recogieron material para su nido, tal como hicieron la tarde anterior ante los ojos asombrados de Quique. Podría acabar siendo la primera reproducción de la especie en España.

Cornejas cenicientas (Corvus cornix)










Informé triunfante vía móvil a todo aquél que quisiera escucharme y me marché con una sonrisa de oreja a oreja a pasear un rato por el canal de la Bunyola, para ver si completaba aún más el día con otras observaciones. Y lo que pasó fue que me topé con lo que creo que es una culebra viperina (Natrix maura), aunque agradeceré cualquier ayuda en la identificación, ya que no soy ningún experto en serpientes.




Para finalizar, cabe añadir que el pasado martes día 31, el último día del mes, vi con Alba de nuevo a las cornejas, pero de una manera muy distinta. Habíamos dado un anodino paseo por el Remolar en el que lo más destacado fue un híbrido de garceta común y garceta dimorfa que llevaba tiempo viéndose por la zona. A éste nivel hemos llegado: algo tan interesante como este híbrido ha pasado un poco sin pena ni gloria por esta crónica...

Híbrido de garceta común y garceta dimorfa (Egretta garzetta x gularis)


Decidimos probar suerte en Can Dimoni. Pero antes de llegar allí, apenas medio kilómetro más al norte de la barrera de entrada a la reserva di un frenazo y detuve el coche junto a una rotonda. ¡Una corneja cenicienta buscaba alimento entre los hierbajos!

Aparcamos y tomé varias fotos, incrédulo otra vez ante el espectáculo. Esperaba verlas en el Prat, junto al nido, no allí.


Podría decir que fue el azar quién nos llevó un rato más tarde definitivamente al Prat de Llobregat, pero en realidad fue la sed y el hambre. De cerveza y de bravas, no de aves. Nos sentamos en la terraza de un bar mientras el segundo ejemplar de corneja revoloteaba por las cercanías, esta vez sí junto a las coníferas que albergaban el nido.

¿Ya no llevaban material? ¿No van a criar finalmente? ¿Sí lo harán y se turnan en la búsqueda de alimento?

Hoy 4 de junio aún siguen por el Baix Llobregat las cornejas. Habrá que ver cómo termina su historia.

domingo, 17 de abril de 2016

Curioso comportamiento: el rascón arborícola / Cormoranes moñudos en Sant Pol de mar

El 19 de octubre del año 2014, durante un paseo por la orilla del río Mogent, cerca de La Roca del Vallès (Barcelona), pude observar a un rascón (Rallus aquaticus) trepando algunos metros por un árbol inclinado sobre el agua, tal y como se puede apreciar en el vídeo siguiente:




El rascón, especie que normalmente se mueve por el suelo, iba picoteando insectos aquí y allá a medida que ascendía.

Tras pasar la mañana allí decidí cambiar de aires y me acerqué hasta Sant Pol de Mar, en busca del cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis). No falló, y pude observar un grupo de quince ejemplares.



lunes, 4 de abril de 2016

Sant Llorenç de la Muga y Danaus chrysippus

El fin de semana del 11 y 12 de octubre del 2014 lo pasamos Jaume, Dani y yo pajareando en Sant Llorenç de la Muga (un precioso pueblo situado en la comarca del Alt Empordà, Girona), gracias a la hospitalidad del primero, quien nos ofreció su casa para pernoctar y nos hizo de guía por unas tierras que él conocía y conoce muy bien.

Mientras que la tarde del sábado la pasamos charlando frente a una cerveza en la terraza de un bar, el domingo día 12 madrugamos (no mucho) y lo dedicamos a la observación de las aves y de la naturaleza, y a la contemplación y disfrute de los hermosos paisajes montañeses que se yerguen alejados de la llanura costera.

Se trataba de una zona que yo visitaba por primera vez, y caminé con los ojos bien abiertos y los oídos atentos a los cantos de las aves, los únicos sonidos perceptibles en aquellos bosques a aquella hora de la mañana.

Prados y nieblas en un suave día de otoño.


El río Muga, que da nombre al pueblo, lo acompaña a su paso. En él, explicaba Jaume, había visto en más de una ocasión pato mandarín (Aix galericulata). Nos habló también de una gran crecida que tuvo el río en el pasado, de como el nivel del agua alcanzó gran altura, amenazando las viviendas aledañas, y nos mostró una piedra que colocaron en su momento las gentes del lugar como marca para el recuerdo, como testigo perenne de lo cerca que estuvo el cauce del río de inundar parte del pueblo.

En Sant Llorenç de la Muga se han observado también nutrias, incluso en los canales de agua que cruzan sus callejuelas.

Debo confesar que me suelo olvidar de fotografiar los pueblos que visito. Al llegar a casa y descargar las fotos de la cámara me encuentro indefectiblemente con decenas de imágenes de aves y muy pocas de los lugares de los que luego me gusta hablar. Craso error por mi parte que debo corregir. En este caso fotografié una chimenea porque había posado en ella un estornino pinto.



Seguimos el río en su camino hacia el norte, hacia el cercano pantà de Boadella. El trayecto nos permitió detectar mirlo acuático, lúganos, mitos, herrerillos, carboneros, petirrojos, escribanos soteños, chochines, currucas, tarabillas... entre los grandotes nos topamos con los cuervos y las garzas reales, y en las cercanías ya del pantano, cormoranes grandes, ánades reales y la sorpresa de la mañana, dos ocas de Egipto (Alopochen aegyptiaca).

Dani y Jaume observan algo ya en la cola del pantano.


Oca de Egipto (Alopochen aegyptiaca)


Regresamos al pueblo, y puesto que nos había sobrado tiempo decidimos pasar las horas restantes del día  en los Aiguamolls de l'Empordà, a distancia asequible yendo en coche. Nos trasladamos pues hasta la zona conocida como el Matà y tomamos el camino de la playa.

Vimos algunas especies interesantes como abejero europeo, garceta grande, combatiente, alondra, collalba gris, martinete... pero lo más interesante fue observar en directo el fenómeno del cual ya teníamos constancia gracias a la información expuesta por el portal de naturaleza www.ornitho.cat: la invasión de la bella y rara mariposa tigre (Danaus chrysippus). Decenas de ejemplares pululaban por las hierbas y matojos que flanqueaban el sendero.





Los minutos finales de la tarde los pasamos en la zona de los Tres Ponts, un extenso carrizal situado al norte del pueblo de Castelló d'Empúries. Allí nos esperaba para ser filmado y fotografiado un precioso ejemplar de jabalí (Sus scrofa).



Termino con un vídeo del mismo jabalí.