martes, 29 de noviembre de 2016

Crónicas migratorias: 22 y 23 de septiembre

22 de septiembre: tres horas de observación. Y por fin bastantes abejeros. Un grupo de 9, otro de 14 y 2 más hicieron un total de 25 ejemplares. Hubo también golondrinas, y la sorpresa de la jornada por lo poco habitual: 3 grajillas (Corvus monedula). Y globos. De nuevo globos.

Pernis apivorus: 25
Hirundo rustica: 30+


De nuevo debo pedir disculpas por la calidad de las fotos, y como siempre añadiré que me encantan este tipo de imágenes malas, en las que aparecen las aves como solemos verlas realmente en el campo.

Pernis apivorus

Pernis apivorus

Fantasmas entre las nubes

Más fantasmas

También siento debilidad por este tipo de fotos en las que aparecen grupos de rapaces avanzando hacia el sur. Todo un lujo estar en medio de una gran urbe, mirar hacia arriba y contemplar el maravilloso fenómeno de la migración.

Pernis apivorus

Pernis apivorus



- ¿Has visto ese tío con prismáticos?
- Debe ser un ornitólogo.
- ¡Malditos voyeurs!



Ya puedo decir que he visto un cerdo volando. Ahora conseguiré todo aquello que se me prometió en su momento para el día "en que los cerdos volaran".


¿Es Silver Surfer? ¿Un alien? ¿Un signo de interrogación sobre mi cabeza?




23 de septiembre: dos horas y media. ¡Festival de globos! Jornada entretenida, con más abejeros, cernícalos, golondrinas... Y halcones peregrinos locales haciendo cabriolas frente a mí.

Falco tinnunculus: 5
Pernis apivorus: 11
Hirundo rustica: 57+
Delichon urbicum: 1


El halcón peregrino, un auténtico goce de animal. La bala del cielo, el animal más rápido de nuestro planeta, un depredador perfecto contra el que apenas existe defensa alguna.


Tras esa silueta de "pájaro normal volando" se esconde una joya de nuestra fauna. Ver a un peregrino cerrar las alas en las alturas y lanzarse en picado a una velocidad inimaginable es uno de los espectáculos más grandes que nos depara la naturaleza. Y esto puede contemplarse en una ciudad como Barcelona.




El cernícalo vulgar, falcónido más modesto, se cierne para escudriñar el suelo en busca de algún insecto, pequeños roedores o reptiles.

Falco tinnunculus. 


Globos, globos y más globos.





La traca final, llena de amor.


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