miércoles, 29 de septiembre de 2010

Finlandia-Noruega 2007 (parte 17): Kuusamo

Martes, 10 de julio del año 2007. Los días habían pasado a gran velocidad, intensos y repletos de momentos inolvidables.

Éramos conscientes de que el viaje se aproximaba a su fin. Sin embargo aún estábamos en Finlandia y Kuusuamo prometía grandes aventuras. Aunque lo cierto es que debo ser sincero: nos decepcionó, pero no me cabe duda de que los culpables fuimos nosotros. Un mal conocimiento de la zona nos privó de disfrutar más de maravillosas especies animales durante el día y medio que pasamos allí.

Así y todo, sabiendo que pudo haber sido mejor, no puedo quejarme en absoluto.

Desde el cámping en el que cual nos habíamos instalado partían algunos itinerarios a pie y decidimos recorrer los bosques cercanos. El lugar tenía muy buena pinta, pero no disponíamos de mucho tiempo, pues la tarde ya estaba muy avanzada. El paseo nos sirvió para tener una primera toma de contacto con aquella zona del Parque Nacional de Oulanta

La gran masa forestal de enormes abetos saturados de musgos y líquenes nos cautivó. Regados por innumerables arroyos, charcas y ciénagas, y poblados por millones de mosquitos, los bosques de Kuusuamo nos trasladaron a la antigüedad, cuando el hombre era uno más entre todos los habitantes del planeta. Depredador para unos, presa para otros. Pero aquella selva de coníferas también sugería la existencia en otros tiempos de compañeros de aventuras para los hombres: gnomos, brujas, magos, dragones, hadas, elfos y otros seres fantásticos se hacían creíbles entre las húmedas nieblas y los verdes árboles de Oulanta.

Sin embargo no fueron hadas ni elfos lo que vimos allí, si no apenas algunos ejemplares de nuestros amigos, los arrendajos funestos (Perisoreus infaustus).

De vuelta al cámping Dani y yo no podíamos dejar pasar la oportunidad de probar la sauna finlandesa, y así lo hicimos. Media hora achicharrándonos, y luego zambullida en las heladas aguas de un lago cercano. Una maravillosa sensación, mucho menos extrema de lo que pueda parecer: el contraste entre temperaturas se soporta con suma facilidad, siendo de lo más gratificante.

Dormimos los tres en nuestra tienda de campaña a la espera del nuevo día. Y el 11 de julio llegó. Era la antepenúltima jornada de nuestro periplo por tierras norteñas.

La jornada se inició con un gran bimbo en el mismo cámping: un piquituerto lorito (Loxia pytyopsittacus). Hubo un gran alborozo entre la ornitosecta. Después del éxtasis de Varanger parecía que Finlandia se resistía a ofrecernos algunas de sus joyas zoológicas, pero tal vez las cosas volvieran a su cauce.

Intentamos de nuevo el itinerario de la tarde anterior, esta vez con algo más de suerte: los grévoles (Bonasa bonasia) nos fascinaron. Una hembra y sus pollos se dejaron ver a placer (aunque esto fue gracias a nuestro extremo silencio y lentitud al movernos). El premio gordo se lo llevó Dani, que vio a un gran macho de urogallo (Tetrao urogallus) alzar el vuelo y alejarse. Yo iba unos metros más atrás y tan solo vi una gran sombra negra que armando un gran alboroto pasó tras los árboles, y que al momento identifiqué también como macho de urogallo.

Continuamos avanzando hasta completar el recorrido. El sendero trazaba un círculo atravesando los bosques y regresaba al punto de partida. Hacia medio camino lindaba con un lago en el que nadaban algunos porrones osculados (Bucephala clangula) y una serreta chica (Mergus albellus).

También hallamos una rana, no identificada.
Dani y Cristina cansados de tanto bimbar.Un hermoso rincón del parque nacional.
Puesto que ya habíamos concedido algunas horas de la tarde anterior y unas cuantas de aquella mañana a aquellas espesuras decidimos probar suerte en otro punto cercano en el cual se suponía había posibilidades de ver coliazul cejiblanco (Tarsiger cyanurus). Nos desplazamos hasta allí con el coche y ascendimos a pie unas laderas boscosas, pero no tuvimos suerte. Sin embargo unos preciosos camachuelos (Pyrrhula pyrrhula) nos alegraron la mañana con sus hermosos y brillantes colores. La vista tampoco carecía de encanto: grandes extensiones de bosques salpicadas de innumerables lagos se extendían a nuestros pies, y a lo lejos contemplábamos las tierras de lo que seguramente ya era la colindante Rusia.

Autoretrato de un servidor, Jordi. Ya aparecen las arrugas.

La tarde la dedicamos precisamente a explorar uno de aquellos lagos, aunque éste se hallaba en el lado contrario, a poniente. Con nuestro vehículo recorrimos la llanura que nos llevaba hasta una gran extensión de agua cercana a una carretera y rodeada asímismo de más bosques.

Los colimbos árticos (Gavia arctica) gritaban con estridencia y los alcotanes (Falco subbuteo) les sobrevolaban. Gaviones (Larus marinus), gaviotas canas (Larus canus), gaviotas reidoras (Larus ridibundus), porrones osculados (Bucephala clangula) y algunas otras especies completaban la avifauna del lugar.

La espectacular transparencia del agua nos dejaba atónitos.


Hembra de porrón osculado (Bucephala clangula).
Las tranquilas aguas del lago.
Quizá el único "pero" del día fueron las muchas horas perdidas conduciendo, tratando de encontrar los mejores lugares para observar aves (sin mucha fortuna, hay que admitirlo). Finalmente regresamos al cámping para cenar con tranquilidad y descansar. Al día siguiente abandonaríamos Kuusamo y viajaríamos hacia el sur: 800 km nos separaban de Helsinki y el aeropuerto de Vantaa. Nos quedaba una jornada y media para recorrerlos y en la medida de lo posible observar algunas aves más.

Conduciendo hacia el cámping nos topamos como todos los días con los renos finlandeses.




Reflejos en las aguas colindantes al cámping.
Nuestra espectacular cena.

2 comentarios:

  1. Vaya pedazo de viaje, enhorabuena por los bimbos! La rana de la foto me parece que puede ser rana bermeja (Rana temporaria). Un saludo!

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  2. Gracias Conry por lo de la rana!! Interesantísimos tus blogs, lo abarcas todo, qué maravilla. Todo un lujazo.

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