viernes, 20 de febrero de 2015

Lanius cristatus: lo he vuelto a hacer

El 6 de enero de este año 2015, un ornitólogo llamado Iain Hartley se topó en Deltebre (Tarragona) con un ejemplar de alcaudón pardo (Lanius cristatus).

Esta ave procede del Este de Asia y es una rareza total aquí. No existían citas previas en España, y el bueno de Iain no pudo conseguir fotografías decentes de lo que podría ser la megarareza del año por estos lares.

Durante los días posteriores varios ornitólogos se desplazaron hasta Deltebre con la esperanza de observar ni que fuera fugazmente a la preciada ave. Todos los intentos fueron infructuosos y se abandonó la búsqueda.

Hasta que más de cuarenta días después Ricard Gutiérrez y Sergi Sales tomaron la bendita decisión de echar un nuevo vistazo. El alcaudón, por supuesto, estaba allí esperándoles. Fue el 9 de febrero.

Una vez redescubierta el ave no se hizo esperar la procesión de ornitólogos ansiosos de contemplar tal maravilla. La noticia corrió como la pólvora gracias sobre todo a las webs de consulta habitual:

http://www.reservoirbirds.com
http://www.rarebirdspain.net/home.htm
http://www.ornitho.cat

Yo conseguí aguantar exactamente ocho días. Mis amigos Quique Carballal y Jaume Castellà aguantaron siete (el lunes 16 de febrero, aprovechando sus respectivos días libres, acometieron la operación cristatus con éxito). Yo lo intenté al día siguiente.

El martes 17 de febrero por la mañana lo volví a hacer...

- ¿Cómo ha ido el día?
- Bastante trabajo.
- ¿Y mañana?
- Bien... creo que iré a buscar el cristatus.
- ¿Mañana? ¡Pero si es martes! ¿Y la tienda?
- Sé que no debería pero... si me levanto a las cinco puedo estar en Deltebre a las ocho. Si el cristatus sale rápido puedo volver pronto. No para abrir la tienda, pero sí para hacer otras cosas. De todas maneras tenía que hacer unas salidas técnicas, y... esto... bueno, en fin.

Esta vez no fue mi vecina Alba la que se quedó boquiabierta (ver entrada anterior del blog), si no Sílvia, mi chica, la cual había aguantado con estoicidad la tremenda paliza que le había dado los días anteriores con el dichoso cristatus. Estoy felizmente emparejado desde hace tan solo un par de meses y me he vuelto un hombre responsable. Intento tomar nota de los sabios consejos que me da mi media naranja.

De acuerdo, tal vez no sea muy responsable esto de no trabajar para irse a ver pájaros. Pero prometo que esto no volverá a ocurrir. Al menos durante mucho tiempo. Bueno... durante lo que queda de año. Errr... Durante lo que queda de febrero. A menos que aparezca algo muy raro. Otra vez.

- Estás enfermo.

(A veces oigo una voz en mi cabeza que me dice cosas poco agradables; no tengo claro si se trata de esa famosa "conciencia" de la que todo el mundo habla. Tengo que escucharla algún día, quizá tenga cosas interesantes que decirme)

Azor (Accipiter gentilis) en Sant Jaume d'Enveja


El año pasado mi amigo Dani  me llamaba "Bostick", en referencia a uno de los personajes de la película The Big Year, ya que cierto día tuve que escoger entre quedar con una chica o salir a ver aves... y ya podéis imaginar cual fue mi decisión. Puede que a alguien le parezca un acto terrible, pero personalmente pienso que no es para tanto... o quizá sí.

Sin embargo ahora he pasado de ser "Bostick" a ser simplemente un mal empresario.

- ¿Empresario tú? ¡Ja! ¡Vaya aires de grandeza que se nos da el autónomo!

(De nuevo esa voz... A lo mejor tengo un trozo de metal incrustado en la cabeza e intercepto ondas de radio)

En fin, el caso es que sí, que lo volví a hacer. No abrí mi tienda el día 17 por la mañana. Ésta fue mi agenda del día:

5:30 A.M.: me levanté de la cama
8:20: llegué a Deltebre
8:30: aparqué en el punto en el que supuestamente estaba el ave
8:35: bimbé, fotografié y filmé el cristatus
9:25: recogí y me fui a trabajar

Bueno, no. No lo hice. A las 9:25 decidí que aún tenía tiempo de darme una vuelta por el delta. Visité la finca DACSA primero (¡de camino vi un azor adulto en Sant Jaume d'Enveja!) y el puerto del Fangar después. Al final salí de allí hacia las 11:30. Y sí, entonces me fui a trabajar.

Aquí dejo un par de fotos y un vídeo de esta pequeña maravilla, el alcaudón pardo:













martes, 14 de octubre de 2014

Rapaces en Barcelona

Soy autónomo y tengo una tienda de informática en Barcelona. Y aunque tampoco puedo quejarme mucho, lo cierto es que la situación económica actual no es como para tirar cohetes.

Por eso me sentí culpable -al principio-, cuando el 23 de septiembre, hace ahora unas semanas, tomé aquella decisión.

A las diez y media de la mañana, puntual, abrí las puertas de mi negocio con la intención de hacer caja y afrontar los gastos que a diario me llueven por todas partes, algunos a traición, directamente por la espalda.

Recibí la visita de mi buena amiga Alba, y decidí charlar un rato con ella, pero no en el interior de la tienda, si no en la puerta, al aire libre. Resultó ser una buena decisión, y a menudo pienso qué habría sido de aquella jornada si Alba no me hubiera visitado. Creo que se lo voy a agradecer toda la vida.

Mientras hablaba con ella, mecánicamente -como hacemos muchos ornitólogos- alcé la vista al cielo. Y tuve que interrumpir la conversación. A bastante poca altura, un grupo de abejeros y unas cuantas pequeñas rapaces, quizá gavilanes o cernícalos, atravesaban el cielo siguiendo su ruta migratoria hacia el sur.

A veces bajo a mi tienda con prismáticos (¿os imagináis a un tendero con prismáticos, asomado a la puerta de su comercio, mirando fijamente al cielo y cruzando los dedos mentalmente para que nadie piense mal?). Y digo "bajo" porque vivo tan solo unos pisos más arriba. Pero en aquella ocasión no los llevaba conmigo. Así que claramente tenía varias opciones:

1 - Cerrar la tienda y subir corriendo a la azotea con los prismáticos.
2 - Cerrar la tienda y subir corriendo a la azotea con los prismáticos y la cámara de fotos.
3 - Llevar también el telescopio.

Eh... Sí... También había otra opción, claro:

4 - Comportarme como un adulto responsable y volver al trabajo.

Teniendo en cuenta que el día siguiente, el 24, era festivo en Barcelona y por lo tanto podía (debía) trabajar aquel día, el martes 23, ya que tendría tiempo el miércoles de pajarear, tomé la decisión más sensata.

Alba alucinaba cuando me vio bajar a toda velocidad la persiana metálica de la tienda. Puesto que es vecina mía y ella volvía a casa, entramos juntos en la portería.

Casi la eché del ascensor cuando llegamos a su piso -te pido disculpas públicamente, guapa-. Salí con ella a su rellano y subí la planta que me quedaba a pie. Me lancé en mi piso, cogí el material imprescindible para no perder más tiempo y corrí a la azotea. Este material era el siguiente: prismáticos, cámara de fotos, telescopio y trípode, libreta y bolígrafo, móvil y silla plegable.

Como el avispado lector podrá comprobar, no cogí nada de comer ni de beber. Ni tampoco ningún orinal.

Me acomodé en las alturas y raudo pasé ya a vigilar el cielo. Al principio tampoco vi nada fuera de lo habitual (algún cernícalo, tórtolas turcas, verderones...), y durante unos minutos temí que aquel grupo de rapaces que vi desde la calle hubiera sido el último de una larga serie de aves que quizá habrían pasado desde primera hora de la mañana hasta justo aquel momento. Quizá había llegado tarde, quizá había tenido mala suerte y no iba a ver nada más en toda la mañana. Bueno, de ser así podría regresar al trabajo.

Puesto que no me apetecía en lo más mínimo tirar la toalla y sumergirme en el apasionante mundo de las reparaciones de ordenadores domésticos, agucé la vista un poco más y me concentré en aquel maravilloso cielo azul salpicado de nubecitas blancas. Empujadas por una brisa perfecta para el vuelo de las aves, me traían promesas de una buena jornada ornitológica. Seguí esperando.

Había subido a la azotea hacia las once de la mañana. Habían pasado ya veinte minutos. Y por fin aparecieron. Un grupo de nueve abejeros (Pernis apivorus) surgió de la nada para tomar una térmica y remontar en ella. A partir de ese momento se desató la locura.

No puedo describir con exactitud qué sentí durante las horas siguientes, porque apenas tuve tiempo para percatarme de mi estado. Sé que estuve estresado por la necesidad de identificar las decenas y decenas de aves que no dejaban de navegar por las autopistas del aire. Extasiado también por la maravilla que estaba presenciando. Me sentí privilegiado por poder estar allí cuando una ciudad entera se centraba en sus papeles, en sus prisas, en sus preocupaciones, ajena al espectáculo que la naturaleza brindaba en las alturas. Me sentí el rey del mundo. En realidad parece que al final sí puedo describir con exactitud cómo me sentí.

A las doce ya llevaba varios alcotanes (la primera vez que los veía en Barcelona), halcones de Eleonora (idéntico caso), aguiluchos laguneros, más abejeros, halcones peregrinos locales, y yo no gozaba de descanso. Más bien gozaba de aquel maravilloso cansancio. Quería cansarme más. A veces me sentaba, pero el reposo duraba apenas unos segundos. Los bandos de Pernis -el ave más abundante durante toda la jornada- aparecían por varios frentes, sin previo aviso. Un segundo antes no había nada, y al segundo siguiente una hilera de aves desfilaba sobre mi cabeza en su largo periplo hacia África.

Abejeros europeos, anteriormente conocidos como halcones abejeros (Pernis apivorus)









Hacia las 13:00 horas apareció un águila pescadora (Pandion haliaetus). Es ésta siempre una de las estrellas, una de las aves más esperadas por aquellos que vigilamos la migración. Animal bellísimo, es a menudo inconfundible por su silueta de gaviota, su gran tamaño y su antifaz negro. La justiciera de los cielos.

Un abejero y un cernícalo más tarde llegó un águila culebrera (Circaetus gallicus). Como había ocurrido con los halcones de Eleonora y los alcotanes, también era ésta la primera ocasión en que detectaba a esta especie sobrevolando la ciudad.

Otros invitados estrella en la migración son las cigüeñas. Abundantes en otras zonas, son poco habituales en el litoral catalán.

Con cien cañones por banda
viento en popa a toda vela
no corta el mar si no vuela
un velero bergantín.


El poema de Espronceda no habla de una cigüeña, pero allí llegaba mi bergantín particular. Unos enormes nubarrones procedentes del oeste tapaban cada vez más el cielo. Como tirando de ellos apareció una vela blanca que, aunque en un principio parecía estar lejana y tener además intención de no aproximarse hacia mis dominios, decidió finalmente virar hacia mi azotea para tener la cortesía de pasar sobre mi cabeza y saludarme con sus grandes manos hechas de plumas.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)




La poesía es bella, pero la tecnología es útil. Mucho rato antes, mientras había tenido unos segundos libres, había usado el móvil para enviar algunos mensajes a mis amigos ornitólogos, avisándoles del gran movimiento que había aquél día. Algunos de ellos se pusieron en marcha. Joan Grajera subió a "Ca l'Espinal", cerca de Argentona. A las cinco de la tarde se le pensaba unir Jaume Castellà. Daniel González ansiaba terminar su turno en la biblioteca para poder escaparse. Quique Carballal estaba triste porque, al contrario de lo que yo había hecho con mi tienda, él no podía cerrar la escuela en la cual es maestro.

Sin embargo no pude anunciarles que había visto una cigüeña blanca porque no tuve un respiro. Surcó el cielo el bando más grande de la jornada. Cincuenta y nueve abejeros tuvieron la decencia de abandonar una térmica y sobrevolar la azotea en fila india para regocijo de mis ansias de conteo.

Otro macho de aguilucho lagunero. Otros diecisiete abejeros más. Eran las dos de la tarde, y las tres horas de obseravación continua comenzaban a hacer mella en mí. Tenía sed, calor, hambre, y las piernas querían arrastrarme en dirección a la silla. Además empezaba a tener ganas de orinar.

Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)


Macho de aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)



Pero no podía dejar todo aquello. Mi piso estaba tan solo unos metros más abajo. Podría apartar durante unos minutos los ojos del cielo y satisfacer mis necesidades... pero me  habría perdido sin duda varias aves. Y yo quería contar e identificar todo lo que pasara. Mis compañeros ornitólogos me comprenderán. Espero que el resto de personas que me conocen también lo hagan.

Tuve que frotarme los ojos, porque no supe cuánta razón tenía hasta que la vi. A ella.

La observé acercarse, planear frente a mí, sobrevolarme. La fotografié y la anoté. Y entonces sí  regresé al móvil y les envié un mensaje a mis amigos. Solo decía una palabra. Con muchas "a", eso sí.

"Negraaaaaaa"

La transcripción es exacta, siete letras "a". No se me ocurrió añadir nada más, y además era innecesario porque sabía que todos habrían entendido el mensaje.

La cigüeña negra (Ciconia nigra) es un ave muy rara. No solo en el litoral catalán, si no en cualquier lado. En toda mi vida la he visto en Catalunya menos de diez veces. Verla pasar mi encima de mi casa es algo así como... como un sueño cumplido. No cabe duda de que fue el ave más importante del día, puesto que un avistamiento de esta escasa especie siempre es noticia. En nuestras tierras no cría y solo puede observarse en escaso número en migración.

 Cigüeña negra (Ciconia nigra)


Se puso a llover. Al principio débilmente, con timidez, pero al poco, entre los halcones de Eleonora, águilas culebreras y abejeros que pasaban en aquel momento se colaron unos cuantos millones de gotas. Mi cuerpo cansado y sediento quedó a partir de aquel momento cansado, sediento y mojado.

Protegí como pude el telescopio y la cámara bajo un pequeño tejado que apenas sobresalía. Los prismáticos los necesitaba todavía porque las aves no cesaban en su empeño de avanzar y avanzar, a pesar de la lluvia. Treinta y ocho más. Las cifras eran ya escandalosas.

Hacía ya rato que me planteaba no abrir la tienda tampoco por la tarde, y esto ya era más grave. Porque si bien en alguna ocasión me he tomado alguna mañana para realizar trabajos informáticos en empresas (incluso un cartelito en el exterior de la tienda avisa de esta posibilidad), las tardes por el contrario son sagradas. Mis clientes saben que por la tarde pueden contar siempre conmigo. Aunque vistas las circunstancias, está claro que esto no es cierto del todo.

Dani me anunció en un mensaje su intención de acercarse a mi casa entre las tres y las cuatro de la tarde. En cuanto saliera del trabajo pasaría primero por la suya para recoger sus prismáticos. Eran buenas noticias. Estaba siendo un gran día. Uno de los mejores días que he tenido en toda mi vida de ornitólogo, pero me quedaba el sabor agridulce no estar compartiéndolo con nadie.

La lluvia empezó a remitir. El cielo se abrió. Pero con las nubes parecieron marcharse las aves también. El número comenzó a disminuir. A las tres de la tarde pasó un último grupo de once abejeros.

Al poco llegó Dani, pero por desgracia lo mejor ya había pasado. Pudo disfrutar todavía de algunas últimas aves, y de una collalba gris (Oenanthe oenanthe) que al igual que otras especies de aquel día observaba yo por primera vez en Barcelona. Mi amigo tomó el relevo y yo aproveché para bajar a mi casa y beber agua. También oriné. Comí cuatro restos que hallé en la cocina y cogí algunas cosas para picar (pistachos y unos bombones que me habían regalado), una segunda silla plegable y llené la cantimplora de agua.

Subí de nuevo a la azotea. No había novedades. Estuvimos un rato celebrando la jornada con los bombones y los pistachos. Pasaron cinco cormoranes, algunos cernícalos y un alcotán. Los halcones peregrinos residentes sobrevolaban su territorio indignados ante tanta intrusión.

Una solitaria garza real que se dirigía hacia la puesta de sol echó el telón de cierre de aquel fantástico día. Dani se marchó con algunos avistamientos en la saca. Eran las siete de la tarde, y decidí que aún podría abrir la tienda hasta las ocho y media, y lo hice. Con ello alivié un poco mi sentimiento de culpabilidad.

Estos son los números de aquel inolvidable 23 de septiembre:

- Cormorán grande - corb marí gros (Phalacrocorax carbo): 5
- Cigüeña negra - cigonya negra (Ciconia nigra): 1
- Cigüeña blanca - cigonya blanca (Ciconia ciconia): 1
- Abejero europeo - aligot vesper (Pernis apivorus): 249
- Culebrera europea - àguila marcenca (Circaetus gallicus): 3
- Aguilucho lagunero - arpella (Circus aeruginosus): 13
- Aguilucho no identificado (Circus sp.): 1
- Águila pescadora - àguila pescadora (Pandion haliaetus): 1
- Halcones no identificados (Falco sp.): 16
- Cernícalo vulgar - xoriguer comú (Falco tinnunculus): 39
- Alcotán - falcó mostatxut (Falco subbuteo): 4
- Halcón de Eleonora - falcó de la reina (Falco eleonorae): 4
- Halcón peregrino - falcó peregrí (Falco peregrinus): 9, quizá repetidos, reales quizá 4-5
- Vencejo real - ballester (Apus melba): unos 50
- Golondrina común - oreneta vulgar (Hirundo rustica): 19
- Collalba gris - còlit gris (Oenanthe oenanthe): 1

Además de otras aves residentes y habituales.

El día siguiente, el 24, como ya he dicho más arriba, era festivo. Volví a probar suerte y, aunque lejos de los números de la jornada anterior, todavía pude disfrutar de algunas decenas de abejeros más, junto con águilas pescadoras y otras especies. Me acompañaron durante un rato mis amigos David, Mertxe y Carlos.

Es bastante difícil que pueda repetir algo igual, pero al menos ya lo he vivido. Me pregunto dónde se hallarán en estos momentos todas esas aves. Muy posiblemente estén la mayoría ya en África. Los recuerdos se diluyen, pero de todos aquellos ejemplares que pasaron sobre mí hay uno que sigue mostrándose con intensidad, uno que sigo viendo con claridad. Es aquel bello animal de plumas negras, aquella rosa del cielo, a pesar de que nunca supe su nombre.

lunes, 11 de agosto de 2014

Argot ornitológico y algunos términos interesantes

  • Bimbo: especie que ves por primera vez en tu vida.
  • Bimbar: el acto de ver una especie por primera vez en tu vida
  • Ornitólogo: semidiós, ser superior de extraordinarios poderes y siete veces más fuerte que David el Gnomo, y más guapo y más alto. Los que vamos por el campo con prismáticos viendo pájaros por ahí. ¡BIEEEEEEEEEN!
  • Pajareros: los que meten pájaros en jaulas. ¡BUUUHHHHH, MAAAAAAL!
  • No-ornitólogo: seres inferiores al servicio de los semidioses.
  • Telescopio: trasto grande para ver pájaros que están muy lejos. Se necesita trípode para usarlo, aunque a veces puede usarse algún otro apoyo. Al parecer, según muchos curiosos no-ornitólogos (que se te acercan mientras cuentas pardelas o limícolas), tiene además otro uso ("debes hacer unas peaso fotos guapas con eso, eh??"). Este comentario ya se decía antes de que existiera el digiscoping. Sirve también, eso sí, para ver la luna y un poquito los planetas y la galaxia de Andrómeda. Tiene un número considerable de aumentos, aunque invariablemente los mismos curiosos de antes pregunten hasta dónde se puede ver con eso ("¿y se puede ver el horóscopo?")
  • Cata: abreviatura de telescopio. Telescopio = catalejo = cata. Sí, somos raros.
  • Digiscoping: hacer fotos con una cámara digital acoplada al telescopio.
  • Cutredigiscoping: lo mismo pero con un móvil en lugar de la cámara.
  • Prismatocoping: intentar conseguir un desastre de fotografía acoplando una cámara digital a unos prismáticos, normalmente a pulso y sin apoyo.
  • Prismatocoping horribilis: lo mismo pero usando un móvil en lugar de una cámara.
  • Prismáticos: arma arrojadiza muy efectiva, pero no le damos ese uso porque son caros.
  • Foto de ave: la prueba de que no mentimos cuando vemos algo.
  • Observación de ave sin foto: la prueba de que los ornitólogos no necesitamos fotos para demostrar nada porque somos muy buena gente y no mentimos.
  • Cita: cuando quedas con alguien del sexo opuesto para tomar una copa. También cuando apuntas una observación de un ave.
  • Naturalista: los que van con prismáticos estudiando cualquier animal, no solo aves.
  • Naturista: los que van desnudos por la playa.
  • Naturista naturalista: los que van desnudos por la playa con prismáticos al cuello para contar correlimos. No llevan libreta ni lápiz porque no tienen donde guardarlos.
  • Orgasmo ornitólogico: éxtasis supremo en el que el corazón y los pulmones estallan, tocas la gloria eterna con la punta de tus dedos, y mueres de la manera más dulce imaginable tras ver de manera inmejorable (y con foto) aquel pájaro dificilísimo bailando la conga a tres metros de ti. Siendo menos épico, cuando consigues una observación tan maravillosa que el babeo se mantiene incluso días después.

EJEMPLO:

En el año 1990 mi amigo Dani y yo nos cruzamos con un joven ornitólogo
en el delta del Llobregat que nos contó con entusiasmo como el
día anterior había visto un pelícano en aquel mismo lugar. Según él
el ave voló hacia el mar, se fue y ya no volvió, oh, qué pena.
Nos despedimos y Dani y yo seguimos nuestro camino.
Al poco me preguntó si me había creído la historia de
aquel muchacho  y le dije que no, ja-ja, menudo fantasma.
Poco después miramos hacia el cielo. Un enorme
pelícano volaba en círculos muy cerca de nosotros. Al poco
decidió descender y regalarnos un amerizaje espectacular
en la pequeña laguna de la Magarola. Nadó frente a nosotros hasta
que nos hartamos.
  • Gatillazo ornitológico: cuando una buena observación (a veces un posible orgasmo ornitológico) se convierte de repente en una farsa y te quedas con cara de tonto. 

EJEMPLO:
¡Dos carracas, Coracias garrulus!

 


Eh... Uh... Pues no, era un simple Gatillazus serius.
Dos postes. Error. Decepción. y vergüenza por
cagarla ante todo el personal presente.


  • Guía de aves: como las revistas del corazón, pero salen aves en lugar de modelos, toreros y folclóricas. Son más gordas. Las guías.
  • Taxonomía: ciencia maligna que cambia, crea y destruye especies para obligarnos a comprar más guías de aves.
  • Ave: animal con plumas.
  • Pájaro: animal con plumas. Aves pequeñas y córvidos. Persona avispada. Pillo, astuto.
  • Ver pájaros: cosa que hace llorar a los ornitologos que llevan décadas estudiando limícolas, estrigiformes, láridos, gallináceas, sílvidos, petreles, accipítridos, etc., cuando un no-ornitólogo le dice "Qué, ¿te vas a ver pájaros?"

sábado, 2 de agosto de 2014

Grizzly Man. Un pequeño escrito sobre el miedo y el sentido de la vida.

Hace poco vi Grizzly Man, un documental del año 2005.

Dirigido por Werner Herzog, narra la historia de Timothy Treadwell, un estadounidense que durante más de una década convivió con osos grizzly en Alaska, hasta que en el año 2003 fue atacado junto a una novia que tenía por entonces. Ambos murieron y fueron devorados.

Treadwell se filmaba a sí mismo, y estas grabaciones fueron usadas por Herzog para construir parte de su documental. En el momento de la muerte la cámara estaba en marcha, pero con la tapa puesta. Se grabó el audio pero no imágenes. Este audio no se escucha (con buen criterio a mi entender) en ningún momento en el documental.





Dejaré a un lado la crítica cinematográfica. Baste con decir que me gustó y que me despertó emociones. Y en parte quiero escribir sobre esas emociones, pero también sobre lo que considero que va a ser algo cercano a la filosofía.

Porque, si bien sentí tristeza, temor, incluso emoción, como naturalista no pude tampoco dejar de amasar ideas en mi cabeza sobre la conveniencia o no de acercarse a los osos, ni dejé de observar su comportamiento fascinante durante un solo segundo.

Si hablo sobre las emociones que sentí, debo remitirme en primer lugar a las palabras que dijo el piloto del hidroavión que halló el campamento con los cadáveres:

- Algo no iba bien en el campamento, había silencio. Corrí de vuelta al hidroavión, y vi entonces al oso que me miraba. Ya volando comprendí que había estado a punto de correr la misma suerte. Había estado a punto de morir, y sentí una adrenalina como nunca la había sentido antes. Me mareé y mis miembros se adormecieron.

Eso me llevó a reflexionar. Muchas veces he ido al campo en situaciones de riesgo, ya fuera porque iba solo o porque visitaba regiones de cierto peligro. De hecho a menudo se dieron ambas circunstancias. Montañas altas y medianas, parajes despoblados, acantilados, gargantas, ríos, la tundra ártica, islas, cuevas... Como naturalista te marcas más o menos un itinerario en un mapa, pero invariablemente tu mente inquieta te empuja a explorar nuevos caminos, nuevas laderas, nuevos bosques, y siempre terminas caminando unos metros más, unos metros más...

En alguna de esas ocasiones pude haberme fracturado una pierna (o haberme golpeado la cabeza) tras un resbalón inoportuno. Una vez estuve a punto de pisar una víbora aspid, a muchos kilómetros del pueblo más cercano y en una zona de muy difícil acceso. En otra ocasión estando solo a 2500 metros de altitud sufrí una fuerte insolación acompañada de un principio de congelamiento de los pies. Atravesar laderas pedregosas, trepar árboles, hundirse en aguas desconocidas, sufrir picaduras y mordeduras... Nunca ha pasado nada grave, pero el documental me hizo recordar que debemos ser cautos, como tristemente nos recuerdan de vez en cuando las crónicas de sucesos.

Sé que siempre hay más posibilidades de morir en la ciudad atropellado o en un accidente de tráfico que en la alta montaña si se toman un mínimo de precauciones. Sin embargo, tras ver la película sentí cierto temor por todas aquellas veces en las que me confié y olvidé que la naturaleza también puede dañarte.

Los osos que tenemos aquí no se pueden comparar con un grizzly. Los nuestros son más pequeños y temen al hombre. Supongo que decir que nos tienen pánico debe ser aún más adecuado. Sin embargo una de las veces que sentí algo que pueda definir como lo más cercano al terror auténtico y a la desesperación (tal vez una especie de ataque de ansiedad) fue atravesando a pie un territorio osero de noche en la Vall d'Aran. No temía que un oso buscara presas entre los hombres, cosa que descartaba, si no más bien que pudiera sorprender sin pretenderlo a uno de ellos, y que el espanto le llevara a atacar, o que simplemente en su huida decidiera pasar justo por donde yo me encontraba.

¿Qué era ese miedo terrible, que el piloto del hidroavión me hizo recordar? Seguramente algo ancestral, por supuesto, perteneciente a la época en que el hombre vivía realmente entre los osos y otros depredadores y podía ser devorado, algo arraigado en nuestros genes y que quizá se active de manera muy esporádica porque ya es muy difícil hoy en día encontrarse en esa situación.

Me sorprendió asustarme tanto. Yo, que llevaba toda una vida caminando por bosques, ¿me asustaba de un simple paseo nocturno? ¿Me preocupaba morir bajo las garras y los dientes de un oso? Mi yo racional no habría tenido miedo, pero se tomó unas horas de vacaciones. Recuerdo unos escritos del doctor Félix Rodríguez de la Fuente: se hallaba en la sabana africana, rodeado de vegetación de media altura. Estando de pie su mirada llegaba hasta muy lejos, y posiblemente vería a cualquier depredador que se aproximara. Decidió hacer un pequeño experimento. Se sentó en el suelo para que sus ojos quedaran a la altura de los pequeños ungulados, como las gacelas. Desde aquella posición no podía ver nada, y un león podría haberse aproximado hasta muy corta distancia sin poder ser detectado. Félix no aguantó así más que unos segundos. Su imaginación echó a rodar, como le ocurrió a la mía, y no pudo soportar el quedarse sentado pensando en la posible proximidad de un león. Su cuerpo reaccionó ante el pavor y se irguió.

Me pasaron muchas cosas más por la cabeza tras ver el documental. Vivimos, morimos... puedo matar un mosquito con mis propias manos y no lo lamento. Mueren dos personas a las que ni siquiera conocí y me siento triste. Triste, por supuesto, por la manera en que se produjo. No diré que Treadwell se sintiera traicionado por los osos. Yo no lo veo así. Los naturalistas sabemos que la naturaleza es muy cruel, muchísimo. La amamos y la defendemos. Que ella nos abofetee en la cara de esa manera es doloroso, pero no podemos decir que nos haya traicionado. Sabemos lo que hay, y a pesar de eso, y a veces justo por eso, la amamos más todavía.

Sin embargo, los mosquitos que maté con mis manos estaban vivos. Había vida en ellos, y ahora no la hay. Yo soy incapaz de devolvérsela. ¿Es realmente tan valiosa la vida? Ayer hablaba con una amiga. Me comentaba que mientras los osos son felices comiendo, durmiendo, y preocupándose de poco más (de nosotros básicamente), los humanos tenemos la maldición o bendición, según se mire, del raciocinio, de la conciencia y de la inteligencia. ¿Qué más da todo, si llegará un día en el que tampoco existiremos? ¿No seríamos más felices si fuéramos ignorantes y nos limitáramos a disfrutar (o sufrir) las tareas más básicas? Tal vez no, tal vez sí. Pero en cualquier caso no importa, porque al fin y al cabo lo que importa es la realidad, y somos lo que somos, seres inteligentes con inquietudes y curiosidad. Nos hacemos preguntas y nos gusta encontrar las respuestas. Esta misma entrada del blog obedece a ello.

Timothy Treadwell murió renegando de la humanidad, pero su desaparición nos ha servido de recordatorio: la naturaleza es hostil. Lo es inevitablemte, porque la permanencia en el mundo se basa en la supervivencia, en la perpetuación del fuerte y la desaparición de los menos adaptados.

Las últimas palabras del documental son bastante acertadas. Werner Herzog no veía en la mirada de los osos grizzly ni un pequeño atisbo de humanidad. Tan solo veía ojos buscando alimento o valorando amenazas. Así que para resumir podría terminar diciendo que la naturaleza merece siempre nuestro máximo respeto. No es divertida, como puede entender un humano la diversión, pero es lo más hermoso, sorprendente e interesante que puede ofrecernos nuestro querido planeta.

domingo, 6 de julio de 2014

Un par de consejos para ayudar a animales

1. Los aros de plástico que sirven para transportar las latas de refresco son una de las lacras de la naturaleza. Un animal atrapado en ellos puede sufrir una muerte lenta y agonizante. Ahorcamientos, imposibilidad de tragar comida por un cuello apretado, quedarse atrapado en ramas sin poder moverse, deformación del crecimiento del cuerpo bajo la presión del plástico... Son muchas las temibles consecuencias que puede acarrear el encuentro entre un animal (sea ave, mamífero, reptil...) y este componente habitual de nuestras basuras.

En el siguiente enlace hay más información y varias fotografías de animales atrapados:

http://www.ecconex.com/revista/06-2012/contaminacion.html

Existe una solución muy sencilla para evitar esto. Se trata de dar unos cortes con unas tijeras de manera que no quede ni un solo círculo cerrado antes de tirar los aros. Acabe o no acabe reciclado nuestro plástico, nos aseguraremos así al menos de que ninguna cigüeña pueda meter la cabeza por donde no debe.









2. Lo siguiente más que un consejo es un aporte informativo y una petición: los huevos de gallina llevan impreso un código númerico que puede empezar por 0, 1, 2 o 3. Los que tienen el código 0 o 1 pertenecen a gallinas que fueron criadas en el suelo, en unas condiciones más o menos aceptables. Los códigos 2 o 3 pertenecen a gallinas que vivieron en una situación infernal de tortura absoluta: convertidas en máquinas ponedoras de huevos hasta el día de su muerte, viven inmovilizadas en condiciones terribles, enjauladas sin posibilidad alguna de ni siquiera caminar.

Comprad huevos con código 0 y 1. Son solo unos céntimos más caros, y aunque es cierto que hay que vigilar lo que cuesta la cesta de la compra, normalmente no ponemos ningún pero cuando compramos refrescos, cervezas, aperitivos o dulces, o cuando quedamos con amigos y tomamos unas cañas que no van a costar muchísimo más que esa diferencia.

Estos huevos acostumbran a venir en hueveras de color verde, pero no debemos fiarnos de esto. Yo he visto hueveras verdes que no llevaban códigos 0 o 1. Mejor comprobarlo siempre.



El primer número arriba a la izquierda deber ser un 0 o un 1. En este caso es un 1.

jueves, 10 de abril de 2014

El Delta del Llobregat: festival flamenco (pero no musical, excepto por el mosquitero)

Situado junto a la gran urbe que es Barcelona, el delta del río Llobregat, mucho más modesto que el famoso, bello y enorme delta de l'Ebre, alberga sin embargo una riqueza faunística sin igual.
Llevo veinticinco años recorriéndolo y nunca deja de sorprenderme.

El pasado 1 de abril pude escaparme un par de horas al mediodía y me acerqué a las maresmes del Remolar-Filipines, uno de los dos ambientes principales que quedan en esta mermadísima zona húmeda, antaño mucho más extensa.

El balance fue bastante impresionante: nada más y nada menos que sesenta especies detectadas, en lo que fue un auténtico estallido migratorio.

Aguja colinegra (Limosa limosa)


Avoceta (Recurvirostra avosetta), el "pajaro con el pico hacia arriba".




No todo eran aves...



Pude observar por primera vez en este año aviones zapadores (Riparia riparia) y aviones comunes (Delichon urbicum), avoceta (Recurvirostra avosetta), canastera (Glareola pratincola), lavandera boyera (Motacilla flava) -incluido un ejemplar de la subespecie flavissima-, una pareja de ánades rábudos (Anas acuta), otra de cerceta carretona (Anas querquedula), los primeros combatientes (Philomachus pugnax), garzas imperiales (Ardea purpurea), mosquiteros musicales (Phylloscopus trochilus), un macho de papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), y así hasta completar un maravilloso listado que muchos tildarían de inesperado por tratarse de un medio tan humanizado y tan cercano a la capital catalana.

Lavandera boyera (Motacilla flava flavissima)





Ánade rabudo (Anas acuta)



Canastera (Glareola pratincola)



Pero el auténtico festival lo dieron los flamencos (Phoenicopterus roseus). Unos treinta ejemplares se pavonearon lárgamente frente a mí durante el tiempo suficiente para conseguir las que tal vez sean las mejores fotos que he conseguido nunca de esta especie tan hermosa.


 



 






  

 
 Ejemplar anillado


 

domingo, 30 de marzo de 2014

Maratón SEO 2013

Dentro de poco dará comienzo la maratón ornitológica 2014 de la S.E.O. Es una buena excusa para colgar la crónica de la del año pasado.
Lo cierto es que no pudo comenzar de manera más accidentada. 
El equipo "Ornitosecta" iba a estar formado por cuatro miembros: Daniel González, Jaume Castellà, Quique Carballal y un servidor, Jordi Sala. Íbamos a realizarla el domingo día 5 de mayo, pero pocas horas antes, el sábado por la tarde, Dani me hizo una visita sorpresa a mi casa. Venía acompañado de su bella esposa Marta, de su preciosa hijita Antía y de una conjuntivititis que le había dejado los ojos como dos fresones.

Las dos frutas llorosas me miraban fíjamente mientras una voz lejana retumbaba en mis oídos.

- Tío, mírame, estoy fatal, no puedo participar en la maratón.

Los dos fresones y su familia se marcharon tras un rato de charla. Volví a mis preparativos para la dura jornada que nos esperaba. Quedábamos tres: Quique, Jaume y yo, así que todavía éramos un equipo (las normas de la maratón indican que éste tiene que estar formado por entre tres y cinco personas).

Aquella noche conseguí dormirme más pronto de lo que esperaba, así que pude descansar lo suficiente. A las tres de la madrugada del domingo ya estaba en pie. Comí algo, tomé café, ultimé los detalles pendientes, y leí el WhatsApp que acababa de enviarme Quique y que decía algo así como:

Me encuentro fatal, lo he intentado todo hasta el último momento pero tengo una descomposición de campeonato, ¡seguid sin mí!

Al momento hablé con Jaume. Estaba de acuerdo en continuar (¿quién se volvería a la cama ante la perspectiva de ver más de cien aves en un día? Mucha gente, seguramente). Así que sí, que como somos bichos raros formamos un equipo no oficial de dos personas, sin posibilidad alguna de competir debido al reglamento.

Sin embargo, a pesar de que la maratón no había comenzado nada bien, al final resultó que fue una de las más agradecidas que he tenido.

Partí de Barcelona con mi coche con destino a Mataró. Jeff Hanneman, el guitarrista y fundador de Slayer, había fallecido pocos días antes. Me apetecía escuchar el álbum Reing in Blood mientras recorría la autopista, y lo hice. Es toda una experiencia conducir solo de madrugada y atravesar la noche escuchando Jesus Saves a todo volumen. Se me escapó algún que otro headbanging. Descansa en paz Jeff Hanneman. Junto a Dio y todos los demás.

Ya en Mataró me encontré con Jaume y comenzamos el conteo con la primera especie que apareció: el autillo (Otus scops). Tras este buen arranque dejamos la ciudad para explorar los campos, bosques y canteras cercanas con un balance bastante positivo, a pesar de que nos falló (como cada año) la lechuza común (Tyto alba).

 La deformación profesional es fuerte. Leí "magatzem làrids" (almacén láridos) cuando habla de "àrids" (áridos).



Éstas fueron las primeras aves que nos hicieron disfrutar aquel día:
1 Otus scops
2 Luscinia megarhynchos
3 Cettia cetti
4 Athene noctua
5 Phoenicurus ochuros
6 Strix aluco
7 Caprimulgus europaeus
8 Erithacus rubecula
9 Turdus merula
10 Cyanistes caeruleus
11 Parus major
12 Fringilla coelebs
13 Regulus ignicapillus
14 Certhia brachydactyla
15 Troglodytes troglodytes
16 Carduelis chloris
17 Carduelis carduelis
18 Passer domesticus
19 Motacilla alba
20 Pica pica
21 Carduelis cannabina
22 Picus viridis
23 Serinus serinus
24 Columba palumbus
25 Garrulus glandarius
26 Sturnus vulgaris
27 Streptopelia decaocto
28 Emberiza cirlus
29 Sylvia melanocephala
30 Sylvia atricapilla
31 Dendrocopos major
32 Turdus philomelos
33 Sylvia cantillans
34 Oriolus oriolus
35 Coccothraustes coccothraustes
36 Phylloscopus bonelli
37 Delichon urbicum
38 Columba livia
39 Hirundo rustica
40 Cisticola juncidis
41 Galerida cristata
42 Circus aeruginosus
43 Alectoris rufa
44 Merops apiaster
45 Apus apus
46 Passer montanus
47 Periparus ater
48 Buteo buteo
49 Gallinula chloropus
50 Phylloscopus collybita
51 Turdus visvicorus
52 Egretta garzetta
53 Aegithalos caudatus
54 Nycticorax nycticorax
55 Motacilla cinerea
56 Hirundo daurica

Cincuenta y seis especies en unas primeras horas de observación por Mataró, Dosrius, Argentona, la Roca del Vallés... se trata de un área no muy grande pero que nos aportó una gran variedad.


Macho y hembra de oropéndola (Oriolus oriolus)


Esta despistada oca no sabe que está a punto de morir a manos (plumas) del terrible martinete asesino (Nycticorax nycticorax)


Jaume y yo hemos hablado sobre la maratón meses después de realizarla, y ambos estamos de acuerdo en una cosa: a pesar de que el número final no fue el mejor, fue tal vez una de las más disfrutadas, ya que el goteo de especies fue constante. Allí donde íbamos siempre encontrábamos algo nuevo, desde el inicio de la jornada hasta el momento de darla por finalizada.

Deambulamos un poco más por la comarca del Maresme, pero ya en dirección sur. Una parada en Vilassar de Mar nos proporcionó el avistamiento de cotorras de Kramer. Pero nuestro principal destino geográfico en aquellos momentos era la sierra del Garraf. Atravesamos el Barcelonés y el Baix Llobregat y llegamos a aquel macizo tan seco y tan rico en fauna peculiar.


 Cotorra de Kramer (Psittacula krameri)
57 Psittacula krameri
58 Larus michahellis
59 Myiopsitta monachus
60 Cuculus canorus
61 Sylvia undata
62 Falco tinnunculus
63 Ptyonoprogne rupestris
64 Circaetus gallicus
65 Streptopelia turtur
66 Saxicola torquatus
67 Galerida theklae
68 Motacilla flava
69 Anthus campestris
70 Emberiza calandra
71 Emberiza hortulana
72 Lanius senator
73 Aquila fasciata
74 Monticola solitarius
75 Apus pallidus

Otros años habíamos visitado en primer lugar el Delta del Llobregat y a continuación Garraf... y siempre llegábamos tarde. Poca luz, poco tiempo por delante y el cansancio acumulado nos impedían sacar jugo de este espléndido parque natural. Este año invertimos el orden y los resultados fueron mucho más satisfactorios: por primera vez podíamos incluir en la lista aves tan magníficas como el águila perdicera, el escribano hortelano o el bisbita campestre.

Nos trasladamos al Delta del Llobregat para intentar dar ese cabezazo final a la lista visitando esta zona húmeda, la cual nos aportaría probablemente una cincuentena de especies en poco tiempo.

76 Phoenicopterus roseus
77 Aythya ferina
78 Phasianus colchicus
79 Acrocephalus arundinaceus
80 Acrocephalus scirpaceus
81 Anas strepera
82 Tadorna tadorna
83 Himantopus himantopus
84 Netta rufina
85 Tringa totanus
86 Fulica atra
87 Anas querquedula
88 Tringa glareola
89 Ardeola ralloides
90 Bubulcus ibis
91 Philomachus pugnax
92 Tringa nebularia
93 Ardea purpurea
94 Tachybaptus ruficollis
95 Podiceps cristatus
96 Casmerodius albus
97 Platalea leucorodia
98 Anser anser
99 Phalacrocorax carbo
100 Riparia riparia
101 Estrilda astrild
102 Larus audouinii
103 Larus melanocephalus
104 Larus ridibundus
105 Phoenicurus phoenicurus
106 Pluvialis squatarola
107 Anas platyrhynchos
108 Charadrius hiaticula
109 Limosa lapponica
110 Glareola pratincola
111 Numenius phaeopus
112 Haematopus ostralegus
113 Actitis hypoleucos
114 Plegadis falcinellus
115 Porphyrio porphyrio
116 Phylloscopus sibilatrix
117 Phylloscopus trochilus
118 Ficedula hypoleuca
119 Columba oenas
120 Ixobrychus minutus
121 Ardea cinerea
122 Saxicola rubetra


Focha (Fulica atra) con pollitos



Somormujo lavanco (Podiceps cristatus)


Faisán común (Phasianus colchicus)



No íbamos desencaminados y llegamos finalmente a las 122 especies. El Delta del Llobregat nos dejó muy buen sabor de boca por las buenas observaciones de avetorillo (Ixobrychus minutus), colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus), mosquitero silbador (Phylloscopus sibilatrix) y paloma zurita (Columba oenas) entre otras.

Una visita de última hora a la ciudad de Barcelona nos brindó el colofón final con el vencejo real, uno de los relámpagos del cielo, común en todo el territorio pero que no había hecho acto de presencia hasta aquel momento, y que se convirtió en la especie número 123.

123 Apus melba

La maratón también sirvió para proporcionarnos a Jaume y a mí unas cuantas especies más a añadir a la lista del Big Year. Ya hablé en otra entrada del pique amistoso que teníamos Jaume y yo y que se saldó con su victoria por un par de especies. Por cierto, aún le debo la comida.