domingo, 17 de abril de 2016

Curioso comportamiento: el rascón arborícola / Cormoranes moñudos en Sant Pol de mar

El 19 de octubre del año 2014, durante un paseo por la orilla del río Mogent, cerca de La Roca del Vallès (Barcelona), pude observar a un rascón (Rallus aquaticus) trepando algunos metros por un árbol inclinado sobre el agua, tal y como se puede apreciar en el vídeo siguiente:




El rascón, especie que normalmente se mueve por el suelo, iba picoteando insectos aquí y allá a medida que ascendía.

Tras pasar la mañana allí decidí cambiar de aires y me acerqué hasta Sant Pol de Mar, en busca del cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis). No falló, y pude observar un grupo de quince ejemplares.



lunes, 4 de abril de 2016

Sant Llorenç de la Muga y Danaus chrysippus

El fin de semana del 11 y 12 de octubre del 2014 lo pasamos Jaume, Dani y yo pajareando en Sant Llorenç de la Muga (un precioso pueblo situado en la comarca del Alt Empordà, Girona), gracias a la hospitalidad del primero, quien nos ofreció su casa para pernoctar y nos hizo de guía por unas tierras que él conocía y conoce muy bien.

Mientras que la tarde del sábado la pasamos charlando frente a una cerveza en la terraza de un bar, el domingo día 12 madrugamos (no mucho) y lo dedicamos a la observación de las aves y de la naturaleza, y a la contemplación y disfrute de los hermosos paisajes montañeses que se yerguen alejados de la llanura costera.

Se trataba de una zona que yo visitaba por primera vez, y caminé con los ojos bien abiertos y los oídos atentos a los cantos de las aves, los únicos sonidos perceptibles en aquellos bosques a aquella hora de la mañana.

Prados y nieblas en un suave día de otoño.


El río Muga, que da nombre al pueblo, lo acompaña a su paso. En él, explicaba Jaume, había visto en más de una ocasión pato mandarín (Aix galericulata). Nos habló también de una gran crecida que tuvo el río en el pasado, de como el nivel del agua alcanzó gran altura, amenazando las viviendas aledañas, y nos mostró una piedra que colocaron en su momento las gentes del lugar como marca para el recuerdo, como testigo perenne de lo cerca que estuvo el cauce del río de inundar parte del pueblo.

En Sant Llorenç de la Muga se han observado también nutrias, incluso en los canales de agua que cruzan sus callejuelas.

Debo confesar que me suelo olvidar de fotografiar los pueblos que visito. Al llegar a casa y descargar las fotos de la cámara me encuentro indefectiblemente con decenas de imágenes de aves y muy pocas de los lugares de los que luego me gusta hablar. Craso error por mi parte que debo corregir. En este caso fotografié una chimenea porque había posado en ella un estornino pinto.



Seguimos el río en su camino hacia el norte, hacia el cercano pantà de Boadella. El trayecto nos permitió detectar mirlo acuático, lúganos, mitos, herrerillos, carboneros, petirrojos, escribanos soteños, chochines, currucas, tarabillas... entre los grandotes nos topamos con los cuervos y las garzas reales, y en las cercanías ya del pantano, cormoranes grandes, ánades reales y la sorpresa de la mañana, dos ocas de Egipto (Alopochen aegyptiaca).

Dani y Jaume observan algo ya en la cola del pantano.


Oca de Egipto (Alopochen aegyptiaca)


Regresamos al pueblo, y puesto que nos había sobrado tiempo decidimos pasar las horas restantes del día  en los Aiguamolls de l'Empordà, a distancia asequible yendo en coche. Nos trasladamos pues hasta la zona conocida como el Matà y tomamos el camino de la playa.

Vimos algunas especies interesantes como abejero europeo, garceta grande, combatiente, alondra, collalba gris, martinete... pero lo más interesante fue observar en directo el fenómeno del cual ya teníamos constancia gracias a la información expuesta por el portal de naturaleza www.ornitho.cat: la invasión de la bella y rara mariposa tigre (Danaus chrysippus). Decenas de ejemplares pululaban por las hierbas y matojos que flanqueaban el sendero.





Los minutos finales de la tarde los pasamos en la zona de los Tres Ponts, un extenso carrizal situado al norte del pueblo de Castelló d'Empúries. Allí nos esperaba para ser filmado y fotografiado un precioso ejemplar de jabalí (Sus scrofa).



Termino con un vídeo del mismo jabalí.

martes, 22 de marzo de 2016

Curioso comportamiento de Motacilla alba

El 4 de octubre del 2014, dentro de la campaña de seguimiento de rapaces migratorias que realizamos en l'Espinal (Argentona, Barcelona) pudimos ser testigos de un curioso comportamiento por parte de un grupo de ocho lavanderas blancas (Motacilla alba).

Mi amigo Joan Grajera colocó una trampa para atrapar a un cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). La intención era capturarlo, colocarle una anilla y liberarlo. Para atraer al cernícalo se usa un ratón. Éste, para que quede protegido y no sufra daño alguno, es colocado en el interior de una jaulita con algo de comida.

En este caso el ratón era blanco, y por algún motivo que desconozco fue el centro de atención de las lavanderas durante algunos minutos.

Las fotos no son muy buenas debido a la distancia (unos cien metros), pero sirven de testimonio.

En la foto solo se aprecian siete de las ocho lavanderas.


Cernícalo vulgar, en lo alto del poste.



Motacillas aparte, la jornada se saldó con estas observaciones de aves rapaces en cuatro horas de observación (desde las 15:45 hasta las 19:45h.):

Milà reial - milano real - Milvus milvus: 1
Arpella vulgar - aguilucho lagunero - Circus aeruginosus: 1
Aligot comú - ratonero común - Buteo buteo: 4
Esparver - Gavilán - Accipiter nisus: 4
Xoriguer comú - cernícalo vulgar - Falco tinnunculus: 10
Falcó mostatxut - Alcotán - Falco subbuteo: 2
Falcó no id. - Halcón no id. - Falco sp.: 1

Termino con la foto de un Buteo muy oscuro que nos dejó con la mosca detrás de la oreja...




lunes, 7 de marzo de 2016

Manga de agua

El 28 de septiembre del 2014 me trasladé hasta el delta de l'Ebre en busca de un andarríos maculado (Actitis macularius) que se había observado el día anterior en la zona de El Serrallo. Quedé ya allí con mi gran amigo Jaume Castellà. Él llegó antes que yo y la fortuna le sonrió. A mí, sin embargo, se me escapó el ave (pude bimbarla ocho meses más tarde en el delta del Llobregat).

Es por ello que en esta entrada no voy a hablar del macularius (no porque lo bimbara Jaume y yo no, no penséis mal...). No tuve suerte con el andarríos pero como no podía ser de otra manera (septiembre y delta de l'Ebre) fue de nuevo una jornada memorable. Siempre me han apasionado las tormentas, así que debo decir que recordaré siempre aquel día por ser aquél en el que vi por primera vez una manga de agua. Más o menos frecuentes en el Mediterráneo, no por ello dejan de ser espectaculares. Y hasta entonces el destino no me había deparado su contemplación. Conseguí fotografiarla. Al poco desapareció y cayó un enorme chaparrón que me dejó empapado antes de darme tiempo a meterme en el coche, que me esperaba aparcado a unos cincuenta metros.

Puesto que vi una manga de agua tengo la necesidad de gritarlo al mundo y de ahí la entrada del blog. Y solo he tardado un año y medio en preparar este gritito.





Lo cierto es que podría extenderme también sobre las aves que amenizaron aquella jornada que comenzó de manera tan meteorológicamente adversa, pero me limitaré a dar un pequeño resumen para ponerme los dientes largos a mí mismo, hallándome como me hallo en este momento sentado frente a un ordenador en lugar de estar disfrutando de la vida salvaje.

Aquel día Jaume y yo detectamos un total de 75 especies diferentes, que se dice rápido, pero además... ¡qué especies!

Un macho de tercer año de aguilucho papialbo (Circus macrourus), un chorlito dorado siberiano (Pluvialis fulva), cuatro chorlitos carambolos (Charadrius morinellus), archibebe fino (Tringa stagnatilis) y otras muchas más... todas ellas hicieron nuestras delicias. Disfruté especialmente el archibebe fino, un ejemplar que se alimentaba en unos arrozales junto a la urbanización Els Eucaliptus, y me gustó tanto porque era la primera vez que lo veía en plumaje invernal;  un auténtico goce.

Archibebe fino - Siseta - Tringa stagnatilis






Gaviota picofina - gavina capblanca - Chroicocephalus genei, joven del año con plumaje de primer invierno.


Pechiazul - Cotxa blava - Luscinia svecica

lunes, 15 de febrero de 2016

El Parc de l'Espanya Industrial

Algún domingo de esos en los que no hay planes Sílvia y yo hemos improvisado un pequeño paseo por el Parc de l'Espanya Industrial, en mi ciudad de Barcelona. Queda cerca de mi casa y en invierno es un buen lugar para observar y fotografiar algunas gaviotas.

Este parque tiene un lago bastante grande y un poco alargado. Está limitado por algo de vegetación en el margen sureste y por unas gradas en el noroeste en las que la gente puede sentarse y  contemplar el agua. Ornitológicamente hablando no es ninguna maravilla, pero a veces las gaviotas se posan lo suficientemente cerca (ya sea para descansar o para buscar restos de comida) como para conseguir algunas fotos bastante aceptables.

Son dos las especies observables: la gaviota patiamarilla (Larus michahellis) y la gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), ambas comunes en la costa catalana especialmente en invierno.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), adulto en plumaje de invierno.




Qué paciencia tiene Neptuno...




El número de visitas que he realizado a este parque es pequeño sin embargo. Eso, y el hecho de que el número de aves suele ser bajo (algunas decenas), es la explicación probable de que hasta el momento no haya observado todavía ninguna gaviota anillada.

Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) 

 Ejemplar de segundo invierno.

Ejemplar de primer invierno.

Primer invierno.


El 22 de noviembre del 2015 filmé a este primer invierno de michaellis jugando con una pelota. La historia terminó cuando unos niños preadolescentes aparecieron corriendo y gritando: espantaron al ave y se hicieron con la pelota. A continuación se giraron y nos miraron directamente a Sílvia y a mí. En esos momentos no lo sabía pero tras leer el blog de Quique Carballal comprendí que había sido testigo del FHP (Ocells del Barcelonès i rodalies: la garceta y el FHP).



sábado, 26 de diciembre de 2015

Fantasmas en la noche

Es la noche del 27 al 28 de junio de este año 2015. Quique Carballal y yo hemos planeado una salida nocturna por las estepas de Lleida. El objetivo, observar una de las aves más extrañas de nuestra fauna: el chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis).

Existen dos especies de chotacabras en nuestro país, el pardo y el gris. Son aves nocturnas, de ojos y boca enormes, con cantos extraños: un zumbido interminable el del gris, unas explosiones rítmicas el del pardo, que suenan como "Potoc-potoc-potoc" o como "siboc-siboc-siboc", onomatopeya que da origen a su nombre en catalán: siboc.

Ambas especies son muy miméticas: una vez posadas en suelo es muy difícil descubrirlas si hay hojarasca alrededor. Tanto confían en su camuflaje que si una persona se aproxima son capaces de permanecer sin moverse hasta tenerla a una distancia realmente alarmante.

Quique y yo hemos pasado la tarde en el Estany d'Ivars, una zona húmeda de importancia internacional situada en la comarca del Pla d'Urgell, en Lleida. Buscábamos aves mientras esperábamos a que anocheciera y pudiéramos dedicarnos a la búsqueda del chotacabras.

Garza imperial - Agró roig  - Ardea purpurea


Es cierto que hemos visto allí numerosas aves acuáticas. Y no es menos cierto que al día siguiente recorreremos buena parte de las planicies lleidatanes para engordar una hermosa lista de las más variopintas especies. Pero en realidad esta jornada va a estar marcada por los fantasmas. Es la noche de los fantasmas en Lleida.

La sensación de desenvolverse en la oscuridad, de sentirse al tiempo un intruso pero también partícipe, de observar seres que se mueven al amparo de la noche, la oportunidad de escuchar al viento en su más pura expresión, sin motores ni ruidos de origen humano que lo contaminen... El regalo tremendo que es para el espíritu la contemplación de cosas maravillosas como son los planetas lejanos... Todo ello solo puede ocurrir en un mundo mágico poblado por fantasmas.

Por eso me salto la narración sobre las aves de Ivars. Teletransportémonos hasta unos terrenos de cultivo sumidos en el más absoluto silencio. Luces lejanas indican que hay más humanos en el mundo, pero al menos no por los alrededores. La búsqueda del chotacabras pardo es todo un éxito: este misterioso animal se muestra ante nosotros, tanto en vuelo como posado, en varias ocasiones a lo largo de la noche. Tiene un aspecto casi de otro mundo: una boca enorme, oculta bajo una gran cabeza, parece robada de algún animal distinto. Pero no es así, pertenece al chotacabras.

¿Dije que un absoluto silencio nos envolvía? Falso. Se oían grillos y alcaravanes. El alcaraván es un ave que recuerda un poco al correcaminos de los dibujos animados. Sus grandes ojos delatan sus costumbres nocturnas. Su canto es un sonido irremediablemente ligado a la noche de los secanos. Por doquier se escuchan sus estridentes gritos, y de vez en cuando aparece de la nada algún ejemplar, ora correteando frente a los focos del coche, ora deteniéndose y quedándose inmóvil, no se sabe si para observarnos y estudiarnos o si para pasar desapercibido. Puede que ambas cosas.

Sus movimientos, su velocidad, y sobre todo la falta de luz hacen casi imposible conseguir una foto nocturna decente de este animal. Pero Quique sí consiguió filmarlo.

Alcaraván - Torlit - Burhinus oedicnemus


Pero volvamos al chotacabras. Tumbado en el camino cual piedra abandonada, lo descubrimos con el coche muchos metros antes de llegar hasta él gracias al rojo reflejo de sus ojos. En efecto, antes de contemplar al ave puede apreciarse a distancia un rubí brillante destellando en la oscuridad. Es el momento de parar el coche y de iniciar la aproximación con lentitud.

No hay gran peligro de que el ave se vaya. Como he dicho antes, confía a ciegas en su mimetismo. Cree que no le hemos visto. Va a quedarse quieta por mucho que nos aproximemos... hasta que decida que quizá sí somos una amenaza.

Quique y yo descendemos del vehículo. Sin mediar palabra pero cruzando miradas nos apostamos cada uno a un lado del camino. El siboc está frente a nosotros, a unos veinte metros de distancia. El alcaraván aún grita a lo lejos. Algún mochuelo maúlla en campos aledaños. Se adivinan en el horizonte luces de una extraña civilización que aparece muy lejana en nuestros pensamientos. Como dos abnegados penitentes nos arrodillamos en el suelo y avanzamos lentamente así en dirección a nuestro objetivo.

Chotacabras pardo - Siboc - Caprimulgus ruficollis


Nos lastimamos las piernas con las piedras del suelo, pero así y todo no nos quejamos. Es difícil arrastrarse con una cámara fotográfica en la mano: intentas a un tiempo evitar hacer ruido y que la óptica no se golpee ni se ensucie. El chotacabras sigue allí. Quince metros, catorce... Diez metros. Ya no estamos a cuatro patas: nos tumbamos en el suelo y avanzamos arrastrándonos, como un felino aproximándose a su presa.





Increíblemente, a pesar de nuestra torpeza por intentar movernos con los codos (la cámara sigue en alto) no se asusta el fantasma. Llegamos hasta él. ¿Dónde está el límite? Lo fotografiamos y contemplamos su raro aspecto, lleno de belleza. Han pasado muchos minutos y estamos muy fatigados. Metros atrás el coche permanece con las puertas abiertas, la llave puesta y los focos encendidos para facilitarnos el trabajo. Por la cabeza trabajaría terriblemente la imaginación trayéndonos el miedo a los hombres, si no fuera porque nuestra concentración es absoluta: el chotacabras nos tiene hipnotizados.


Nos damos un descanso: decidimos sentarnos. Sigue allí. Nos convertimos en un curioso trío: tres seres, dos de una especie y el tercero de otra, sentados en círculo, debatiendo en silencio. Aunque el ave no conoce el tema de conversación: es él.

Pienso en una reunión nocturna de los indios de norteamérica alrededor de una hoguera, en comunión con la naturaleza de la que forman parte. No sé si fue así o si quizá he visto demasiadas películas. Nosotros no tenemos hoguera, pero sin duda Quique y yo nos sentimos privilegiados. Acabamos de establecer un enlace con la naturaleza. La magia de la noche lo ha permitido y ese ser mitológico que nos acompaña se convierte en nuestro tótem. Sin embargo, el chotacabras sigue sin conocer la admiración que sentimos por él.

Quique y el chotacabras.


Finalmente nuestro amigo se cansa de nosotros. Alza el vuelo y se pierde en la oscuridad. Miramos al suelo y es como si nunca hubiera estado allí. Pero la magia sigue. Los fantasmas existen, y aún tendremos oportunidad de contemplar unos cuantos más en nuestro periplo.




También hay lechuzas. Sus blancas y silenciosas alas son el terror de los ratones y topillos. Su espeluznante voz nos habría puesto la piel de gallina si fuéramos unos ignorantes y desconociéramos su procedencia. Quien ha oído gritar a la lechuza sabe de qué hablo. Sus gemidos y chirridos producen espanto a los profanos. Les recuerdan a almas perdidas, a muerte, a gritos de condenados. Pero no son nada de eso. Son solo la voz de una esplendida rapaz nocturna. El mito y la persecución ha acompañado a la lechuza común durante siglos. Injustamente se la acusaba, por ejemplo, de beberse el aceite de las iglesias. También se la ha ligado a supersticiones varias, incluida la brujería. Pero de todo ello este animal no tiene ninguna culpa.

Podemos acusarla de ser bella. Sus plumas especiales, como la de todas las rapaces nocturnas, permiten un vuelo silencioso. Los batidos insonoros de sus alas nos animan a sentir por ella la devoción que sentimos también por el chotacabras.

En las estepas de Lleida es aún relativamente sencillo observar lechuzas, pero han desaparecido de muchos lugares.

Tan bien acompañados como estamos, indico a Quique aún un nuevo invitado en la fiesta. Está muy lejos, pero para él las distancias no significan nada. Es el planeta Saturno. Danza en el cielo con su anillo para nosotros, a través de nuestros telescopios. Quique está tan agradecido como sorprendido. Se trata de un bimbo cósmico para él.

Puesto que he hablado de cosas tales como la teletransportación, el espacio, espíritus, tótems... me permitirá el lector que haga uso ahora del salto en el tiempo. En la tarde del día siguiente nos topamos con el rey de los fantasmas, pero éste descansa horas antes del atardecer. Así y todo, su magnificencia es patente incluso a plena luz del día.

Hace mucho calor. Nada que ver con la agradable temperatura de la noche anterior. Sudando, cansados, con fuerzas mermadas, detenemos el coche. Buscámos collalbas, pero cuando me giro prismáticos en mano lo que veo son unos enormes círculos naranjas. Pertenecen a la faz del búho real.

Búho real - Duc - Bubo bubo


Este superdepredador es el búho más grande que existe, y es el rey absoluto de la noche. Su voz potente, sus garras afiladas, aquellos enormes ojos color fuego, su ceño de enfado, su enorme porte, lo convierten en una de las joyas más preciadas de nuestra fauna. Decir que el búho real consigue que la jornada más insípida cobre sentido para cualquier naturalista de campo es quedarse corto. Es algo más. Es una de las especies más míticas para los ornitólogos. Nunca uno puede cansarse de contemplar a esta maravilla de la evolución.

Macho y hembra de búho real, fotos de Quique Carballal




Frente a la mirilla de nuestros telescopios el búho real se dedica a sus quehaceres: acicalándose las plumas, moviendo el buche, se prepara poco a poco para las horas frescas del día, las suyas, las de la noche. Cuando la luz caiga se alzará el terror entre los habitantes de los páramos. Él manda en la noche, y por eso es el rey de los fantasmas.


No puedo terminar esta entrada sin dejar de recomendar una vez más el blog de Quique. Él es un maestro, en muchos sentidos, incluido el literal. Y tanto divulga el amor a la naturaleza a sus alumnos en los colegios como a los adultos a través de internet:
http://ausalbarcelons.blogspot.com.es/

La culebrera (Circaetus gallicus) es otra de las aves de las que pudimos disfrutar aquel domingo.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Alcaudón Isabel en Solsona

El sábado 14 de noviembre Lluís Mir, un ornitólogo de Solsona, tuvo una grata sorpresa al descubrir un alcaudón Isabel (Lanius isabellinus) en las afueras de la población.

En Catalunya conviven habitualmente cuatro especies de alcaudones: el meridional, el común, el dorsirrojo y el chico, este último muy escaso y amenazado. Son aves depredadoras de insectos y pequeños vertebrados. Pueden almacenar sus presas para consumirlas más tarde ensartándolas en espinas de arbustos, usándolos como despensa.

Los alcaudones común, dorsirrojo y chico son especies estivales, mientras que el meridional nos acompaña todo el año. El alcaudón Isabel sin embargo es una especie de origen asiático con muy pocas citas en la península ibérica.

La relativa poca distancia que hay de mi casa a Solsona (unos 100km) me impulsó a intentar el avistamiento. El lunes día 16 salí pronto por la mañana y a las 8:30 aparqué en el punto que indicaban las coordenadas que otros ornitólogos habían publicado en internet.

No hizo falta ni bajar del coche. A través del parabrisas vi un avecilla parada frente a mí en una rama, a algunos metros de distancia. Enfoqué los prismáticos y confirmé el "bimbo". Con el trabajo de búsqueda ya realizado, pude de manera relajada montar el telescopio y sacar algunas fotos.

El lugar desde el cual bimbé


Un señor se me acercó y me preguntó qué hacía. Parecía sentir auténtica curiosidad, sobre todo tras ver la multitud que se había congregado el día anterior, el domingo. Intenté explicarle lo mejor que pude lo que ocurría, y el señor no solo lo entendió si no que además pareció visiblemente sensibilizado con todos los temas relacionados con el medio ambiente y la fauna salvaje.

Me despedí de aquel caballero y atendí a una mujer. Me hizo la misma pregunta, y amablemente le di la misma respuesta. Sin embargo tal como oyó la palabra ocell (pájaro) la señora perdió todo interés y desapareció con celeridad en cuanto vio que yo empezaba a enrollarme. Maldita sea, ¡ni siquiera me dejó explicarle que el ave era un paseriforme perteneciente a la familia Laniidae!

Sin contar a los curiosos, yo estaba solo. Me extrañaba que no hubiera más gente gozando de una rareza como ésta. Pero al poco tuve compañía. De un coche que acababa de detenerse junto al mío bajó Juan Bécares, gran ornitólogo, excelente fotógrafo y mejor persona (topicazo, pero es que es verdad).

A Juan le sobra el arrojo que me falta a mí cuando se trata de fotografiar aves. Él fue quién me animó a que buscáramos una posición más cercana y con mejor iluminación. A él le debo que yo pasara de esta foto:

Un "pájaru".



a esta otra:

Un alcaudón Isabel (Lanius isabellinus) de primer invierno.



Tan confiado era el animal que pudimos montar a placer trípodes y cámaras a tan solo tres metros de distancia.

Algunas aves (sobre todo colirrojos tizones) azuzaban al alcaudón, y eso me permitió también disfrutar de otra de mis especies favoritas. Personalmente encuentro preciosos a los Phoenicurus.

Alcaudón Isabel y colirrojo tizón. Se pueden comparar los tamaños.


Pero mira que es bonita la cotxa fumada...



Tras realizar unas ciento cuarenta fotos en una hora y algunos vídeos decidí, ya casi por aburrimiento y cansancio (y también porque tenía que ir a trabajar a Barcelona), dar por acabada la sesión de ornitología en Solsona.


Juan y el alcaudón



Voy a terminar el año habiendo observado seis especies de Lanius: común, dorsirrojo, meridional, chico, Isabel, y un alcaudón pardo (Lanius cristatus), una especie aún más rara que ésta, y que pude observar en el Delta de l'Ebre a primeros de año, como ya dejé constancia en este blog.

Le gustan las avispas.







Acabaré con un vídeo realizado sin vibración gracias a que usé el trípode, ya que pude plantarlo gracias al hecho de que el ave no se asustaba con nuestra presencia, cosa que descubrí gracias a la decisión de Juan. Y después de dar tantas gracias, voy a seguir haciéndolo: gracias a Lluís Mir por descubrirnos a todos este bicho tan precioso.