domingo, 9 de agosto de 2009

Finlandia-Noruega 2007 (parte 5): de Rovaniemi a la península de Varanger (primera parte)

6 de julio del 2007: amanecíamos los tres con ganas de abandonar el cámping. Aún no lo sabíamos, pero aquél iba a ser uno de los días más largos de nuestro viaje. Es por ello que dividiré esta jornada en varios capítulos.

Saliendo de Rovaniemi pudimos ver desde el coche la casa "auténtica" de Papá Noel. Como se alejaba ligeramente de nuestros intereses más inmediatos decidimos pasar de largo y adentrarnos por fin en el círculo polar ártico. En efecto, Rovaniemi está muy cerca de este paralelo y apenas comenzada la jornada ya nos hallábamos "oficialmente" dentro.

Renos

Rumbo al norte. Algunos renos se iban cruzando por la carretera. Al rato detuvimos el coche en el aparcamiento de una cabaña situada junto a un lago, la cual funcionaba como bar y tienda de recuerdos. En aquel lugar echamos algunas fotos junto a Neptuno y unos osos que pasaban por allí, y disfrutamos del avistamiento de un águila pescadora (Pandion haliaetus) que sobrevolaba las aguas.

La tienda junto al lago, uno más de los miles que hay en Finlandia.
Neptuno.
Jordi es el que lleva prismáticos.

Con fuerzas renovadas reemprendimos la marcha. Íbamos lanzados por la carretera atentos a cualquiera cosa que nos llamara la atención. Estaba yo al volante cuando eché un vistazo a la izquierda. Acabábamos de dejar atrás un lago. Pegué un frenazo (uno normalito, no uno peliculero con chirriar de ruedas) y puse la marcha atrás. Había visto algo.

¡Dos cisnes!
Bajamos del coche y montamos los telescopios. Dos preciosos ejemplares adultos de cisne cantor (Cygnus cygnus) nadaban placenteramente en las tranquilas aguas del lago. Nuestra alegría era grande. Aunque Dani y yo lo dábamos por bimbado en las jornadas anteriores, era un auténtico lujo poder contemplarlos tan cerca.

Como ya he dicho, eran dos preciosos adultos. Al poco descubrimos por qué eran tan preciosos: tenían algo raro.

- Son raros... ¿no? -preguntó alguien.
- Sí... Mmm... No sé... Hay algo... -contestó otra voz.
- ¡Son de plástico! -exclamó un tercer ornitosecario.

En efecto, no eran más que unos ejemplares falsos que las corrientes de agua mecían de un lado a otro.

Cuando sales a ver aves a veces ves cosas increíbles, maravillosas, tremendas, espectaculares. Se te pone la piel de gallina y se te cae la baba. En nuestro argot privado llamamos a esas situaciones "orgasmos ornitológicos". El avistamiento de aquellos cisnes fue la definición perfecta de lo contrario: un "gatillazo ornitológico".

Un andarriós chico (Actitis hypoleucos) que pasaba por allí centró nuestras atenciones y así pudimos disimular un poco el ridículo que sentíamos por dentro.

- Què maco l'Actitis!
- Ajà...
- Potser que tornem al cotxe...

(-Qué bonito el Actitis... -Ajá... -Quizá mejor volvemos al coche...).

Andarríos chico (Actitis hypoleucos)

Pasaron los suficientes kilómetros como para superar la vergüenza (no mucha) sufrida. Poco a poco nos fuimos percatando de que la carretera ascendía y el terreno se elevaba visiblemente. Nos detuvimos en un altiplano para contemplar algunos chorlitos dorados (Pluvialis apricaria) que hicieron nuestras delicias hasta que el frío nos hizo regresar al coche: el calor había desaparecido definitivamente. Parecía que el círculo polar ártico quería hacer honor a su nombre. No estábamos ni mucho menos a cero grados, pero ya no podíamos pasearnos en manga corta. Los jerseys y los anoracks hicieron acto de presencia.

Chorlito dorado (Pluvialis apricaria)

Y estos primeros fríos árticos sentidos en nuestras pieles en un mes de julio, aquellos chorlitos dorados, aves que pasan el invierno en España pero que crían en la tundra del norte, aquel cielo grisáceo que nos cubría amenazante, todas aquellas cosas nos hicieron recordar que nos hallábamos verdaderamente en el ártico.

Personalmente sentí una inmensa alegría.

2 comentarios:

  1. seguro que ese ha sido vuestro primer gatillazo???........ummmm

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  2. veis menos que pepe leches

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