domingo, 19 de julio de 2015

¿Para qué sirven las aves?

Terminé de leer no hace mucho el libro titulado "¿Para qué sirven las aves?", de Antonio Sandoval, y teniendo en cuenta lo mucho que me gustó no podía dejar pasar la oportunidad de dedicarle unas líneas en este blog.

Tuve el honor de coincidir con Antonio en agosto del 2014 en Estaca de Bares. Quique Carballal, Jaume Castellà, Daniel González y un servidor habíamos decidido pasar unos días en Galicia (en mi caso era la primera vez que pisaba aquella tierra) y Estaca era un punto de visita ineludible. Nuestra intención por supuesto era conseguir importantes avistamientos de aves marinas, famosos en aquel lugar gracias a gente como Antonio Sandoval. Y a nuestra llegada allí estaba él, inclinado en el telescopio, como un elemento más del paisaje de aquellos acantilados.

A ratos divertido, a veces triste (estremecedor el relato del vertido del Prestige), siempre entretenido, el libro aprovecha un hipotético viaje por parte de la costa coruñesa para hablar de temas muy diversos. La pregunta del título es clave. Su contenido es extenso. ¿Para qué sirven las aves? Cuántas veces los no aficionados a la ornitología nos han hecho preguntas de ese estilo a los ornitólogos. Este libro es una gran respuesta a muchas de ellas. En sus páginas se tratan cuestiones tan importantes como el por qué debemos proteger las aves, qué nos aportan, por qué debemos dar prioridad a la protección de un espacio natural en lugar de destruirlo y urbanizarlo, por qué no cazarlas... ¿creemos o no los ornitólogos que las aves son más importantes que las personas? También hay momentos más distendidos: ¿por qué disfrutamos tanto con un pájaro raro? ¿Hacemos trampas los ornitólogos? ¿Tenemos especies favoritas? Hay también una curiosa lista de famosos unidos a esta afición: rockeros, actores de Hollywood, escritores... Pero no todo es diversión. Sus páginas nos descubren también muchos casos del nulo interés que les despierta a las administraciones y a los políticos el medio ambiente y su protección. Barbaridad tras barbaridad, asistimos a la triste destrucción del litoral coruñés a lo largo de las décadas, situación extrapolable a todo el territorio español.

Recomiendo este libro a todos los aficionados a las aves, por supuesto, pero también a todos aquellos que quieran simplemente pasar un (muy) buen rato.





Enlace a Tundra Ediciones:

Enlace al blog dedicado al libro:




martes, 16 de junio de 2015

Orgía vespertina y moscones

No penséis mal. A pesar del título no voy a hablar de sexo.

Aunque entre lo de "orgasmo ornitológico", expresión que uso a menudo, y ahora esto de las orgías, puedo imaginarme alguna broma que caerá por ahí.

El cernícalo patirrojo (Falco vespertinus) es un pequeño halcón que nos visita durante las migraciones (sobre todo en la primaveral). Este 2015 está siendo un muy buen año para esta especie. Con decenas y decenas de observaciones, se han batido todos los récords en la península ibérica. En el delta del Llobregat (Barcelona) también un grupo de ejemplares ha pasado por unos días de descanso y recuperación de fuerzas antes de seguir su viaje hacia el este de Europa.

El martes día 19 de mayo visité la zona de Can Dimoni y ya pude observar algunos patirrojos. Pero fue el 26, siete días después, cuando más pude disfrutar de ellos. En total conté siete machos (adultos y de primer verano) y cinco hembras, además de cinco carracas (Coracias garrulus), una de las especies más bonitas de la avifauna europea.

Cernícalo patirrojo - Falcó cama-roig - Red-footed falcon - Falco vespertinus (macho)


Macho de segundo año calendario (rectrices barradas)


Cernícalo patirrojo - Falcó cama-roig - Red-footed falcon - Falco vespertinus (hembra)


Carraca - Gaig blau - Coracias garrulus



Fue un goce total estar frente a todas estas maravillas aladas, a escasos metros de ellas, con buena visibilidad y excelente luz para disfrutar de toda su belleza. Al mismo tiempo, la cantidad y variedad de individuos me brindaron una oportunidad excepcional para estudiar y aprender en directo los plumajes que presentan machos y hembras en distintas edades. Para no alargarme resumiré diciendo que Falco vespertinus presenta plumaje juvenil desde su nacimiento hasta su primera muda a finales de año, cuando adquieren aspecto de macho adulto o de hembra adulta, pero reteniendo algunas plumas de aspecto juvenil. Estos ejemplares llegan así en primavera hasta la península ibérica (aves de segundo año calendario) junto con los adultos.

Macho de segundo año calendario, cuerpo mudado pero partes inferiores del ala de aspecto juvenil. Rectrices centrales mudadas.




Hembra de segundo año calendario.


Macho de segundo año calendario.


Hembra, posiblemente adulta.


Tras un breve paseo por la zona decidí pasar un par de horas por Cal Tet y las "maresmes" de Cal Nani, situadas a algunos kilómetros de distancia. En los árboles del canal de la Bunyola un pájaro moscón (Remiz pendulinus) me deleitó durante unos minutos con su presencia. Esta pequeña ave construye unos nidos espectaculares: teje unas bolsas colgantes, unas auténticas obras de arte, que le hacen buen merecedor de su nombre en catalán (teixidor, tejedor).

A pesar de ser fácil su detección debido a su lastimero reclamo, no siempre es sencillo observarlo ni fotografiarlo, pues a menudo se oculta entre el follaje. Este ejemplar se portó como un campeón ante mi cámara.

Pájaro moscón - Teixidor - Remiz pendulinus



sábado, 23 de mayo de 2015

Una de esas aves

En ocasiones cuando nos reunimos los ornitosectarios (Dani González, Jaume Castellà, Quique Carballal, Joan Grajera y yo) hablamos de aquellas especies que todavía  no hemos visto y que por un motivo u otro nos gustaría llegar a contemplar algún día.

Dani y yo por ejemplo recordamos los "tres nombres graciosos":
  • Chorlito carambolo (Charadrius morinellus)
  • Piquituerto lorito (Loxia pytiopsittacus)
  • Camachuelo trompetero (Bucanetes gigathineus)
De esos tres nos falta a ambos el camachuelo trompetero. Algún día caerá.

Sin embargo los ornitólogos tenemos aún más ganas de ver otras especies que despiertan en nosotros unas sensaciones especiales, distintas a las que provoca un nombre curioso. A veces es por el tamaño, o por los colores, o por el género al que pertenece, o por el hábitat que ocupa... En mi caso particular recuerdo que en mis primeros años de observador de aves a veces soñaba (literalmente, mientras dormía) con algunas especies. Me viene a la mente en concreto el caso de la espátula (Platalea leucorodia). Cuando finalmente la vi en carne y hueso dejé de soñar con ella.

Realmente no sé por qué soñaba con la espátula y no con el búho real. Tal vez lo hice pero lo he olvidado. El búho real (Bubo bubo) es para mí una de esas especies mágicas. Lo he visto varias veces ya, pero lo vería un millón más si pudiera. Sus gigantescos ojos naranjas, asomados bajo unas cejas que parece que expresen cierto desprecio hacia ese pequeño ser inferior que es el hombre, me sobrecogen de tal manera que cuando los miro siento que no estoy frente a un integrante más de nuestra avifauna, si no ante un auténtico ser mitológico.

Otras especies que pueden despertar en mí sensaciones parecidas serían el urogallo, el búho nival y el cárabo lapón, las tres todavía en la lista de "pendientes".

De las cuatro últimas que he mencionado, tres son tipos de búhos. Me tiran mucho las nocturnas. Pero si bajo un poco (muy poco) el listón de la exigencia puedo abarcar ya bastantes más aves. Son en especial el grupo de las rapaces diurnas las que también me hacen acercarme a ese famoso orgasmo ornitológico del que ya he hablado tantas y tantas veces (ver un cárabo lapón o un urogallo sería algo más semejante a un éxtasis divino).

Entre las rapaces diurnas hay también preferencias. Algunas son muy agradables de ver, agradecidas en potencia por su abundancia y proximidad, como el cernícalo (Falco tinnunculus), por su espectacularidad y gran tamaño, como el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), por su belleza, como el marmóreo y vermiculado azor (Accipiter gentilis)...

Hoy voy a hablar del fenomenal y curiosísimo encuentro que tuvimos con una de las rapaces que aúna un gran número de razones para mover a varios ornitosectarios tras su rastro. Se trata del aguilucho papialbo.

Originario del este de Europa, este ave de fina silueta y colores pálidos se hace cara de ver por nuestras tierras, aunque cada vez sus observaciones son más numerosas.

Para mis amigos y yo, sin embargo, se había convertido en algo así como un fantasma. Tras varios años controlando el paso migratorio postnupcial por la comarca del Maresme sin haber conseguido todavía ni un solo registro de macrourus, empezamos a pensar que el ave se nos negaba de una manera cansina, que en cualquier caso no podríamos tildar de frustrante porque se trataba al fin y al cabo de un animal muy escaso en Europa occidental.

Parecía claro que si queríamos verla habría que ir a buscarla. Y eso hicimos el 6 de abril del año 2014. Días antes Gerard Dalmau había descubierto un ejemplar en el pueblo de Cinclaus, en el Baix Empordà (Girona). Puesto que ya habían sido muchos los observadores que habían pasado por el lugar con resultados satisfactorios, decidimos también nosotros probar suerte. Fuimos Quique Carballal, Jaume Castellà y un servidor.

Jaume sentado a la mesa, Quique de pie detrás.


El restaurante Mas Concas.


Cinclaus no es un pueblo grande. De hecho, es minúsculo. Apenas has entrado en él, ya estás saliendo. Una calle principal lo atraviesa, y en su centro una plaza acoge al hermoso restaurante Mas Concas, situado en una antigua masía del siglo XVII, entre cuyas paredes vivieron Caterina Albert, escritora catalana (con el pseudónimo de Víctor Català) y Lluís Albert i Rivas, compositor de música y sobrino de la escritora.

Flanquean la plaza algunos muretes y unas pocas casas más. Quedan allí además construcciones medievales y románicas. A pesar de su pequeñez, se puede sentir en Cinclaus la sensación de estar en un gran lugar. Al menos uno bello. Rodeado de grandes y llanos campos de cultivo, carrizales y bosquetes, el pueblo ofrece la tranquilidad y placidez que hace feliz a los ornitólogos.

Iniciamos nuestra búsqueda en un pequeña colina cercana. Nuestros telescopios otearon el paisaje descubriendo muchas aves. Era temprano y el mundo rebosaba vida. Algunos alcaravanes correteaban por unos terrenos arados, tres zarapitos reales descansaban en unos prados inundados, los milanos negros surfeaban por el aire... No había ni rastro del aguilucho papialbo, pero ya suponíamos que tendríamos que tomárnoslo con calma. El área era vasta, y aunque nuestras miradas llegaban lejos, había mucho por explorar.

Culebrera europea / águila culebrera (Circaetus gallicus)



Estuvimos un buen rato en la colina. Caminamos un poco hacía aquí, luego un poco hacia allá... Empezamos a decidir qué haríamos a continuación. Posiblemente coger el coche para trasladarnos algunos kilómetros hacia el norte. Como animándonos a emprender la tarea, en la lejanía un ave sospechosa sobrevolaba los campos alejándose de nosotros. Era un aguilucho, no había duda, pero la distancia y la luz no ayudaban a discernir nada. Podría ser un cenizo o un lagunero. De esta última especie ya habíamos visto algunos ejemplares en el rato que estuvimos allí.

Perdimos al aguilucho de vista. Su desaparición nos puso en movimiento.

Tarabilla norteña (Saxicola rubetra)


Triguero (Emberiza calandra)


Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), macho.



Condujimos con calma hacia el punto en el que creíamos que habíamos visto al fugitivo mientras tomábamos nota de todo cuanto veíamos u oíamos. Disfrutamos de una tarabilla norteña y de innumerables trigueros. Recorrimos la comarca por espacio de un par de horas, pero todos los intentos fueron infructuosos y al final tiramos la toalla.

Demasiado espacio por recorrer, demasiados lugares en los que un ave podría moverse u ocultarse.

Decidimos que ya habíamos agotado el lugar. Nada más nos esperaba en Cinclaus. Dispusimos que iríamos hacia el norte, en dirección a la desembocadura del río Fluvià primero y a los Aiguamolls de l'Empordà después, dónde seguro podríamos ampliar la lista de aves observadas.

¿Cuántas aves puedes identificar? La respuesta al final de la crónica.


Pero antes de eso Jaume tuvo la genial idea de almorzar algo en el restaurante Mas Concas. Quique y yo estuvimos de acuerdo. No todo es ver pájaros en la vida del ornitólogo. Siempre se puede dedicar unos minutos a llenar el estómago de hamburguesas y cervezas.

Porque eso fue lo que pedimos: hamburguesas y cervezas. Aunque aún era media mañana decidimos que era mejor comer algo fuerte para aguantar así unas cuantas horas. Tomamos posesión de una de las mesas de la terraza. Estábamos solos y descargamos los bártulos: prismáticos, cámaras de fotos, móviles... y entonces grité:

- ¡MACROURUS!

La escena se congeló.

Yo estaba semisentado. Aún no había aposentado mi culo en la silla, y así me quedé, la vista fija en el cielo. El ave planeaba en círculos lentamente, a no mucha altura sobre la plaza. El camarero apareció por la puerta con las hamburguesas y las cervezas. Quique y Jaume miraban en la misma dirección que yo. Durante un segundo nadie dijo nada.

Pero al momento se desató la locura. Agarramos de nuevo los prismáticos y las cámaras de fotos. El camarero nos miró extrañado. No acierto a imaginar que le pasaría por la cabeza cuando vio a tres tipos raros saltando por la plaza en un domingo apacible como aquél. Miraban hacia el cielo y salían corriendo en el momento que les acercaba la comida. Le aclaramos (sin dejar de vigilar al aguilucho) que sí queríamos las hamburguesas (una cosa no quita la otra). Las dejó sobre la mesa como si aquello fuera lo más normal del mundo y volvió al interior de la masía.

Sin preocuparnos de que se enfriara la comida centramos nuestros esfuerzos en el deleite de observar al aguilucho papialbo. Pero quizá a éste no le gustaron nuestros correteos arriba y abajo por las calles del pueblo, buscando mejores posiciones para observarlo y fotografiarlo. Se desplazó unos metros y un muro nos privó de su visión.

Desesperamos... pero son ya muchas tablas. Adivinamos más o menos por donde podría aparecer de nuevo. Al fin y al cabo Cinclaus es pequeño... Miramos detrás del restaurante... ¡allí estaba!

Se nos unió a la fiesta Gerard Dalmau, el ilustre descubridor de aquel ejemplar, y que justo en aquel momento llegaba en busca de la rapaz. A pesar de que el ave comenzaba ahora a coger altura, pudimos por fin disfrutarlo largamente. Durante unos minutos largos ascendió y ascendió hasta que de puro cansancio decidimos volver a la mesa sobre la cual nos esperaban los manjares. Brindamos con cerveza, la cual supo mejor que nunca.

Aguilucho papialbo (Circus macrourus)







Bimbar un ave nueva siempre es un placer.

Bimbar aguilucho papialbo tiene un plus.

Bimbar aguilucho papialbo mientras te comes una hamburguesa y bebes cerveza, y te das cuenta de que el ejemplar es un macho precioso, y además consigues unas observaciones excelentes y fotos... eso es un orgasmo ornitológico en toda regla.

Era curioso pensar que nos habían dicho que había un macrourus en Cinclaus... ¡y realmente lo vimos en el mismísimo Cinclaus!

¿Qué decir de aquél día? Fue una sensación extraña. Tiras la toalla y al segundo siguiente triunfas. Y todo gracias a la gran sugerencia de Jaume, que fue quién propuso comer algo. Creo que nunca se lo agradeceremos lo suficiente.

Cómo bien explica Quique en su blog, el desayuno siempre es importante. No os perdáis esta lectura porque es una maravilla:
http://ausalbarcelons.blogspot.com.es/2014/04/la-importancia-desmorzar-sa.html

No variamos los planes del resto del día. Fuimos poco a poco avanzando hacia el norte hasta terminar en los Aiguamolls de l'Empordà. No entraré en detalles porque me alargaría demasiado, pero fue un día espectacular. En total identificamos 97 especies de aves diferentes, algunas tan interesantes como el gorrión chillón, la espátula, la cerceta carretona o las grullas.

Garza imperial (Ardea purpurea)


Cigüeñuela (Himantopus himantopus)


Zampullín chico (Tachybaptus ruficollis)


Lavanderas boyeras (Motacilla flava) siguiendo a las vacas


Pero sin duda el número uno fue el macrourus. Por fin pudimos tacharlo de nuestras listas. La rapaz fantasma dejó de serlo, al menos para algunos de nosotros.


NOTA: aves presentes en la foto de los Aiguamolls...

Ánade silbón (Anas penelope)
Ánade real (Anas platyrhynchos)
Cuchara común / pato cuchara (Anas clypeata)
Cerceta común (Anas crecca)
Garceta común (Egretta garzetta)
Morito (Plegadis falcinellus)
Abubilla (Upupa epops)

sábado, 21 de marzo de 2015

Eclipse de Sol

No sólo de aves vive el ornitólogo. Cualquier persona interesada en alguna vertiente científica suele tener otras inquietudes y nosotros no somos la excepción.

Poseer un telescopio y unos prismáticos da mucho jugo. La tecnología digital nos permite además conseguir fotografías y vídeos bastante decentes.

Hoy viernes día 20 de marzo del 2015 ha habido un eclipse de Sol parcial y he podido retratarlo desde la azotea de mi casa primero y desde la calle después, usando las siguientes técnicas avanzadas:

Técnica avanzada 1:
En la azotea de mi casa, plantando el telescopio y apoyando el móvil en él, a pulso.

Aguantando la postura y la respiración (y echando algún vistazo de reojo al cielo por si pasaba el primer vencejo común del año) he acribillado a nuestra estrella a placer. Ha ayudado mucho el hecho de que el cielo estuviera bastante nublado. De haber estado despejado me habría sido imposible enfocar al Sol o buscarlo con la cámara. Además las nubes le han dado una belleza y colorido especial al fenómeno.

Fotos realizadas con un móvil Samsung Galaxy III apoyado en un telescopio Kowa TSN-821M.




Frente al ocular del telescopio (la "mirilla", donde pondríamos nuestro ojo) se puede poner por ejemplo un cartón o un papel: aparecerá la imagen del Sol en él. Es una manera sencilla de observar el eclipse sin riesgos para la vista. Pero también se pueden poner otras cosas además de un papel:

El Sol en mis manos. 



Creo que me ha salido un eclipse en la frente.




Técnica avanzada 2:
En la calle, aguantando con la mano izquierda unas gafas oscuras (las de la foto anterior) delante de mi cámara de fotos (una Nikon Coolpix P100) mientras con la derecha sujetaba la propia cámara y apretaba el disparador; sin trípode.



¡Mecachis! ¡Yo quería hacer una foto a esta gaviota pero se me ha puesto un eclipse detrás!



Más de un viandante me ha mirado raro. Yo supongo que muchos sospechaban de qué iba el asunto, y me sorprende que a lo largo de nuestras vidas se nos presenten espectáculos como éste y la gente los ignore de manera sistemática. No lo digo tanto por el hecho de que nadie me preguntara nada, si no porque no había nadie más observando ni en la calle ni en ninguna de las otras azoteas ni en los balcones. En la antigüedad la desaparición del Sol habría levantado la expectación de todos nuestros antepasados.

Los niños sí habrían estado interesados. Yo lo estuve de pequeño, cuando mis padres me permitieron salir a la calle a observar mi primer eclipse (uno parcial). Usé un plato ahumado con un mechero. No estoy seguro, pero supongo que fue el 20 de julio de 1982. Yo tenía casi diez años. Por aquel entonces ya me interesaba mucho la ciencia en general y la zoología en particular.

Posteriormente pude observar dos eclipses más: uno a primeros de los 90 y otro hacia el año 2000. Con el de hoy han sido cuatro, todos parciales. Hubo un quinto eclipse, el más esperpéntico de todos. Fue a mediados de la década pasada. Coincidió con una sesión de Pernis (conteo de las rapaces que pasan en migración otoñal). Subí a una pequeña cima situada en el litoral del Maresme, el Turó de Sant Mateu. El lugar era ideal. Buena luz, aire limpio, equipo óptico, horas por delante... Recuerdo que no hubo mucho paso de aves y que me aburrí un poco. Y me olvidé del Sol por completo. Aquello sí fue un eclipse, pero mental. Se podría decir que tuve un eclipse mental total. Mientras escudriñaba el cielo buscando rapaces había notado un bajón de la temperatura, la pérdida de luz... pero no lo achaqué más que a un pequeño cambio en el tiempo. Un par de horas después abrí los ojos (no literalmente, juro que no llegué a dormirme) y recordé lo que me acababa de perder. No fue un gran día.

Hoy no estoy en una jornada Pernis. Al final he tenido que ponerme a trabajar. Por suerte el eclipse no coincidía con mi horario laboral y he podido disfrutarlo.

Dejo para finalizar un vídeo realizado también con la Coolpix:


viernes, 20 de febrero de 2015

Lanius cristatus: lo he vuelto a hacer

El 6 de enero de este año 2015, un ornitólogo llamado Iain Hartley se topó en Deltebre (Tarragona) con un ejemplar de alcaudón pardo (Lanius cristatus).

Esta ave procede del Este de Asia y es una rareza total aquí. No existían citas previas en España, y el bueno de Iain no pudo conseguir fotografías decentes de lo que podría ser la megarareza del año por estos lares.

Durante los días posteriores varios ornitólogos se desplazaron hasta Deltebre con la esperanza de observar ni que fuera fugazmente a la preciada ave. Todos los intentos fueron infructuosos y se abandonó la búsqueda.

Hasta que más de cuarenta días después Ricard Gutiérrez y Sergi Sales tomaron la bendita decisión de echar un nuevo vistazo. El alcaudón, por supuesto, estaba allí esperándoles. Fue el 9 de febrero.

Una vez redescubierta el ave no se hizo esperar la procesión de ornitólogos ansiosos de contemplar tal maravilla. La noticia corrió como la pólvora gracias sobre todo a las webs de consulta habitual:

http://www.reservoirbirds.com
http://www.rarebirdspain.net/home.htm
http://www.ornitho.cat

Yo conseguí aguantar exactamente ocho días. Mis amigos Quique Carballal y Jaume Castellà aguantaron siete (el lunes 16 de febrero, aprovechando sus respectivos días libres, acometieron la operación cristatus con éxito). Yo lo intenté al día siguiente.

El martes 17 de febrero por la mañana lo volví a hacer...

- ¿Cómo ha ido el día?
- Bastante trabajo.
- ¿Y mañana?
- Bien... creo que iré a buscar el cristatus.
- ¿Mañana? ¡Pero si es martes! ¿Y la tienda?
- Sé que no debería pero... si me levanto a las cinco puedo estar en Deltebre a las ocho. Si el cristatus sale rápido puedo volver pronto. No para abrir la tienda, pero sí para hacer otras cosas. De todas maneras tenía que hacer unas salidas técnicas, y... esto... bueno, en fin.

Esta vez no fue mi vecina Alba la que se quedó boquiabierta (ver entrada anterior del blog), si no Sílvia, mi chica, la cual había aguantado con estoicidad la tremenda paliza que le había dado los días anteriores con el dichoso cristatus. Estoy felizmente emparejado desde hace tan solo un par de meses y me he vuelto un hombre responsable. Intento tomar nota de los sabios consejos que me da mi media naranja.

De acuerdo, tal vez no sea muy responsable esto de no trabajar para irse a ver pájaros. Pero prometo que esto no volverá a ocurrir. Al menos durante mucho tiempo. Bueno... durante lo que queda de año. Errr... Durante lo que queda de febrero. A menos que aparezca algo muy raro. Otra vez.

- Estás enfermo.

(A veces oigo una voz en mi cabeza que me dice cosas poco agradables; no tengo claro si se trata de esa famosa "conciencia" de la que todo el mundo habla. Tengo que escucharla algún día, quizá tenga cosas interesantes que decirme)

Azor (Accipiter gentilis) en Sant Jaume d'Enveja


El año pasado mi amigo Dani  me llamaba "Bostick", en referencia a uno de los personajes de la película The Big Year, ya que cierto día tuve que escoger entre quedar con una chica o salir a ver aves... y ya podéis imaginar cual fue mi decisión. Puede que a alguien le parezca un acto terrible, pero personalmente pienso que no es para tanto... o quizá sí.

Sin embargo ahora he pasado de ser "Bostick" a ser simplemente un mal empresario.

- ¿Empresario tú? ¡Ja! ¡Vaya aires de grandeza que se nos da el autónomo!

(De nuevo esa voz... A lo mejor tengo un trozo de metal incrustado en la cabeza e intercepto ondas de radio)

En fin, el caso es que sí, que lo volví a hacer. No abrí mi tienda el día 17 por la mañana. Ésta fue mi agenda del día:

5:30 A.M.: me levanté de la cama
8:20: llegué a Deltebre
8:30: aparqué en el punto en el que supuestamente estaba el ave
8:35: bimbé, fotografié y filmé el cristatus
9:25: recogí y me fui a trabajar

Bueno, no. No lo hice. A las 9:25 decidí que aún tenía tiempo de darme una vuelta por el delta. Visité la finca DACSA primero (¡de camino vi un azor adulto en Sant Jaume d'Enveja!) y el puerto del Fangar después. Al final salí de allí hacia las 11:30. Y sí, entonces me fui a trabajar.

Aquí dejo un par de fotos y un vídeo de esta pequeña maravilla, el alcaudón pardo:













martes, 14 de octubre de 2014

Rapaces en Barcelona

Soy autónomo y tengo una tienda de informática en Barcelona. Y aunque tampoco puedo quejarme mucho, lo cierto es que la situación económica actual no es como para tirar cohetes.

Por eso me sentí culpable -al principio-, cuando el 23 de septiembre, hace ahora unas semanas, tomé aquella decisión.

A las diez y media de la mañana, puntual, abrí las puertas de mi negocio con la intención de hacer caja y afrontar los gastos que a diario me llueven por todas partes, algunos a traición, directamente por la espalda.

Recibí la visita de mi buena amiga Alba, y decidí charlar un rato con ella, pero no en el interior de la tienda, si no en la puerta, al aire libre. Resultó ser una buena decisión, y a menudo pienso qué habría sido de aquella jornada si Alba no me hubiera visitado. Creo que se lo voy a agradecer toda la vida.

Mientras hablaba con ella, mecánicamente -como hacemos muchos ornitólogos- alcé la vista al cielo. Y tuve que interrumpir la conversación. A bastante poca altura, un grupo de abejeros y unas cuantas pequeñas rapaces, quizá gavilanes o cernícalos, atravesaban el cielo siguiendo su ruta migratoria hacia el sur.

A veces bajo a mi tienda con prismáticos (¿os imagináis a un tendero con prismáticos, asomado a la puerta de su comercio, mirando fijamente al cielo y cruzando los dedos mentalmente para que nadie piense mal?). Y digo "bajo" porque vivo tan solo unos pisos más arriba. Pero en aquella ocasión no los llevaba conmigo. Así que claramente tenía varias opciones:

1 - Cerrar la tienda y subir corriendo a la azotea con los prismáticos.
2 - Cerrar la tienda y subir corriendo a la azotea con los prismáticos y la cámara de fotos.
3 - Llevar también el telescopio.

Eh... Sí... También había otra opción, claro:

4 - Comportarme como un adulto responsable y volver al trabajo.

Teniendo en cuenta que el día siguiente, el 24, era festivo en Barcelona y por lo tanto podía (debía) trabajar aquel día, el martes 23, ya que tendría tiempo el miércoles de pajarear, tomé la decisión más sensata.

Alba alucinaba cuando me vio bajar a toda velocidad la persiana metálica de la tienda. Puesto que es vecina mía y ella volvía a casa, entramos juntos en la portería.

Casi la eché del ascensor cuando llegamos a su piso -te pido disculpas públicamente, guapa-. Salí con ella a su rellano y subí la planta que me quedaba a pie. Me lancé en mi piso, cogí el material imprescindible para no perder más tiempo y corrí a la azotea. Este material era el siguiente: prismáticos, cámara de fotos, telescopio y trípode, libreta y bolígrafo, móvil y silla plegable.

Como el avispado lector podrá comprobar, no cogí nada de comer ni de beber. Ni tampoco ningún orinal.

Me acomodé en las alturas y raudo pasé ya a vigilar el cielo. Al principio tampoco vi nada fuera de lo habitual (algún cernícalo, tórtolas turcas, verderones...), y durante unos minutos temí que aquel grupo de rapaces que vi desde la calle hubiera sido el último de una larga serie de aves que quizá habrían pasado desde primera hora de la mañana hasta justo aquel momento. Quizá había llegado tarde, quizá había tenido mala suerte y no iba a ver nada más en toda la mañana. Bueno, de ser así podría regresar al trabajo.

Puesto que no me apetecía en lo más mínimo tirar la toalla y sumergirme en el apasionante mundo de las reparaciones de ordenadores domésticos, agucé la vista un poco más y me concentré en aquel maravilloso cielo azul salpicado de nubecitas blancas. Empujadas por una brisa perfecta para el vuelo de las aves, me traían promesas de una buena jornada ornitológica. Seguí esperando.

Había subido a la azotea hacia las once de la mañana. Habían pasado ya veinte minutos. Y por fin aparecieron. Un grupo de nueve abejeros (Pernis apivorus) surgió de la nada para tomar una térmica y remontar en ella. A partir de ese momento se desató la locura.

No puedo describir con exactitud qué sentí durante las horas siguientes, porque apenas tuve tiempo para percatarme de mi estado. Sé que estuve estresado por la necesidad de identificar las decenas y decenas de aves que no dejaban de navegar por las autopistas del aire. Extasiado también por la maravilla que estaba presenciando. Me sentí privilegiado por poder estar allí cuando una ciudad entera se centraba en sus papeles, en sus prisas, en sus preocupaciones, ajena al espectáculo que la naturaleza brindaba en las alturas. Me sentí el rey del mundo. En realidad parece que al final sí puedo describir con exactitud cómo me sentí.

A las doce ya llevaba varios alcotanes (la primera vez que los veía en Barcelona), halcones de Eleonora (idéntico caso), aguiluchos laguneros, más abejeros, halcones peregrinos locales, y yo no gozaba de descanso. Más bien gozaba de aquel maravilloso cansancio. Quería cansarme más. A veces me sentaba, pero el reposo duraba apenas unos segundos. Los bandos de Pernis -el ave más abundante durante toda la jornada- aparecían por varios frentes, sin previo aviso. Un segundo antes no había nada, y al segundo siguiente una hilera de aves desfilaba sobre mi cabeza en su largo periplo hacia África.

Abejeros europeos, anteriormente conocidos como halcones abejeros (Pernis apivorus)









Hacia las 13:00 horas apareció un águila pescadora (Pandion haliaetus). Es ésta siempre una de las estrellas, una de las aves más esperadas por aquellos que vigilamos la migración. Animal bellísimo, es a menudo inconfundible por su silueta de gaviota, su gran tamaño y su antifaz negro. La justiciera de los cielos.

Un abejero y un cernícalo más tarde llegó un águila culebrera (Circaetus gallicus). Como había ocurrido con los halcones de Eleonora y los alcotanes, también era ésta la primera ocasión en que detectaba a esta especie sobrevolando la ciudad.

Otros invitados estrella en la migración son las cigüeñas. Abundantes en otras zonas, son poco habituales en el litoral catalán.

Con cien cañones por banda
viento en popa a toda vela
no corta el mar si no vuela
un velero bergantín.


El poema de Espronceda no habla de una cigüeña, pero allí llegaba mi bergantín particular. Unos enormes nubarrones procedentes del oeste tapaban cada vez más el cielo. Como tirando de ellos apareció una vela blanca que, aunque en un principio parecía estar lejana y tener además intención de no aproximarse hacia mis dominios, decidió finalmente virar hacia mi azotea para tener la cortesía de pasar sobre mi cabeza y saludarme con sus grandes manos hechas de plumas.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)




La poesía es bella, pero la tecnología es útil. Mucho rato antes, mientras había tenido unos segundos libres, había usado el móvil para enviar algunos mensajes a mis amigos ornitólogos, avisándoles del gran movimiento que había aquél día. Algunos de ellos se pusieron en marcha. Joan Grajera subió a "Ca l'Espinal", cerca de Argentona. A las cinco de la tarde se le pensaba unir Jaume Castellà. Daniel González ansiaba terminar su turno en la biblioteca para poder escaparse. Quique Carballal estaba triste porque, al contrario de lo que yo había hecho con mi tienda, él no podía cerrar la escuela en la cual es maestro.

Sin embargo no pude anunciarles que había visto una cigüeña blanca porque no tuve un respiro. Surcó el cielo el bando más grande de la jornada. Cincuenta y nueve abejeros tuvieron la decencia de abandonar una térmica y sobrevolar la azotea en fila india para regocijo de mis ansias de conteo.

Otro macho de aguilucho lagunero. Otros diecisiete abejeros más. Eran las dos de la tarde, y las tres horas de observación continua comenzaban a hacer mella en mí. Tenía sed, calor, hambre, y las piernas querían arrastrarme en dirección a la silla. Además empezaba a tener ganas de orinar.

Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)


Macho de aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)



Pero no podía dejar todo aquello. Mi piso estaba tan solo unos metros más abajo. Podría apartar durante unos minutos los ojos del cielo y satisfacer mis necesidades... pero me  habría perdido sin duda varias aves. Y yo quería contar e identificar todo lo que pasara. Mis compañeros ornitólogos me comprenderán. Espero que el resto de personas que me conocen también lo hagan.

Tuve que frotarme los ojos, porque no supe cuánta razón tenía hasta que la vi. A ella.

La observé acercarse, planear frente a mí, sobrevolarme. La fotografié y la anoté. Y entonces sí  regresé al móvil y les envié un mensaje a mis amigos. Solo decía una palabra. Con muchas "a", eso sí.

"Negraaaaaaa"

La transcripción es exacta, siete letras "a". No se me ocurrió añadir nada más, y además era innecesario porque sabía que todos habrían entendido el mensaje.

La cigüeña negra (Ciconia nigra) es un ave muy rara. No solo en el litoral catalán, si no en cualquier lado. En toda mi vida la he visto en Catalunya menos de diez veces. Verla pasar mi encima de mi casa es algo así como... como un sueño cumplido. No cabe duda de que fue el ave más importante del día, puesto que un avistamiento de esta escasa especie siempre es noticia. En nuestras tierras no cría y solo puede observarse en escaso número en migración.

 Cigüeña negra (Ciconia nigra)


Se puso a llover. Al principio débilmente, con timidez, pero al poco, entre los halcones de Eleonora, águilas culebreras y abejeros que pasaban en aquel momento se colaron unos cuantos millones de gotas. Mi cuerpo cansado y sediento quedó a partir de aquel momento cansado, sediento y mojado.

Protegí como pude el telescopio y la cámara bajo un pequeño tejado que apenas sobresalía. Los prismáticos los necesitaba todavía porque las aves no cesaban en su empeño de avanzar y avanzar, a pesar de la lluvia. Treinta y ocho más. Las cifras eran ya escandalosas.

Hacía ya rato que me planteaba no abrir la tienda tampoco por la tarde, y esto ya era más grave. Porque si bien en alguna ocasión me he tomado alguna mañana para realizar trabajos informáticos en empresas (incluso un cartelito en el exterior de la tienda avisa de esta posibilidad), las tardes por el contrario son sagradas. Mis clientes saben que por la tarde pueden contar siempre conmigo. Aunque vistas las circunstancias, está claro que esto no es cierto del todo.

Dani me anunció en un mensaje su intención de acercarse a mi casa entre las tres y las cuatro de la tarde. En cuanto saliera del trabajo pasaría primero por la suya para recoger sus prismáticos. Eran buenas noticias. Estaba siendo un gran día. Uno de los mejores días que he tenido en toda mi vida de ornitólogo, pero me quedaba el sabor agridulce no estar compartiéndolo con nadie.

La lluvia empezó a remitir. El cielo se abrió. Pero con las nubes parecieron marcharse las aves también. El número comenzó a disminuir. A las tres de la tarde pasó un último grupo de once abejeros.

Al poco llegó Dani, pero por desgracia lo mejor ya había pasado. Pudo disfrutar todavía de algunas últimas aves, y de una collalba gris (Oenanthe oenanthe) que al igual que otras especies de aquel día observaba yo por primera vez en Barcelona. Mi amigo tomó el relevo y yo aproveché para bajar a mi casa y beber agua. También oriné. Comí cuatro restos que hallé en la cocina y cogí algunas cosas para picar (pistachos y unos bombones que me habían regalado), una segunda silla plegable y llené la cantimplora de agua.

Subí de nuevo a la azotea. No había novedades. Estuvimos un rato celebrando la jornada con los bombones y los pistachos. Pasaron cinco cormoranes, algunos cernícalos y un alcotán. Los halcones peregrinos residentes sobrevolaban su territorio indignados ante tanta intrusión.

Una solitaria garza real que se dirigía hacia la puesta de sol echó el telón de cierre de aquel fantástico día. Dani se marchó con algunos avistamientos en la saca. Eran las siete de la tarde, y decidí que aún podría abrir la tienda hasta las ocho y media, y lo hice. Con ello alivié un poco mi sentimiento de culpabilidad.

Estos son los números de aquel inolvidable 23 de septiembre:

- Cormorán grande - corb marí gros (Phalacrocorax carbo): 5
- Cigüeña negra - cigonya negra (Ciconia nigra): 1
- Cigüeña blanca - cigonya blanca (Ciconia ciconia): 1
- Abejero europeo - aligot vesper (Pernis apivorus): 249
- Culebrera europea - àguila marcenca (Circaetus gallicus): 3
- Aguilucho lagunero - arpella (Circus aeruginosus): 13
- Aguilucho no identificado (Circus sp.): 1
- Águila pescadora - àguila pescadora (Pandion haliaetus): 1
- Halcones no identificados (Falco sp.): 16
- Cernícalo vulgar - xoriguer comú (Falco tinnunculus): 39
- Alcotán - falcó mostatxut (Falco subbuteo): 4
- Halcón de Eleonora - falcó de la reina (Falco eleonorae): 4
- Halcón peregrino - falcó peregrí (Falco peregrinus): 9, quizá repetidos, reales quizá 4-5
- Vencejo real - ballester (Apus melba): unos 50
- Golondrina común - oreneta vulgar (Hirundo rustica): 19
- Collalba gris - còlit gris (Oenanthe oenanthe): 1

Además de otras aves residentes y habituales.

El día siguiente, el 24, como ya he dicho más arriba, era festivo. Volví a probar suerte y, aunque lejos de los números de la jornada anterior, todavía pude disfrutar de algunas decenas de abejeros más, junto con águilas pescadoras y otras especies. Me acompañaron durante un rato mis amigos David, Mertxe y Carlos.

Es bastante difícil que pueda repetir algo igual, pero al menos ya lo he vivido. Me pregunto dónde se hallarán en estos momentos todas esas aves. Muy posiblemente estén la mayoría ya en África. Los recuerdos se diluyen, pero de todos aquellos ejemplares que pasaron sobre mí hay uno que sigue mostrándose con intensidad, uno que sigo viendo con claridad. Es aquel bello animal de plumas negras, aquella rosa del cielo, a pesar de que nunca supe su nombre.

lunes, 11 de agosto de 2014

Argot ornitológico y algunos términos interesantes

  • Bimbo: especie que ves por primera vez en tu vida.
  • Bimbar: el acto de ver una especie por primera vez en tu vida
  • Ornitólogo: semidiós, ser superior de extraordinarios poderes y siete veces más fuerte que David el Gnomo, y más guapo y más alto. Los que vamos por el campo con prismáticos viendo pájaros por ahí. ¡BIEEEEEEEEEN!
  • Pajareros: los que meten pájaros en jaulas. ¡BUUUHHHHH, MAAAAAAL!
  • No-ornitólogo: seres inferiores al servicio de los semidioses.
  • Telescopio: trasto grande para ver pájaros que están muy lejos. Se necesita trípode para usarlo, aunque a veces puede usarse algún otro apoyo. Al parecer, según muchos curiosos no-ornitólogos (que se te acercan mientras cuentas pardelas o limícolas), tiene además otro uso ("debes hacer unas peaso fotos guapas con eso, eh??"). Este comentario ya se decía antes de que existiera el digiscoping. Sirve también, eso sí, para ver la luna y un poquito los planetas y la galaxia de Andrómeda. Tiene un número considerable de aumentos, aunque invariablemente los mismos curiosos de antes pregunten hasta dónde se puede ver con eso ("¿y se puede ver el horóscopo?")
  • Cata: abreviatura de telescopio. Telescopio = catalejo = cata. Sí, somos raros.
  • Digiscoping: hacer fotos con una cámara digital acoplada al telescopio.
  • Cutredigiscoping: lo mismo pero con un móvil en lugar de la cámara.
  • Prismatocoping: intentar conseguir un desastre de fotografía acoplando una cámara digital a unos prismáticos, normalmente a pulso y sin apoyo.
  • Prismatocoping horribilis: lo mismo pero usando un móvil en lugar de una cámara.
  • Prismáticos: arma arrojadiza muy efectiva, pero no le damos ese uso porque son caros.
  • Foto de ave: la prueba de que no mentimos cuando vemos algo.
  • Observación de ave sin foto: la prueba de que los ornitólogos no necesitamos fotos para demostrar nada porque somos muy buena gente y no mentimos.
  • Cita: cuando quedas con alguien del sexo opuesto para tomar una copa. También cuando apuntas una observación de un ave.
  • Naturalista: los que van con prismáticos estudiando cualquier animal, no solo aves.
  • Naturista: los que van desnudos por la playa.
  • Naturista naturalista: los que van desnudos por la playa con prismáticos al cuello para contar correlimos. No llevan libreta ni lápiz porque no tienen donde guardarlos.
  • Orgasmo ornitólogico: éxtasis supremo en el que el corazón y los pulmones estallan, tocas la gloria eterna con la punta de tus dedos, y mueres de la manera más dulce imaginable tras ver de manera inmejorable (y con foto) aquel pájaro dificilísimo bailando la conga a tres metros de ti. Siendo menos épico, cuando consigues una observación tan maravillosa que el babeo se mantiene incluso días después.

EJEMPLO:

En el año 1990 mi amigo Dani y yo nos cruzamos con un joven ornitólogo
en el delta del Llobregat que nos contó con entusiasmo como el
día anterior había visto un pelícano en aquel mismo lugar. Según él
el ave voló hacia el mar, se fue y ya no volvió, oh, qué pena.
Nos despedimos y Dani y yo seguimos nuestro camino.
Al poco me preguntó si me había creído la historia de
aquel muchacho  y le dije que no, ja-ja, menudo fantasma.
Poco después miramos hacia el cielo. Un enorme
pelícano volaba en círculos muy cerca de nosotros. Al poco
decidió descender y regalarnos un amerizaje espectacular
en la pequeña laguna de la Magarola. Nadó frente a nosotros hasta
que nos hartamos.
  • Gatillazo ornitológico: cuando una buena observación (a veces un posible orgasmo ornitológico) se convierte de repente en una farsa y te quedas con cara de tonto. 

EJEMPLO:
¡Dos carracas, Coracias garrulus!

 


Eh... Uh... Pues no, era un simple Gatillazus serius.
Dos postes. Error. Decepción. y vergüenza por
cagarla ante todo el personal presente.


  • Guía de aves: como las revistas del corazón, pero salen aves en lugar de modelos, toreros y folclóricas. Son más gordas. Las guías.
  • Taxonomía: ciencia maligna que cambia, crea y destruye especies para obligarnos a comprar más guías de aves.
  • Ave: animal con plumas.
  • Pájaro: animal con plumas. Aves pequeñas y córvidos. Persona avispada. Pillo, astuto.
  • Ver pájaros: cosa que hace llorar a los ornitologos que llevan décadas estudiando limícolas, estrigiformes, láridos, gallináceas, sílvidos, petreles, accipítridos, etc., cuando un no-ornitólogo le dice "Qué, ¿te vas a ver pájaros?"