miércoles, 15 de agosto de 2012

Tarifa 2011, segunda parte.

En la anterior entrada hablé de aquella mañana maravillosa en Tarifa. Descubrimos que el punto en el cual habíamos estado era el Observatorio de Cazalla, desde el cual observamos catorce especies diferentes de rapaces (incluido el buitre de Ruppell) y las dos cigüeñas (la blanca y la negra) en tan solo cuatro horas y media (desde las 9.30 hasta las 14.00 horas). Era normal que nuestras espectativas fueran enormes a partir de ese momento.

Sin embargo, al final resultó que habíamos vivido algo un poco excepcional: no todos los días eran así en Tarifa, pero nosotros habíamos tenido la suerte de estrenarnos en uno de ellos. Esto era llegar y besar el santo.

También en la entrada anterior comenté que en Tarifa Joan y yo vimos la "auténtica" migración, ya que a pesar de llevar años controlando el paso de rapaces en Catalunya, nunca habíamos observado aquellas brutales cantidades. Pero decir esto no es del todo justo, pues es innegable el gran atractivo que supone observar e identificar aves rapaces en los puntos del Maresme en los que nos colocamos habitualmente. Hay muchos alicientes:

- Gran variedad de especies.
- Mayor presencia de falcónidos.
- A menudo peores condiciones de observación y distancia que en Tarifa, lo cual evidentemente tiene un carácter negativo (menor disfrute de la observación), pero ello convierte el Maresme en una excelente escuela para aprender a identificar rapaces en vuelo.
- El añadido de una muy rica avifauna local que distrae constantemente cuando el paso decae.

En cualquier caso, ya sea concentrados en un "embudo" (estrecho de Gibraltar) o desperdigados por un territorio más amplio... todos esos movimientos de las aves forman parte de la migración y deben ser igualmente estudiados. Pero el fenómeno del paso de las rapaces por la comarca del Maresme será tema de una futura entrada de este blog. Ahora toca seguir escribiendo sobre Tarifa.

El asentamiento urbano es también un lugar interesante: a la belleza de su casco antiguo y a la riqueza de su sabrosa gastronomía hay que añadirle unos valores ornitológicos nada desdeñables. Nuestros paseos por sus calles nos dejaron observaciones de cernícalo primilla (Falco naumanni), vencejo pálido (Apus pallidus) y gorrión moruno (Passer hispaniolensis) entre otras especies.

Cernícalos primillas (Falco naumanni)
 
 

Pero el motivo de nuestro viaje no fue solo disfrutar de la observación de las aves. También queríamos ampliar conocimientos asistiendo al curso de identificación avanzada que el finlandés Dick Forsman iba a impartir en el lugar por aquellas fechas, y en el cual teníamos plaza reservada.

Dick Forsman es una eminencia en la identificación de las rapaces. Mundialmente conocido en nuestro ámbito, gran ornitólogo y divulgador, es autor de la excelente obra "The Raptors of Europe and the Middle East". Con sus charlas pudimos comprobar también que era un gran orador. Amable y cercano en todo momento, accedió además sin reparos a dedicarnos su libro.

Joan contempla la fachada de la iglesia. No hay aves posadas.



Aquel 16 de septiembre por la tarde se inauguró el curso con una conferencia de Alex Onrubia, de Fundación Migres, que nos introdujo al mundo de la migración de las aves en el estrecho de Gibraltar. Tras la charla Joan y yo fuimos a recoger a Dani al aeropuerto de Jerez de la Frontera y cenamos los tres juntos, por fin reunidos.

El día 17 por la mañana Dick Forsman tomó el relevo de Alex Onrubia e impartió sus primeras y extensas explicaciones, tras lo cual nos dirigimos de nuevo al campo para ver aves en directo, que es al fin y al cabo lo que nos gusta a los ornitólogos. El punto escogido fue el observatorio de Punta Carmona. ¿Tendríamos tanta suerte como la jornada anterior? Lo cierto es que no lo fue del todo. Volvió a ser una gran día de observación de aves, pero los números fueron inferiores. No apareció el buitre de Ruppell, pero sí lo hicieron las siguientes especies:

- Culebrera europea (Circaetus gallicus)
- Águila calzada (Aquila pennata)
- Alimoche (Neophron pernocpterus)
- Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)
- Gavilán (Accipiter nisus)
- Aguilucho cenizo (Circus pygargus)
- Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus)
- Águila pescadora (Pandion halieaetus)
- Cigüeña negra (Ciconia nigra)
- Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)
- Golondrina dáurica (Hirundo daurica)

Legión de observadores en el observatorio de Punta Carmona.


No faltaron las cigüeñas blancas...


...ni las negras.


Águila calzada (Aquila pennata).


Joan en primer plano, aguantando el sol como un buen ornitosectario.



A última hora de la tarde, tras una nueva charla del señor Forsman visitamos la famosa laguna de La Janda, para cambiar de registro y ampliar la lista de aves observadas. Es éste un hermoso lugar, una zona húmeda que nos deparó sorpresas tran agradables como los elanios azules (Elanus caeruleus), de los cuales pudimos ver hasta tres ejemplares distintos. De aquí nos llevamos otros regalos para la vista como fueron un dormidero de aguiluchos laguneros y otro de garcillas bueyeras, y una espectacular puesta de sol.



Moritos (Plegadis falcinellus).


- Els "Elanus" són per allà!
- Que no, fes-me cas, són per aquí...


Regresamos a Tarifa para cenar algo y recobrar fuerzas. Deambulábamos por las calles buscando algún lugar adecuado para comer algo. Pero no fue el precio, ni la extensa carta, ni el agradable lugar lo que nos empujó a escoger un restaurante situado junto a las murallas. Pasábamos junto a él cuando escuchamos el tétrico gemir de una lechuza (Tyto alba). Eso y no otra cosa fue lo que nos hizo decidir.

Cenamos estupendamente mientras contemplábamos en lo alto de la muralla a  nuestra amiga estrigiforme, que asomaba la cabeza tímidamente desde un agujero entre las piedras. Otro día escribiré sobre las "leyes de Murphy" de la ornitología. Una de ellas dice que cualquier objeto inanimado puede convertirse en un ave viva en cualquier momento. Así mismo, también puede darse el proceso contrario: cualquier amigo alado puede pasar a ser una simple rama o roca. La mañana siguiente pasamos frente a la muralla en la que se aposentaba nuestra lechuza. El ave no era tal. Nos habíamos pasado toda la cena contemplando un adoquín blanquecino situado en el centro de un agujero.

No hay duda de que la lechuza estuvo muy cerca, pues la habíamos oído. En cualquier caso no fueron horas perdidas: los pescaditos, calamares, entrecots y el vino con que regamos todo aquello sí existieron.

El día 18 era el último que íbamos a dedicar a Tarifa. Iniciamos la jornada ornitológica (el adoquín-lechuza no contaba) en el observatorio de El Algarrobo. De nuevo un buen número de rapaces amenizaron la mañana, especialmente los buitres leonados (Gyps fulvus) y una falsa alarma de buitre de Ruppell (Gyps rueppellii) que puso en tensión a toda la comitiva. Las aves observadas fueron:

- Culebrera europea (Circaetus gallicus)
- Águila calzada (Aquila pennata)
- Alimoche (Neophron pernocpterus)
- Gavilán (Accipiter nisus)
- Milano negro (Milvus migrans)
- Abejero europeo (Pernis apivorus)
- Cigüeña negra (Ciconia nigra)
- Golondrina dáurica (Hirundo daurica)

Dani, Joan y más observadores, algunos mejor preparados que otros.


Por la tarde Dick Forsman impartió una última y magistral charla, pero por supuesto no es mi intención entrar en los detalles de sus explicaciones. Baste indicar que todo salió a pedir de boca, y que nos consideramos unos privilegiados por haber podido ser partícipes del curso organizado por Fundacion Migres.


De izquierda a derecha, Daniel González, Dick Forsman, Joan Grajera y Jordi Sala.

No desperdiciamos las últimas horas del día. Pusimos rumbo a los pueblos de Azahara y Barbate para buscar al ya mítico ibis eremita (Geronticus eremita), ave que se encuentra en gravísimo peligro de extinción, y que está siendo objeto de un proyecto de reintroducción y cría en la zona. ¿He mencionado ya que suelo tener suerte cuando salgo a ver aves? Nos costó encontrarlos, pero finalmente vimos los ibis (un bando de unos cuarenta ejemplares). Bimbo para todos. En la playa cercana descansaba un ejemplar cojo de gaviota de Audouin (Larus audouinii), dos correlimos tridáctilos (Calidris alba) y tres chorlitejos patinegros (Charadrius alexandrinus).

Buscando al ibis eremita. En la cuneta no estaba.


Ibis eremita (Geronticus eremita)


Puesta de sol en el oceano Atlántico. No hubo rayo verde esta vez.



El día siguiente (19 de septiembre) regresamos en coche a tierras catalanas. Atravesamos toda la península con algunas paradas aquí y allá para descansar y sacar un poco los prismáticos. En Barrax (Albacete) conseguimos nuestro premio final: un joven de águila real (Aquila chrysaetos) se remontaba majestuoso sobre sus dominios. Fue un inmejorable colofón para unos días inolvidables observando rapaces. La reina de las aves desapareció en las alturas, como señalándonos el punto final de nuestras observaciones en aquel viaje. Pero al igual que aquel joven ejemplar, que tanta vida tenía aún por delante, ansiaba ver todo lo que el mundo extendido bajo sus alas podía ofrecerle, así nosotros también deseábamos seguir viendo aves durante muchos años más. A ser posible durante el resto de nuestras vidas.

Porque como dice Dani, tío, ver aves es lo mejor.






Águila real (Aquila chrysaetos)



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